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¿Deudas buenas o malas? Por qué esta forma de ver tus finanzas podría estar limitándote
La mayoría de las personas cree que endeudarse siempre es malo, cuando en realidad depende del objetivo del crédito y la capacidad de pago de quien lo solicita.
Existen deudas que te permiten generar patrimonio, son las buenas, las malas sólo te endeudan y no representaron una mejora en tu vida.
¿Qué se te viene a la mente cuando mencionan la palabra “deuda”? Posiblemente sea relacionado con algo negativo, como haber perdido la estabilidad económica y tener una carga. Pero no siempre es así, también puede ser una oportunidad para mejorar la situación financiera o calidad de vida.
¿Existen deudas buenas y malas? Los expertos señalan que sí, pero con sus matices. A continuación, te compartimos de qué depende que un crédito pueda impulsarte económicamente, o comprometer tu estabilidad.
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¿Qué convierte a una deuda en una buena o mala decisión?
Para Elizabeth Mondragón Velázquez, asesora financiera, conviene distinguir el tipo de deuda o crédito de la siguiente forma:
Una deuda “buena” será aquella que, a mediano o largo plazo, va a traer una especie de retorno económico, o mejorará la situación financiera de quien la adquiere.
Por ejemplo, un crédito educativo para estudiar una maestría. Aunque representa una obligación financiera de años, el objetivo con ella esa acceder a educación que le abrirá las puertas a mejores empleos e ingresos. En ese sentido, haber adquirido esa deuda va a ser mucho más redituable que no haberla tenido.
Por el contrario, la deuda “mala” es la que no traerá ningún retorno de inversión. La especialista puso como ejemplo pedir un crédito para un auto que no aportará a nada más que tenerlo, sino por mero lujo.
Sin embargo, para María José Codesal Arriaga, coach financiera, esta distinción resulta muy limitante y puede desalentar a usar el crédito.
"No hay deudas buenas o malas; hay deudas que funcionan y hay deudas que no funcionan", dice la coach financiera, quien busca enfocarse más en la función que tienen los créditos en la vida de las personas y en la capacidad de pago de los solicitantes.
Por ejemplo, un crédito hipotecario permite habitar una vivienda antes de terminar de pagarla, lo mismo cuando se compran otros bienes duraderos que comienzan a utilizarse desde el primer día.
"Cuando construyes patrimonio a través de una deuda, vamos a ver si funciona o no funciona. Si la puedes sostener en el tiempo y cumplir tus compromisos, es una deuda que te funcionó y además te trajo beneficios", explicó.
La deuda se vuelve problemática cuando los pagos comienzan a absorber una parte importante del ingreso y genera dificultades para cubrir otros gastos cotidianos.
"Si esa deuda te está metiendo en líos, es una deuda que dejó de funcionar o que desde el principio fue una decisión poco consciente”, agregó.
Mondragón Velázquez también reconoce que la deuda de consumo depende del uso que se le dé. Volviendo al ejemplo del auto, si se emplea para acceder a un empleo mejor remunerado, la cosa cambia. Incluso, usar la tarjeta de crédito para gastos más simples también beneficia.
"Tener deuda, hasta cierto punto, es bueno porque mantienes un historial crediticio", comentó. Mantener antecedentes con pagos responsables puede facilitar el acceso a mejores condiciones de financiamiento en el futuro, como pedir un préstamo hipotecario o para un negocio.
Quienes nunca han utilizado un producto de crédito suelen enfrentar mayores dificultades para obtener financiamiento formal o negociar las condiciones.
"Si nunca has tenido una sola deuda, es mucho más complejo que te den un crédito formal y, si te lo dan, seguramente será con una tasa de interés mucho mayor."
¿Cuánto del ingreso se puede destinar a deudas?
Más allá del fin que tendrá el crédito, ambas especialistas insisten que cualquier deuda deja de ser saludable cuando supera la capacidad de pago de la persona. Como regla general, suele recomendarse que no rebase el 30% de los ingresos mensuales.
"Si las deudas ya representan más del 30% de tus ingresos, estás cayendo en un nivel de sobreendeudamiento", compartió Elizabeth Mondragón.
No obstante, ese porcentaje no debe tomarse como una fórmula rígida. Codesal Arriaga, incluso, eleva el porcentaje a 40% o más, siempre y cuando no afecte los gastos indispensables como la vivienda, alimentación o educación.
Por ello, antes de pensar en un porcentaje exacto, recomienda observar si el crédito permite el equilibrio entre las obligaciones financieras y el resto del presupuesto.
Las preguntas necesarias antes de contratar un crédito
"Hay gente que le tiene tanto miedo al producto financiero que no vive y se pierde de un montón de cosas en el camino", compartió María José Codesal. Para ella, adquirir un crédito no debería centrarse en si es bueno o malo, sino en si encaja en el proyecto de vida, si puede sostenerse económicamente y cómo le permitirá mejorar su bienestar.
Con ese mismo ánimo, ambas expertas proponen realizar las siguientes preguntas antes de endeudarse con un crédito:
- ¿Este crédito me acerca a un objetivo financiero o de vida, o sólo resuelve un deseo inmediato?
- ¿Me traerá un beneficio real?
- ¿Podré mantener el pago sin comprometer mis gastos esenciales?
- ¿Este crédito me impulsa o me ancla?