Luego de que el 2020 estuvo marcado por las caídas de precios y tipos de interés en mínimos, la atención de los especialistas y ciudadanos de a pie se centra ahora en el repunte de la inflación, sí bien las autoridades monetarias en todos los países aseguran que es un fenómeno transitorio, los niveles que se registran en todo el orbe hicieron sonar las alarmas, luego de que Estados Unidos supero el 5%, nivel no visto desde la crisis del 2008.

En la zona del euro, donde la recuperación económica se aprecia ya con cierta intensidad, aunque con menor dinamismo, sigue también una tendencia ascendente, situándose muy cerca del 2% en junio.

Alemania, el corazón industrial y la economía más grande de la zona, caracterizada por su disciplina en la estabilidad de precios, registró en junio una tasa anual de 2.3% y prevé una muy cercana al 3% este año, de acuerdo con estimaciones del Commerzbank. En Reino Unido para ese mismo mes fue de 2.5%, mientras que para España la cifra fue de 2.7% y en Noruega del 2.9 por ciento.

En la región Latinoamericana, Argentina lidera por mucho el aumentó de precios, que en junio llegó al 50.2%, país que presenta gran sensibilidad en el traspaso de precios por la devaluación de su divisa (pass through) y las presiones por la escasez de suministros y otros bienes, obligaron a las autoridades monetarias a mantener una política de tasas de interés para contener el aumento de precios, llevando su tasa de referencia al 38%, nivel aunque descomunal comparado con el nivel de otras economías de la región, deja sin premio a la inversión financiera, más aún el repunte inflacionario castiga a aquellos que quieran apostar por los bonos soberanos de ese país.

En la penúltima semana de junio pasado, en México la autoridad monetaria decidió aumentar los tipos de interés en 25 puntos base, llevándolos al 4.25% a fin de contener el aumento de precios que para junio llegaron al 5.88%, muy encima del objetivo previsto por el Banco de México, tasa que en términos reales, es decir, una vez descontada la inflación la mandó a terreno negativo, dejando sin un estímulo a los grandes flujos de capital que buscan un refugio seguro para pasar la crisis.

La inflación global continuó aumentando por presiones en los precios de diversas materias primas, el efecto de la base de comparación, toda vez que fue a mitad del año anterior cuando se vivieron los efectos más notorios de la parálisis de la planta productiva y en los servicios, también hay que tomar en cuenta las presiones de costos por cuellos de botella en la producción, presiones en el mercado laboral y mayores costos de transporte.

En la mayoría de las economías, la inflación se encuentra por encima de los objetivos de sus respectivos bancos centrales.

En Estados Unidos, la inflación anual de junio la mayor desde septiembre de 2008, refleja las presiones provenientes de la recuperación de la demanda ante los cuantiosos estímulos fiscales, lo que derivó en que durante la última decisión de política monetaria de la Reserva Federal se incrementaran los pronósticos de inflación, crecimiento económico y las expectativas para la tasa de fondos federales, que en términos reales en junio fue de -4.98%, nivel históricamente bajo, inferior a los de Brasil (-3.78%), Chile (-2.94) y México con -1.54 por ciento.

En el caso de México, la inflación sigue reflejando los efectos de la pandemia. Las presiones inflacionarias están asociadas al efecto de una baja base de comparación, por ejemplo, los precios de los energéticos, la recomposición del gasto que generó incrementos en las tarifas de los servicios de telefonía móvil e internet, también están los incrementos en los precios internacionales de las materias primas, como trigo, maíz y soya, cuyas cotizaciones en el mercado de futuros alcanzan cotizaciones no vistas en por lo menos una década.

La recuperación en el nivel de la inflación está lejos de ser alcanzada, diversos sectores productivos permanecen por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia, el empleo sigue por debajo del nivel previo a la crisis sanitaria.

Sin embargo, algunos indicadores anticipan que la recuperación se encamina a ser la más acelerada desde la segunda guerra mundial, aunque debe considerarse el riesgo de que continúen presentándose disrupciones en las cadenas productivas por la variante Delta del coronavirus.

luis.caballero@eleconomista.mx