La ciudad de Tapachula, Chiapas, así como el sistema de atención a solicitantes de refugio en México, están siendo colapsados por una avalancha de migrantes haitianos provenientes, principalmente de Brasil y Chile, a donde inicialmente llegaron en busca de trabajo, pero, al complicarse su plan de migración, decidieron emprender el viaje hacia Estados Unidos, aunque sólo pudieron llegar hasta la frontera sur mexicana, donde son contenidos por el gobierno.

De acuerdo con las leyes migratorias, los ciudadanos haitianos detenidos en Chiapas no reúnen las características para considerarse refugiados; sin embargo, no pueden ser deportados a su país, porque es considerado un Estado fallido, por la severa situación política por la que atraviesa y porque no recibe repatriados.

El problema es que se está generando una bomba de tiempo, ante las tensiones entre los habitantes de la ciudad y los migrantes, quienes se ven obligados a permanecer ahí, pues si la abandonan, caen en la situación legal de abandono del proceso de adjudicación de refugio.

Lo lamentable, es que viven en condiciones de alta marginación e insalubridad, debido a que son personas que no cuentan con recursos económicos, ni trabajo. Decenas lleva varios meses en esas condiciones y, en el mejor de los casos, deben esperar hasta principios del año siguiente para recibir alguna respuesta a su solicitud.

Wilner Metelus, presidente del Comité Ciudadano en Defensa de los Naturalizados Afromexicanos (CCDNAM), expuso que la historia de estas oleadas de migrantes haitianos se remonta a 2010, cuando ocurrió el terremoto de 7.0 grados en Haití, en el que más de 316,000 personas murieron, 1.5 millones quedaron sin hogar y más de 350,000 resultaron heridas. 

En ese tiempo, miles de haitianos decidieron emigrar a Brasil atraídos por la demanda de mano de obra, principalmente para construir los estadios que luego se utilizaron en el mundial de Futbol de 2014.

Los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva, primero y luego el de Dilma Rousseff, alentaron la llegada de haitianos a su territorio.

La salida hacia Brasil fue un camino natural para los haitianos, después de que, desde 2004, Brasil asumió el control de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah, luego de que el país cayó en caos tras la dimisión del presidente Jean Bertrand Aristide.

Metelus, quien además es un internacionalista originario de Haití naturalizado mexicano, explicó que, al igual que Lula y Rousseff, los gobiernos encabezados por Hugo Chávez, en Venezuela, Evo Morales, en Bolivia y Michelle Bachelet en Chile, abrieron las puertas de sus países como una forma de agradecimiento a los antiguos haitianos que lucharon con Simón Bolívar por la independencia de países del sur del continente.

Algunos cálculos señalan que Brasil habría recibido más de 180,000 migrantes haitianos, Chile más de 100,000; Venezuela, 50,000; Bolivia 25,000 y Ecuador más de 20,000. Paralelamente Estados Unidos había concedido facilidades para que los haitianos ingresaran a su territorio. En 2014 la diáspora haitiana se calculó en dos millones de personas, tanto a Europa y América.

Señales desde Estados Unidos y México motivan desplazamientos

Con la salida de Dilma Rousseff de la presidencia de Brasil, en 2016, concluyeron los apoyos sociales a los migrantes haitianos, lo cual ocasionó la salida de decenas de ellos con la intención de llegar a Estados Unidos antes de las elecciones presidenciales celebradas el 8 de noviembre de ese año, con el fin de ingresar antes de que llegara Donald Trump a la presidencia, lo que ocurrió en enero de 2017.

Es por ello que, en 2016, llegó a la frontera sur de México un primer grupo de haitianos. Eran alrededor de 500, lo cual fue un escándalo en Tapachula, particularmente por motivos racistas: eran negros que, además no hablaban español.

De acuerdo con el activista Metelus, el presidente Enrique Peña Nieto tenía información de que llegarían muchos más haitianos porque el presidente Barack Obama lo alertó.

El gobierno mexicano les otorgó visas por 20 días para que cruzaran el país y así llegaran hasta la frontera con Estados Unidos, cruzaron por Tijuana y terminó la historia.

Esa noticia motivó a miles de haitianos asentados en Sudamérica a ponerse en camino hacia el norte y comenzaron a llegar a la frontera sur mexicana.

Hasta antes de noviembre de 2016, Estados Unidos dejó entrar a más de 300. No obstante, decidió cerrar la puerta.

Con la llegada del presidente Trump a la presidencia estadounidense, el gobierno endureció su política migratoria y ocasionó que los haitianos comenzaran a quedar varados en México. 

