Lectura 5:00 min
Más mujeres en el mercado laboral en un siglo, con desigualdad de ingresos y condiciones
La participación laboral femenina ha mejorado de la mano de un mayor acceso a la educación, una demanda de mano de obra en el comercio y la industrialización del país. Pero la desigualdad de ingresos y condiciones laborales sigue presente.

Hace 100 años sólo 6% de las mujeres participaban en el mercado laboral, ese panorama ha cambiado mucho. En 2025 la proporción de participación económica femenina alcanzó 46% en México, pero lo que permanece es la desigualdad de condiciones, revela una investigación del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
El estudio Mujeres en la economía: 100 años de datos de la organización destaca el crecimiento de la fuerza laboral femenina en el último siglo, principalmente en la década de 1960 con el proceso de industrialización. En 10 décadas su presencia en el mercado de trabajo creció 7.6 veces.
Te puede interesar
A decir de Fernanda García, directora de Sociedad del IMCO, aunque se trata de un avance importante, la brecha de participación económica con los hombres “aún es distante”.
La investigación muestra que el crecimiento de las mujeres en el mercado laboral ha estado impulsado por un mayor acceso a la educación, la industrialización del país y la crisis de 1994, cuando se demandó su mano de obra en el comercio. Sin embargo, la ausencia de políticas públicas vinculadas con los cuidados ha generado un estancamiento en la participación económica femenina.
“En otros ámbitos, como en la política, en la que sí hay intencionalidad con las cuotas y otras medidas afirmativas, el resultado es completamente distinto. En el mercado laboral no ha sucedido algo similar, no hay una meta de tener más mujeres en un determinado periodo, y tampoco políticas de cuidados articuladas para llegar a ello”, afirma la especialista en entrevista con El Economista.

Evolución de la participación laboral femenina en 100 años.
Mayor participación económica femenina, oportunidades desiguales
El crecimiento de la fuerza laboral femenina tiene una paradoja: más oportunidades en el mundo del trabajo no han estado acompañadas de mejores condiciones laborales. La brecha salarial persistente y la alta proporción en la economía informal evidencian el reto estructural.
La investigación también destaca que en tres décadas la brecha salarial de género se ha reducido de 27% a 13 por ciento. Esto significa que las mujeres aún ganan 13 pesos menos por cada 100 que perciben los hombres.
Esta reducción en la desigualdad de ingresos no ha tenido una línea totalmente descendente; es decir, ha fluctuado en el tiempo. Por ejemplo, entre 1995 y 1996, se presentó la disminución más pronunciada (de 27% a 19%), pero posteriormente hiló dos años con repunte, para cerrar en 23% en 1998.
La informalidad es un sello de la ocupación femenina. En buena medida, este factor se conecta con la desigualdad de ingresos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la tasa de informalidad de las mujeres cerró el 2025 en 55.8%, esto 1.4 puntos porcentuales por arriba del nivel del empleo masculino.
“Las condiciones laborales son un indicador que no sólo se relaciona con una mayor entrada, sino con permanencia y crecimiento, y cuando las mujeres están en una etapa de maternidad, tienden a salirse del mercado laboral o buscar opciones más flexibles, que usualmente las brinda el mercado informal. Pero eso no sólo penaliza los ingresos, hay falta de seguridad social y certidumbre jurídica”, expone Fernanda García.

Brecha salarial en las últimas tres décadas.
Educación mejora el acceso al mercado laboral
A medida que mejoró el acceso a la educación de las mujeres, su participación económica también se elevó. En 1950, sólo 12% de las mujeres contaba con educación superior y la presencia femenina en el mercado laboral era de 13 por ciento.
Para el 2020, el 53% de las mujeres tenía educación superior, y la tasa de participación económica de las mujeres se posicionó en 40 por ciento.
Si bien la formación universitaria ha sido un factor de impulso, aún es baja la presencia femenina en el mundo del trabajo, lo que refleja que el reto no es sólo educativo. “Los avances en la educación no se han traducido en una participación económica equivalente, y las condiciones que enfrentan siguen siendo precarias”, puntualiza Fernanda García.
Además, aunque la educación superior ha facilitado el acceso al mercado laboral, hay una brecha entre el ingreso al empleo y la permanencia y desarrollo de carrera, otros dos desafíos que en muchas ocasiones no se vinculan con las competencias, sino con factores estructurales que limitan el crecimiento profesional.
“Sólo 3% de las direcciones generales son ocupadas por mujeres, y ese sigue siendo el gran reto en México y a nivel global, cómo impulsar las carreras de las mujeres para que tengan un crecimiento profesional y al interior de estas empresas, no sólo que participen sino que puedan llegar más lejos, y eso es parte de una dinámica de mercado que demanda mucha presencialidad y un rezago en la redistribución de la carga de cuidados”, concluye la directora de Sociedad del IMCO.

Evolución de la participación laboral femenina en línea con mayor presencia en la educación superior.



