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Cuidar o trabajar: la encrucijada que enfrentan las mujeres por las labores domésticas
El trabajo doméstico excluye a las mujeres del mercado laboral y, en caso de que se incorporen, lo hacen en la informalidad; especialistas sugieren considerar los cuidados como un asunto público.

El trabajo doméstico excluye a las mujeres del mercado laboral y, en caso de que se incorporen, lo hacen en la informalidad.
Las mujeres en México enfrentan un dilema a diario: cuidar o trabajar ante la imposición, aún vigente, de que a ellas corresponde el trabajo doméstico y la falta de flexibilidad laboral, advierten especialistas.
“Tienen menos tiempo para dedicarlo a otras actividades económicas, ya sea estudiar o participar en el mercado laboral o incluso descansar o el autocuidado”, asegura Fernanda García, directora de Sociedad del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
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En los últimos 20 años la tasa de participación económica de las mujeres pasó de 41% a 46%, pero aún está lejos del 75% registrado por los hombres, según el Monitor de Mujeres en la Economía del IMCO. La tasa de participación económica promedio de las mujeres de los países de la OCDE es de 67 por ciento.
A 43 años de que se declaró el 22 de julio como el Día Internacional del Trabajo Doméstico para reconocer, visibilizar y valorar el trabajo en el hogar y su relevancia para la economía, hay avances y pendientes.
Por ejemplo, nueve de cada diez personas que dejan el mercado laboral por realizar labores de cuidado no remunerado son mujeres y ellas dedican 58% más tiempo que los hombres, indica el IMCO.
Jalisco y Ciudad de México han incorporado en sus legislaciones medidas para la creación de un sistema de cuidados y a nivel federal el presupuesto de egresos incluyó un apartado para esas tareas.
Las labores de cuidados no remunerados son la principal causa de exclusión del mundo laboral, y afecta a 14.7 millones de personas, de las cuales 95% son mujeres, de acuerdo con datos de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.
La raíz de esta brecha en el acceso, permanencia y crecimiento en el mercado laboral está en el arraigo de la idea de que las mujeres son las cuidadoras y los hombres proveedores, aunque nuevas generaciones comienzan a cuestionar estos estereotipos.
“Eso influye totalmente en las horas que las mujeres pueden destinar al mercado laboral (...) sí se están desafiando estos retos, pero todavía está muy marcado y eso, uno, en la participación, es decir, el hecho de que una mujer decida estar en el mercado laboral o no y dos, el tipo de empleo”, explica Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors.
Informalidad, el refugio
Más de la mitad de las mujeres que participan en la actividad económica tienen un empleo informal con una tasa de 55% frente al 49% de los hombres, una brecha que se mantiene en un nivel similar desde 2005, destaca el IMCO.
“(La informalidad) es donde consiguen flexibilidad a costa de no tener seguridad social y legal, ni contrato (...) una mujer está dispuesta a aceptar un salario relativamente menor siempre y cuando tenga esta flexibilidad para cumplir con sus con sus labores de cuidados”, explica Fátima Masse.
Las especialistas coinciden en que tener que elegir entre trabajar y cuidar tiene implicaciones a nivel individual, económico, empresarial y como país.
En lo individual, limita la libertad de las mujeres al no ser independientes en lo económico.
“Las mujeres acaban dependiendo de otras fuentes para tener ingresos. A nivel del hogar el no contar con doble ingreso implica limitaciones en el desarrollo y la calidad de vida de la familia”, menciona Fernanda García.
Mientras que las empresas pierden personal preparado y que registra menores tasas de rotación, en un contexto de escasez de talento.
“Es un talento que se está desperdiciando y que tiende a estar mejor preparado en lo académico y no se está poniendo al servicio de la economía”, sostiene Fátima Masse.
De acuerdo con el IMCO, al incorporar a 18.6 millones de mujeres a la economía para alcanzar una participación de 67% en 2035, el PIB podría ser 3.7% mayor.
Entre las acciones para eliminar el dilema laboral de las mujeres, las especialistas consideran que se debe actuar desde lo público, el sector privado y desfeminizar los cuidados.
En lo público, destinar mayor presupuesto a las iniciativas de crear sistemas públicos de cuidados. En lo empresarial, abandonar la idea de que contratar a una mujer implica un riesgo, incluir medidas de flexibilidad para balancear los cuidados y el trabajo pero no sólo para las mujeres, sino que abarque también a los hombres.
“El empresariado tiene que empezar a analizar estos pros y contras y quitarse esas ideas que traemos colgando de antaño. Y la flexibilidad laboral para que más mujeres puedan adaptar su realidad al empleo y que eso se extienda a los hombres para romper roles tradicionales de género (...) que ellos también salgan temprano para ir a bañar a los niños”, menciona Masse.
Además, es fundamental que el trabajo de cuidados -desde la limpieza del hogar, alimentación, cuidado de infancias, de adultos mayores, de personas con alguna discapacidad temporal o permanente- se considere un asunto de interés público y no una situación a resolver en lo privado.
“Una de las primeras tareas es cambiar esta conversación donde no es un problema privado y es público cuando tiene implicaciones para la economía, las familias, para el desarrollo, deja de ser un problema privado y se vuelve un problema público”, menciona Fernanda García.



