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¿Por qué ver los partidos de futbol en el trabajo es una buena idea? Así funciona el cerebro
La respuesta a por qué una estrategia para permitir seguir el Mundial en el trabajo mejora el clima laboral comienza en el cerebro y lo que sucede en él antes, durante y después de un partido.

La respuesta a por qué una estrategia para permitir seguir el Mundial en el trabajo mejora el clima laboral comienza en el cerebro y lo que sucede en él antes, durante y después de un partido.
Las “pausas mundialistas” para ver un partido futbol en el trabajo van más allá de una convivencia y son una oportunidad para incrementar el compromiso de los trabajadores y su bienestar si se basan en una estrategia basada en la química del cerebro.
“Si la empresa aprovecha y hace una estrategia para sumar el Mundial (al espacio laboral) va a tener un impacto positivo en su clima de trabajo, un incremento de compromiso, disminución de tensiones, mayor colaboración y un alza de la motivación”, explica Erika Villavicencio-Ayub, directora de la firma DserOrganizacional para Latam.
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La respuesta a por qué ver un partido mejora el clima laboral comienza en el cerebro y lo que sucede en él durante los 90 minutos de un partido e incluso antes y después, menciona Villavicencio, investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM.
“Cuando las organizaciones comprenden cómo funciona el cerebro humano y cómo se construyen los vínculos sociales, van a tener la clave para que este Mundial sea algo mucho más que ver los partidos y sean un insumo para mejorar el compromiso laboral, la cohesión, el trabajo en equipo, la salud”, asegura Villavicencio.
Partidos del Mundial estimulan en el cerebro las zonas del placer y el bienestar
El cerebro humano vive un partido de futbol como una “experiencia muy intensa” desde lo emocional, social y la identidad.
“Mientras estamos viendo el partido se activan regiones cerebrales relacionadas con procesos como el emocional, la recompensa, la atención, la anticipación”, describe Villavicencio.
El cerebro reacciona antes, durante y después del partido. Saber que va a jugar México o el equipo favorito genera un efecto psicológico llamado anticipación positiva.
En esa fase, se genera dopamina que provoca motivación, entusiasmo y desde antes del silbatazo inicial la experiencia es placentera. Un fenómeno que se percibe, por ejemplo, en el Metro con decenas de personas rumbo al trabajo con las playeras de México, botanas y una sonrisa por el partido que verán en la oficina.
Después viene la liberación de endorfinas cuando se canta, se grita, se brinca lo que se traduce en euforia colectiva lo que aumenta la energía y se reduce el estrés temporalmente, algo tan necesario en México, que es el tercer país con más estrés en el mundo.
Con el cerebro hecho una fiesta, la autoestima mejora, se crea una cohesión social pues la Selección Mexicana se convierte en una “representación simbólica de nosotros”, explica Villavicencio, presidenta del Consejo Académico Nacional del Colegio Nacional de Psicología Clínica para el Trabajo (CONAPSIT).
Si las empresas restringen o prohiben las “pausas mundialistas” para seguir el Mundial, advierte, además de perderse los beneficios que da un equipo motivado, es más probable que halla errores, baja en la productividad y desánimo pues la atención de los trabajadores se divirá entre el partido y el trabajo.
"No se puede actuar como como si el mundial no existiera. Las empresas que intentan prohibir cualquier flexibilidad para seguir este evento van a generar más resistencia con sus empleados", advierte Fernanda Paéz Peral, Senior Director de LHH México.
Además, añade, se genera un presentismo improductivo pues la atención de los colaboradores está en el partido, hay menor velocidad en las respuestas sobre asuntos laborales, reuniones con baja atención.
La inauguración del Mundial en el Estadio Ciudad de México provocó una caída de 13% en la asistencia al trabajo, principalmente por solicitudes de vacaciones sólo ese jueves, pues los trabajadores optaron por verla en familia, con amigos o bien cuidar a sus hijos por la suspensión de clases esa jornada, según datos de Worky.
Una política prohibicionista se vivirá en el entorno laboral como falta de empatía del empleador, un castigo, represión a la expresión, con frustración, que, en suma deterioran el clima laboral. "No es la solución. Se eleva el error y baja la productividad”, advierte Villavicencio.
Por el contrario, integrar una estrategia clara de cuándo y cómo seguir la Copa del Mundo genera un impacto directo, positivo y a bajo costo en la empatía, la cooperación, la confianza grupal, el sentido de pertenencia, en la salud mental, el clima laboral que puede ser la base para implementar otras estrategias que mantengan este efecto mundialsta.
Así, estos beneficios resuelven el dilema de los empleadores sobre si permitir ver o no el Mundial en el trabajo.
Líderes, los directores técnicos en la cancha laboral para aprovechar el Mundial
Los líderes de las organizaciones son clave, así como los directores técnicos en la cancha, para diseñar la estrategia de “pausas mundialistas” para que el equipo levante la copa de beneficios que el ver un partido juntos, destaca Villavicencio.
“Hay ciertas acciones que desde los niveles de liderazgo se pueden gestionar como institucionalizar las pausas mundialistas como habilitar espacios comunes para proyectar los partidos más relevantes”, sugiere.
El líder del equipo debe “tener un termostato emocional” para medir el impacto de un partido en la oficina, incluir a quienes no gustan del futbol y a quienes, por sus labores, es imposible que participen en las dinámicas grupales.
“Si todo esto se hace alineado con temas de bienestar psicosocial, obviamente esto lo podemos ver como una estrategia que va a reducir las consecuencias negativas de no permitir seguir el Mundial en el trabajo”, asegura Villavicencio.