Muchos de ellos se instalaron en Tijuana, Mexicali y en, en menor medida, en algunos municipios fronterizos de Tamaulipas. Se calcula que en la frontera norte hay alrededor de 7,000 haitianos. La amplia mayoría en Baja California.

En 2018, la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México generó nuevamente expectativas entre los haitianos en el camino debido a sus pronunciamientos en el sentido de que aquí se les trataría bien a los migrantes.

Ello, aunado a que en los primeros cuatro meses de gobierno concedió más de 22,000 visas humanitarias a migrantes varados en la frontera sur, motivó que vinieran más. 

Pero la situación dio un vuelco. En junio de 2019, el gobierno mexicano pactó con el gobierno del presidente Trump para contener a los migrantes en México a cambio de que no le impusieran aranceles en sectores económicos específicos.

Eso generó la concentración de haitianos y migrantes de otras nacionalidades en Tapachula. Actualmente se calcula que hay alrededor de 30,000 haitianos varados en aquella ciudad chiapaneca, donde la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) se ha visto rebasada ante la altísima demanda de refugio.

Con la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos, en enero de 2021, pactó con el presidente López Obrador. En esta ocasión, destacó Wilner Metelus, el trato fue vacunas para México a cambio de seguir conteniendo a los migrantes.

El problema es que los haitianos, como los demás migrantes varados en Tapachula han comenzado a desesperarse y decidido salir con la intención de buscar empleo en algún estado del centro o norte del país. Saben que es prácticamente imposible ingresar a Estados Unidos.

Metelus denunció que los haitianos son más discriminados que los demás migrantes por el color de su piel. Dijo que “Tapachula se ha convertido en un infierno” por las precarias condiciones en las que se encuentran, los abusos de que son objeto por parte de las autoridades y de los traficantes de indocumentados, que son los únicos que han salido ganando de esa tragedia. Además, llamó la atención sobre el silencio de la sociedad mexicana ante esa situación.

Será un año récord en la recepción de solicitudes de refugio

La situación descrita por Wilner Metelus coincide con las cifras reportadas por la Comar, según las cuales, la avalancha de migrantes haitianos en Tapachula se ha incrementado considerablemente en los últimos meses. 

Según sus estadísticas, en enero de 2021 representaban 9.95% de los solicitantes de refugio en el sur del país. En febrero la cifra se incrementó a 10.24%; en marzo pasó a 17.77%; en abril a 32.54%; en mayo, 47.21%; junio, 32.7%; julio, 43% y en agosto subió a 63.17 por ciento.

Tapachula se ha convertido en una verdadera torre de Babel. Este año se han registrado migrantes procedentes de 73 países, aunque más de 95% son originarios de seis naciones.

Al observar los registros, llama la atención que durante los últimos ocho años los hondureños eran los que encabezaban la lista de migrantes que arribaban a Tapachula; sin embargo, a partir del año pasado, la llegada de haitianos se ha incrementado considerablemente. Actualmente son el segundo grupo más grande, pero también son el que se ha incrementado considerablemente más que cualquier otro. Hoy el triple de los que llegaron el año pasado.

Andrés Ramírez, titular de la Comar, precisó que entre 2013 y 2018 el número de solicitantes de refugio haitianos fue 614, para 2019 la cifra llegó a 5,539; en 2020 se registraron 5,957 y desde enero a agosto de 2021 fueron 18,883.

“Este aumento está colapsando el sistema de asilo en Tapachula”.

Y es que México vive la cuarta oleada de refugiados de diferentes países de manera sostenida desde 2013, cuando se registraron 1,296 solicitudes de refugio. En 2019 la cifra se incrementó a 70,423; en 2020 bajó a 41,155 y, de enero a agosto de 2021, van 77,559 solicitantes (10% de todo 2019) y se espera que para diciembre la cifra supere los 110,000, lo cual será un récor.

Es necesario un programa emergente para enfrentar el problema: Dolores París Pombo

La investigadora del Departamento de Estudios Culturales del Colegio de la Frontera Norte, Dolores París Pombo, expuso que lo que ocurre en Tapachula es una crisis humanitaria y se debe abordar como tal, es decir, haciendo un programa emergente para atender a los migrantes haitianos varados en ese lugar.

Lo que hace falta, dijo, es el diseño e implementación de una política pública para atender a los migrantes, pues en la medida que crece la crisis, queda de manifiesto la incapacidad del gobierno.

En su opinión, es sorprendente que el gobierno mexicano no haya dado una respuesta humanitaria ante la situación insostenible que impera en Tapachula, que es una ciudad totalmente rebasada por el número de migrantes que ahí se encuentran.

