Cinco mujeres cineastas indígenas cerraron con más de tres horas de conversación la segunda y última jornada de la primera edición del Foro Cineastas indígenas Mexicanas: Identidad y nuevas narrativas, impulsado por Marina Stavenhagen, en la 17a edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

El conversatorio, en el Teatro José Rubén Romero de la capital Michoacana, que llevó el título “La perspectiva de género; equidad y paridad. La mirada de las mujeres indígenas”, fue moderado por la también cineasta Christiane Burkhard, con aportaciones de Zenaida Pérez, coordinadora del Programa mujeres Indígenas del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir.

Con esta finalidad, se convocó a las directoras Ingrid Eunice Fabián, zapoteca, responsable de la cinta Gente de mar y viento; Yolanda Cruz, chatina, hacedora de tres cortometrajes de ficción y siete documentales, entre ellos, Reencuentros: 2501 Migrantes; Luna Marán, zapoteca, directora de dos ficciones y la ópera prima documental Tío Yim; María Sojob, tzotzil, quien presenta su primer largometraje documental Tote_Abuelo, e Iris Villalpando, yoreme, responsable del primer trabajo documental hablado en yoremnokki que se realiza en Sinaloa, y del proyecto YOLEM JAMMUT Mujer Yoreme.

El tiempo no dio tregua. El tiempo apremió, pero se acordó que este foro es el mejor pretexto para abrir espacios que den voz a las cineastas indígenas con perspectiva de género y con la diversidad como estandarte, no sólo en este festival, sino en los distintos espacios de esta índole en el país.

Luchas generacionales

Como parte del primer bloque, las cineastas compartieron el camino de cada una para llegar a la producción fílmica. Se hizo énfasis en la pluralidad de los pueblos indígenas por sobre el pensamiento homogeneizado de los mismos. Las ponentes coincidieron en que este foro es producto de un proceso transgeneracional, una lucha de reivindicación de las mujeres indígenas de las distintas regiones del país.

“Todas y todos los que hemos hecho video o cine en las comunidades lo habíamos hecho a partir de una necesidad de comunicar lo que está sucediendo dentro, pero no teníamos ni idea de lo que era un documental, una película de ficción o un festival de cine. Ahí empezó el interés. Y aquí, hace 10 años, en esta sala, vine por primera vez a un festival de cine”, compartió María Sojob.

Por su parte, Luna Marán compartió que creció en un entorno en el que había una apropiación de los medios de comunicación y de defender lo propio de su comunidad.

“Soy el resultado de esos pasos que han dado otras mujeres en la construcción de la apropiación de los medios para los pueblos indígenas (...) Conocí el miedo a salir a la calle hasta que salí de mi pueblo, porque ahí el último asesinato fue hace 24 años. Ese miedo lo sentí cuando empecé a vivir en Guadalajara. Ha sido muy fuerte dimensionar la violencia que está afuera”, relató.

Zenaida Pérez contribuyó: “Cuando decimos que nos parece importante que las mujeres lleguen a los espacios públicos, de toma de decisión, nos esperanzamos de que cuando estén ahí abran más oportunidades para otras mujeres, que promuevan estos otros espacios y otras posibilidades”.

Para cambiar la discriminación

Christiane Burkhard instó a las participantes a abonar en la razón de por qué generar narrativas y estrategias propias que las cineastas encuentran para no perpetuar la discriminación e, incluso, “el folclorismo, que es otra manera, supuestamente más sutil, pero igual de violenta, en el imaginario mediáctico”.

María Sojob compartió que este proceso discriminatorio es sistemático, en el sentido en el que todos los integrantes de pueblos indígenas no comprenden la concepción de lo indígena sino hasta que salen de sus comunidades. En ese tenor, opinó que, comos espectadores, nos hemos acostumbrado a ver pueblos sometidos y sumisos.

“Lo vemos todavía en estos encuadres en los que quieren grabar los ‘pies sucios’ del personaje, ‘la majestuosidad de los trajes’, en un proceso bastante folclorizador”.

Luna Marán, a su vez, refirió que, proveniente de una educación comunitaria en su pueblo, le impactó ubicarse en una formación audiovisual institucional en la que, incluso, le dijeron: “es que las mujeres de tu película no sufren, no lloran”.

Lamentó que en la industria cinematográfica la violencia laboral sea parte de los usos y costumbres. En cambio, abogó por una manera de hacer cine de manera colectiva.

Finalmente, Zenaida Pérez enfatizó que, “sea cine o ficción, se construye un imaginario, y eso es lo que queremos que cambie: que ese imaginario muestre a personas diversas, independientemente de su color u origen, porque hay muchas posibilidades de ser indígenas, de ser joven y de ser mujeres (...) porque se sigue creyendo que la diversidad es eso que te genera desventaja, que no haya desarrollo. Una se imagina a los economistas o tecnócratas que diseñan el desarrollo de un país, y los pueblos indígenas ahí no estamos”.

El foro cerró con un planteamiento de las panelistas hacia el público: “¿Desde el privilegio, como cineastas no indígenas, qué creen que les corresponda hacer para que la cinematografía tenga espacio para la diversidad?”.

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