Debemos aprender a explorar todas las opciones y posibilidades que se nos presentan en un mundo complejo y cambiante.

J. William Fullbright, político estadounidense.

En las condiciones económicas y financieras actuales, me viene a la mente una frase que se atribuye al presidente Harry Truman, quien demandó: ¡Denme un economista manco! , quejándose de que cada vez que consultaba algo con un economista, le respondían que por un lado (o en ingles, on one hand) la opción adecuada era X, pero por la otra (on the other) era Y, siendo con frecuencia opciones contrarias. Su deseo era que le presentaran una sola visión a partir de la cual pudiera tomar una ruta una ruta de acción específica.

Hoy, tratándose tanto de inversionistas institucionales como de inversionistas individuales, o de decisiones que involucren tratar de entender y vaticinar el futuro de corto o largo plazo del entorno económico y financiero, estamos en un momento en el que con frecuencia los economistas o los analistas financieros no sólo no son mancos, sino que en muchas ocasiones son casi ciempiés.

Si escuchamos por ejemplo los pronósticos sobre el efecto de corto plazo que puede tener la subida de tasas de interés en Estados Unidos, escucharemos opiniones que en principio convergen en algunos aspectos, pero que pueden tener extremos que difieren radicalmente en detales o implicaciones posteriores del evento. Lo mismo ocurre respecto de los pronósticos del comportamiento de corto plazo del tipo de cambio, una vez ocurrida el alza de tasas.

El problema es que la mayoría de las personas que escuchan estas opiniones puede enfrentar la posibilidad de diversos escenarios, todos igualmente complejos. Y cada uno, con las decisiones asociadas que sobre ellos se tomen, implica riesgos potenciales diferentes para los inversionistas.

El problema de no enfocarse a una sola cosa

Ante la divergencia de escenarios, también pueden optar por una solución intermedia que, al tratar de conciliar posiciones dispares, termine por no atender ninguno de los escenarios posibles, afectando sus decisiones financieras.

En esencia, los pronósticos económicos y financieros enfrenan un proceso que se parece a los pronósticos del clima, que en teoría del caos se conoce como comportamientos estocásticos de sistemas deterministas . El nombre, que aparenta ser sumamente complejo, encierra un planteamiento relativamente simple. En términos teóricos, científicos o técnicos, frecuentemente podemos conocer la forma en que se comportan ciertas variables e incluso predecir su tendencia, dirección y duración. Sin embargo, cuando enfrentamos simultáneamente múltiples condiciones, aunque todas individualmente predecibles, al interactuar unas con otras, el número de combinaciones posibles de resultados y las formas en que mutuamente se refuerzan o se cancelan unas con otras impide generar pronósticos acertados sobre el resultado final.

A ello se suma el hecho de que muchos de los supuestos técnicos que explicarían el comportamiento de variables como las tasas de interés o el tipo de cambio, no reconocen claramente la influencia que tiene la conducta concreta de las personas. Después de todo, no se habla de manera exclusiva de entes amorfos y racionales en los mercados financieros, sino de personas tomando decisiones con base en percepciones que presentan sesgos que condicionan sus decisiones.

Por ello, tratándose de decisiones financieras individuales, existen algunas recomendaciones como: analizar los escenarios probables y sus implicaciones simplificando sus ramificaciones. Si se incluyen supuestos de varios escenarios, que estos sean congruentes entre sí. Y entender el razonamiento fundamental de cada posibilidad para ver si tienen sentido.

Tratándose por ejemplo de la Bolsa de Valores, si hiciéramos una revisión rápida de las propuestas de los analistas al iniciar el año, es poco probable que alguno previera que a la fecha la Bolsa se encontraría en una situación de pérdida respecto del inicio del año (por lo menos en cuanto a su índice se refiere).

Sobre todo, lo fundamental es entender las implicaciones de cada escenario en función de la naturaleza y condiciones de cada inversionista. A qué plazo deseo maximizar mi inversión, para qué destinaré esos recursos y qué nivel de riesgo (y de fluctuación y volatilidad) estoy dispuesto a enfrentar y soportar.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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