Una ciudad inteligente es una ciudad que se conduce a través de información, y en la cual sus líderes y ciudadanos tienen una comprensión cada vez más sofisticada de las condiciones en sus áreas de influencia, incluido el sistema de transporte urbano. En el pasado los gobiernos hacían uso de cuestionarios y encuestas para hacer un mapa con las necesidades de los usuarios. Ahora, los líderes pueden conectar los puntos acerca de las personas, lugares y necesidades utilizando una amplia gama de información proveniente del Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés), inteligencia artificial y otras tecnologías digitales. Con dicha información pueden obtener un panorama más preciso, en un marco de tiempo mucho más corto y a un menor costo para desarrollar diagnósticos más precisos y tomar decisiones informadas.

Sin embargo, los líderes todavía deben recopilar los datos correctos, plantear las preguntas indicadas y concentrarse en la dirección hacia la cual deberían dirigirse las ciudades del mañana, diseñando e implementando una visión y estrategia a largo plazo para el futuro de la movilidad. En conversaciones con líderes de transporte en todo el mundo, hemos observado lo fácil que es ignorar, malinterpretar o sesgar dichos datos para que se ajusten a una narrativa preexistente.

El transporte desempeña un papel esencial en la prosperidad económica sustentable de una ciudad. Resulta fácil enamorarse de la variedad de tecnologías emergentes que ingresan al mercado. Los medios relativamente nuevos, como el uso compartido de bicicletas y los scooters eléctricos junto con las nuevas formas de entender y conectar los activos existentes a través de sensores y análisis de datos, ofrecen una gran promesa para las ciudades. Los líderes deben de ser cuidadosos de no perseguir ciegamente la magia de la última tecnología a expensas de obtener el fundamento correcto.

Aun cuando casi todos los aspectos de nuestras vidas se vuelven cada vez más digitales y mediados por dispositivos electrónicos, la movilidad en su núcleo sigue siendo la base en el mundo físico. A nivel mundial, el gasto necesario en infraestructura ya no está cumpliendo con las demandas básicas de mantenimiento, y el déficit acumulativo de dólares en 2040, de acuerdo al Hub de Inversión Global, del G20.

En la medida en que las ciudades crecen y se expanden y los costos de vivienda aumentan, muchas familias jóvenes no tienen más remedio que mudarse a los alrededores y trasladarse a la ciudad para trabajar. Con demasiada frecuencia, queda claro que la única opción viable de desplazamiento en conducir; sin una autoridad única o una coordinación estrecha entre las diversas autoridades, el transporte público puede ser demasiado complejo y lento de utilizar. Por otro lado, conducir autos privados aumenta la congestión, la contaminación y los problemas de estacionamiento, sin mencionar la carga financiera que representa para las personas. En algunos casos, las personas encuentran que los costos más bajos asociados con una mudanza fuera del núcleo de la ciudad se compensan con los costos de propiedad del automóvil o boletos de viaje costosos. Los gobiernos de la ciudad harían bien en trabajar de la mano de las regiones circundantes para solucionar dicho problema lo más pronto posible.

Frecuentemente, los sistemas de transporte se planifican, integran y administran desde la perspectiva del operador. La integración con el ciudadano es una ocurrencia tardía. Dicho enfoque resulta cada vez más insostenible debido a que el aumento de los datos ha contribuido al aumento de los viajes enfocados en el cliente, el cual, a menudo compite con el servicio público. Las ciudades deberán trabajar arduamente para que el sistema público sea más conveniente y fácil de usar si se desea realmente satisfacer la necesidad de los pasajeros.

Finalmente, los números sugieren que más que cualquier otro indicador, los niveles bajos de integración se correlacionan con una baja preparación para enfrentar la movilidad del futuro. Crear un transporte urbano sin fisuras exige una unidad de propósito y una capacidad para actuar a través de diferentes medios y jurisdicciones.

Sin embargo, las ciudades que dependen en gran medida de los vehículos personales deben explorar formas de optimizar su uso. Por ejemplo, al aumentar la propiedad privada mediante el uso compartido de vehículos y viajes compartidos, tal vez como parte de una solución multimodal integrada, puede ser posible mantener la proporción de autos – personas bajo control, o incluso reducirla. Y los coches a menudo son la opción alternativa cuando el problema de la primera/última milla no está resuelto. Nuestra investigación sugiere que, si llegar al transporte público es un problema, la gente se subirá a sus propios autos y no bajarán hasta llegar a su destino. Crear soluciones convenientes y asequibles para el comienzo y final de un viaje (compartir bicicletas, transbordes dinámicos que se ajusten a la demanda de las rutas, y el transporte por carretera e interurbano, idealmente integrado a través de una oferta completa de movilidad como servicio), puede ayudar a reducir la dependencia de los vehículos personales.

Manuel Nieblas es Socio Líder de la Industria de Manufactura de Deloitte México.