Las mujeres constituyen el único grupo vulnerable que no es minoría en México. A diferencia de otros grupos que tienden a ser discriminados —como la comunidad LGBTTTI, los jóvenes, los ancianos, los indígenas y las personas con discapacidad—, la población femenina no representa a un grupo pequeño o aislado. Las mujeres representan poco más de la mitad de la población total en el país y son el grupo más discriminado en términos de la estructura social.

De acuerdo con un estudio sobre discriminación en contra de las mujeres del Conapred (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) con cifras de la (Encuesta Nacional sobre Discriminación) Enadis, la discriminación de género produce brechas importantes especialmente en los ámbitos educativo y laboral. La problemática más grande es que generalmente la discriminación hacia las mujeres se combina con otros tipos de discriminación producidos por otras características sociales, económicas o culturales en las mujeres. 

La discriminación estructural, profundiza las disparidades en la medida en la que las mujeres son morenas, indígenas, pobres, homosexuales o viven con alguna discapacidad física o mental.

De todas estas combinaciones, el grupo más desfavorecido dentro de la sociedad mexicana es el de las mujeres indígenas: sólo el 12% alcanzó al menos un grado de educación superior, este porcentaje escala hasta el 30% si se consideran las mujeres no indígenas.

La diferencia en puntos del porcentaje entre hombres y mujeres indígenas con educación superior es de 14 puntos. Esta brecha se modera a sólo un punto para la población no indígena, de acuerdo con datos de la Enadis 2017 (Encuesta Nacional sobre Discriminación).

Del total de mujeres adultas en el país, el 44% considera que sus derechos se respetan poco o nada. Pero si se analiza exclusivamente a las mujeres indígenas esta proporción asciende al 50 por ciento.

Las mujeres mexicanas declaran que las principales problemáticas a la que se enfrentan como grupo discriminado son la inseguridad y la violencia misógina; las mujeres indígenas afirman que sus principales problemas son la falta de empleo y la falta de recursos económicos para cubrir sus necesidades básicas.

En el ámbito laboral las diferencias también son perceptibles. Del total de población femenina indígena el 58% se dedica exclusivamente a las labores domésticas no remuneradas; para la población femenina total la cifra se reduce a 36 por ciento.

Estas cifras reflejan la importancia de la perspectiva de género en las políticas sociales que combaten la desigualdad social y la discriminación. Las mujeres son discriminadas por ser mujeres y cuando simultáneamente pertenecen a un segundo grupo vulnerable esta brecha de desigualdades se amplía.

¿Por qué persiste la violencia y discriminación contra las mujeres?

El estudio realizado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) enfatiza que la existencia de los altos índices de desigualdad de género y violencia contra las mujeres se desprende principalmente de los estereotipos sociales, su normalización y su reproducción.

“Las ideas preconcebidas de lo que es o debe ser un hombre y una mujer (…) marcan importantes aspectos de la vida de las personas, al limitar las oportunidades para el acceso y disfrute de derechos, como el trabajo, la educación, la participación en la vida política y social, el disfrute de tiempo libre y recreación, así como el derecho a vivir una vida libre de violencia”, resalta el estudio.

Estos prejuicios que segregan e imposibilitan a las mujeres del goce efectivo de sus derechos afectan su entorno social pero también sus posibilidades económicas respecto de los hombres en todos los grupos sociales. Las mujeres presentan mayores índices de pobreza, jornadas laborales más largas, menores niveles de contribución social, ingresos más bajos y menos representatividad en los puestos directivos y cargan con más del 90% de las actividades domésticas y de cuidados aun las mujeres que trabajan fuera de casa.

La brecha de género empata con la persistencia de estereotipos en México. Algunas cifras que lo evidencian son:

  • 23 de cada 100 hombres aseguran que las mujeres deben ayudar más que los hombres en los quehaceres del hogar.
  • 19 de cada 100 hombres está en desacuerdo con que las leyes laborales permitan que el padre y la madre permanezcan el mismo tiempo con el recién nacido.
  • 18 de cada 100 hombres piensan que las mujeres que fueron violadas sexualmente son responsables de ello.
  • 15 de cada 100 hombres están en desacuerdo con que haya el mismo número de mujeres como de hombres como candidatos en elecciones del país.

En México desde el 2012 la igualdad de género se instaló como un eje transversal de la política pública. También se fundó en 2001 el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) con el objetivo de erradicar la violencia contra niñas y mujeres, así como garantizar su participación igualitaria en la vida política, social, cultural y económica del país. 

Pese a los esfuerzos realizados desde la legislación por igualar las condiciones entre mujeres y hombres el camino hacia la igualdad aún es largo, especialmente en los ámbitos educativo y laboral. El analfabetismo afecta a 7% de las mujeres contra el 4% de los hombres. Las mujeres dedican poco más del doble de tiempo a las labores domésticas y de los puestos directivos sólo 26% los ocupan las mujeres. 

kg