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La autoconstrucción de vivienda enfrenta debilidad financiera desde las tiendas de materiales
Se estima que ocho de cada 10 actores que abastecen o asesoran la autoconstrucción habitacional operan con recursos propios o con apoyos informales

Foto: EE: J.F. De Anda C.
Para que una familia pueda autoconstruir su vivienda se activa una amplia cadena de valor; sin embargo, uno de sus principales eslabones —las casas de materiales y empresas especializadas en servicios técnicos— enfrenta limitaciones de financiamiento que pueden poner en riesgo la continuidad de los proyectos.
De acuerdo con un análisis de Hábitat para la Humanidad, elaborado a través de su laboratorio Centro Terwilliger de Innovación en Vivienda (CTIV), ocho de cada 10 actores que abastecen, construyen o asesoran procesos de vivienda progresiva operan con recursos propios o con apoyos informales.
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La participación de tiendas de materiales, pequeños comercios, talleres, cuadrillas de obra y servicios de asistencia técnica es clave en el ecosistema de la edificación de vivienda por etapas, un sector que representa 62.8% del parque habitacional del país y genera 55.6% del Producto Interno Bruto (PIB) del sector construcción.
MiPymes sin financiamiento formal
El estudio del CTIV, con base en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, identificó que en los sectores que sostienen la construcción progresiva el acceso al crédito es limitado. Apenas 16.8% del comercio al por mayor, donde operan numerosas casas de materiales, cuenta con financiamiento.
La proporción disminuye aún más en el comercio minorista, con 11.9%, y en los servicios técnicos, con apenas 8.7 por ciento del total.
Ante este escenario, muchas Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPymes) operan con capital propio, apoyos familiares o fuentes informales de financiamiento. Este esquema permite sostener la actividad cotidiana, pero limita la capacidad de planear inversiones, ampliar operaciones o enfrentar imprevistos.
Esta condición también incide en la disponibilidad de materiales de construcción y servicios, y a largo plazo puede comprometer su permanencia en las comunidades que dependen de ellas.
Alejandro Callejas Linares, director de proyectos en GIZ, explicó que resulta necesario analizar la cadena de valor asociada a la autoconstrucción de vivienda desde una perspectiva financiera distinta, debido a que su permanencia en el mercado es fundamental para que las familias logren formar su patrimonio.
“El periodo de vida de una empresa de este tipo es de uno a tres años en México. Posteriormente, mueren. El quinto año suele ser el punto más crítico; el problema aparece cuando se requiere dinero en los momentos clave de la empresa”, explicó.
Barreras en el mercado
El acceso al crédito representa uno de los principales obstáculos en el sector de autoproducción de vivienda. Cuando estas MiPymes solicitan financiamiento suelen enfrentar rechazos relacionados con ingresos insuficientes o irregulares, falta de historial crediticio, ausencia de garantías y documentación incompleta.
Si bien estas empresas generan una proporción relevante del empleo nacional, sus ingresos variables y esquemas de operación suelen ser poco compatibles con los criterios tradicionales del sistema financiero.
“Respecto a las MiPymes, se estima que más del 40% no realiza previsiones financieras anuales ni cuenta con un sistema de contabilidad adecuado; la mayoría trabaja con papel y pluma, lo que dificulta que un banco otorgue crédito”, afirmó Callejas.
Vías con potencial
Para Pablo Pérez Akaki, profesor e investigador del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, persiste además una falta de información sobre el mercado de la autoconstrucción, un elemento clave para el desarrollo de instrumentos financieros dirigidos a este segmento.
“Hay una ausencia de información respecto al mercado de la autoconstrucción. Para los mercados financieros eso es muy importante; el desconocimiento es hoy una de las limitantes más importantes”, dijo.
Hacia adelante, los especialistas identifican alternativas financieras como emisiones de bonos verdes, azules o sociales, instrumentos que podrían canalizar capital hacia las MiPymes de la construcción mediante créditos y contribuir a atender la demanda de vivienda. “Muchos de estos instrumentos son impulsados por la banca de desarrollo.
También el sector privado impulsa este tipo de instrumentos de inversión para vincularlos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Bajo esta lógica, se trata de empezar a innovar para canalizar recursos hacia el financiamiento de la autoconstrucción”, destacó Pérez.





