Un mayor grado académico de las mujeres aumenta la probabilidad de ser víctima de discriminación, descalificaciones, maltratos, acoso o violencia sexual. La diferencia entre la probabilidad de ser víctimas de violencia laboral del grupo de mujeres más estudiadas y el de mujeres sin escolaridad es casi del doble. 

Las mujeres sin estudios son las menos violentadas laboralmente, de acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La pirámide de la violencia laboral contra las mujeres por su nivel académico es así:

  • Sin estudios: 18%
  • Con primaria: 20%
  • Con secundaria: 27%
  • Con preparatoria: 28%
  • Con licenciatura y posgrados: 33%

Las mujeres que tienen una licenciatura o algún posgrado son desproporcionalmente más víctimas de prácticas discriminatorias, en comparación con las mujeres que tienen niveles académicos menores. En los rubros de violencia emocional, física y sexual la proporción de mujeres que es víctima es similar, sin importar su nivel de escolaridad.

Dentro del grupo de mujeres que no concluyeron ningún grado académico, 12 de cada 100 han sido discriminadas por su género alguna vez en la vida, mientras que para el grupo de las que tienen como mínimo un título universitario la proporción es de 25 de cada 100, esto es poco más del doble.

Mujeres jóvenes, las más afectadas

Las mujeres que tienen entre 25 y 34 años conforman el grupo más violentado en términos laborales. De las mujeres en esta edad el 29% afirmó que ha sido víctima al menos una vez de algún tipo de discriminación, maltrato, descalificaciones o acoso. El grupo de mujeres de 65 años o más es el que presenta el nivel más bajo de violencia laboral con el 13% de mujeres víctimas.

Este grupo, el más vulnerable a la violación de los derechos laborales, empata con altos niveles de discriminación ligados a la maternidad. La edad reproductiva de las mujeres es el periodo en el que alcanzan los niveles más altos de rezago en comparación con sus iguales hombres y en el que la brecha salarial toca su punto máximo.

 

La proporción de mujeres con licenciatura o más que trabaja en ocupaciones poco calificadas incrementa de manera importante cuando están en edad reproductiva y disminuye hasta que las mujeres cumplen 50 años o más.

El 44% de las mujeres profesionistas de 20 a 39 años ocupa puestos de bajo rango, para las mujeres mayores de 50 años se reduce a 33% y para las mayores de 60 años cae hasta 13%, de acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Más alto el puesto, más discriminación

Dentro de los rubros que contempla el Inegi como violencia laboral el que prevalece mayoritariamente en el grupo de mujeres con altos niveles académicos es el de la discriminación, que puede estar ligada a la maternidad o a otras cuestiones de género.

Se expresa con prácticas como pedir una prueba de embarazo a las mujeres antes de contratarlas o subirlas de puesto, despedirlas si se embarazan, no pagarles lo mismo que a sus iguales hombres, descalificar su trabajo por su género o ponerles obstáculos para ascender. En México al menos tres de cada 10 mujeres han experimentado alguna de estas situaciones.

1.    Las mujeres con estudios tienen menos oportunidades que sus iguales hombres para ascender de puesto. Esta es la práctica discriminatoria más común que sufren: 1 de cada 10 mujeres con licenciatura o posgrado ha pasado por esto al menos una vez en su vida.

2.    La segunda situación más común es que reciben menos paga por realizar el mismo trabajo que sus iguales hombres, 9% de las mujeres ha sido víctima de esta práctica.

Otras formas de discriminación que persisten en el mercado laboral mexicano son:

  • Reservar tareas específicas para los hombres
  • Dar menos prestaciones a una mujer en comparación con su igual hombre
  • Decirles a las mujeres que no son adecuadas para ciertas tareas por su género
  • Limitar el desarrollo profesional de las mujeres en beneficio de sus iguales hombres
  • No contratarlas o despedirlas por su estado civil o por ser madres

La discriminación en contra de las mujeres se profundiza entre mayor es el nivel educativo que tienen, y, por tanto, entre más alto es el puesto al que buscan acceder. Y todas las mujeres, sin importar sus estudios son acosadas, desvalorizadas o maltratadas por igual.

 

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