Expuso que México ha llegado al absurdo de expulsar a muchos haitianos a Guatemala, donde evidentemente lo que hacen es volver a meterse a territorio mexicano.

Dado la emergencia humanitaria que hay, consideró París Pombo, lo que se debe hacer es implementar un programa emergente de visas humanitarias, independientemente del tipo de migración que se trate.

Recordó que la ley de migración mexicana contempla una serie de figuras, incluidas las que aplican cuando los migrantes tienen las características que hoy reúnen los haitianos.

Expuso que, si bien el trámite para la otorgación de la visa humanitaria es tardado, se les podría otorgar formas migratorias múltiples, por lo menos para que tengan un documento de estancia legal en el país, con el que se puedan trasladar a otras entidades, donde haya condiciones para recibirlos. Incluso eso no sólo debería aplicar a todos los que están varados en Chiapas.

Llaman a gobierno mexicano a respetar derechos humanos

Alejandra Macías, directora de la organización civil Asylum Access México, denunció que el personal, tanto de la Guardia Nacional (GN) como del Instituto Nacional de Migración (INM), han recurrido al uso excesivo de la violencia, para contener a los migrantes, tanto los haitianos, como los de otras nacionalidades que en las últimas semanas han querido desplazarse hacia el norte del país.

Dijo que la falta de respuesta de las autoridades, los meses de espera de su trámite ante la Comar y ante la imposibilidad de satisfacer sus necesidades elementales en Tapachula han decidido salir en caravana.

En su opinión, lo grave es que el gobierno mexicano ha reaccionado únicamente con una política de represión y violación masiva a los derechos humanos para contenerlos en Chiapas.

Denunció que incluso, han sido deportadas a Guatemala personas que tiene un documento que ampara que están dentro de un proceso de solicitud de refugio.

Recalcó que el gobierno mexicano no está dando respuesta a los flujos migratorios. “Es nula porque está violando los derechos de las personas en condición de vulnerabilidad”. 

Afirmó que la misma ley de migración establece que las personas que estén en una situación de vulnerabilidad o que sean solicitantes de asilo pueden tener un documento de estancia por razones humanitarias, que les permite el tránsito por el país, incluso entrada y salida.

Deben diversificarse las respuestas de atención, dice Giovanni Lepri

El representante en México de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Giovanni Lepri destacó que, debido a que la mayoría de los haitianos que llegan a México no califican para que se les otorgue asilo o refugio, no es una opción viable canalizar sus peticiones de atención a la Comar, sin embargo, esa dependencia tiene la obligación de iniciar el trámite de todos los que lo solicitan.

Ante esa situación, y sumado a que Haití no está recibiendo repatriados, para Lepri la solución es buscar una fórmula de regulación migratoria distinta al asilo, como permisos de trabajo temporal.

Recordó que eso ya lo hizo México con los haitianos que llegaron en 2016 y que formaron La pequeña Haití en Tijuana.

El funcionario del organismo internacional mencionó que eso preservaría el sistema de asilo, que en estos momentos está a punto de colapsar.

“Es importante diversificar los procedimientos de atención a los migrantes y agilizar los procesos, para que las personas tengan que esperar menos tiempo en las ciudades en donde inician su trámite y se puedan desplazar a otras ciudades”.

Recordó que ACNUR tiene un programa de reubicación de migrantes refugiados, pero para ello los extranjeros necesitan tener su documento de reconocimiento como refugiado o permiso de tránsito. “Los trasladamos a otros lugares del país donde las posibilidades de integración son muchos mayores”.

Dijo que podría extenderse el programa para atender a personas con otro estatus migratorio pero debe ser estudiado y, en su caso, ejecutarse de manera coordinada con las autoridades mexicanas y a nivel regional.

Reconoció que México ha hecho mucho para atender el problema, pero destacó que la situación ha escalado lo que hace necesario incrementar recursos, pero, sobre todo diversificar las estrategias para atender a las personas según sus necesidades particulares. 

Mientras eso sucede en Tapachula, en las salidas hacia el norte los migrantes se multiplican ante la vigilancia intolerante de la Guardia Nacional y los agentes de Migración en cacería.

Y pese a ello, alrededor de 30,000 haitianos más están en camino desde Sudamérica hacia México, una buena parte varados en las fronteras de Colombia, Panamá, Costa Rica y Nicaragua. Buscan sumarse a entre 120,000 y 140,000 migrantes de diferentes nacionalidades varados en Chiapas, cuya solidaridad y paciencia está puesta a prueba.

diego.badillo@eleconomista.mx