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Síndrome de los acumuladores: El sesgo mental que le cuesta miles de pesos a los mexicanos
En México, el síndrome de los acumuladores afecta a 2.5 millones de personas, saturando no solo hogares, sino también presupuestos.
La acumulación de cosas afecta las finanzas personales y la salud mental.
En México, cerca de 2.5 millones de personas padecen el síndrome de los acumuladores compulsivos, de acuerdo con cifras oficiales. Este padecimiento no sólo satura los espacios físicos, también destruye las finanzas personales debido a los costos de almacenamiento, compras duplicadas y deudas por tarjetas de crédito.
Este trastorno se caracteriza por la dificultad persistente de deshacerse de objetos, sin importar su valor real. Zulema Andrade, economista conductual, explica que el valor de un objeto no depende únicamente de su precio o de su utilidad actual.
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“También influye mucho la relación emocional que desarrollamos con él. Uno de los conceptos más relevantes que la economía de comportamiento puede aportar para entender este fenómeno es el efecto dotación, estudiado por Richard Thaler”.
Andrade agrega que las personas tendemos a valorar mucho más aquello que ya poseemos, simplemente por el hecho de que es nuestro: “En quienes tienen tendencias acumuladoras, este efecto puede intensificarse porque los objetos dejan de ser sólo cosas y pasan a representar recuerdos, identidad o una sensación de seguridad”.
Ahí es donde aparece la aversión a la pérdida. El hecho de perder una posibilidad futura (pensar que el objeto pueda funcionar después) o el desprenderse de algo ligado a la identidad, se percibe mentalmente como perder una parte de uno mismo.
¿Por qué acumulamos deudas al acumular objetos?
Las personas con tendencias acumuladoras no necesariamente dejan de presupuestar, pero sí pueden clasificar sus compras de una manera distinta, señala Andrade.
“Un concepto útil para entender esto es la contabilidad mental, que es la tendencia a organizar el dinero en categorías subjetivas que no siempre coinciden con la realidad financiera”.
Por ejemplo, en este caso una compra puede registrarse mentalmente como una "decisión prudente" en lugar de un gasto. Frases como "lo necesitaré algún día" o "estaba en oferta" funcionan como justificaciones que hacen que la adquisición parezca racional, incluso cuando no existe una necesidad inmediata.
Asimismo, Richard Thaler describe un fenómeno relacionado llamado utilidad de transacción. Básicamente, muchas veces no compramos por la utilidad real del objeto, sino por la satisfacción de sentir que obtuvimos un buen trato. En estos escenarios, el descuento se percibe como una ganancia y el gasto real pasa a un segundo plano, activando problemas de autocontrol.
La satisfacción inmediata de adquirir algo termina pesando más que el plan financiero original y la mente encuentra formas de validar esa decisión. Además, solemos subestimar los costos de conservar lo que compramos. Cuando vemos una oferta, consideramos el precio, pero rara vez el espacio, el tiempo, la atención y las decisiones que implican almacenar y mantener objetos que quizás nunca utilicemos.
En ese sentido, lo que parece un ahorro se convierte en un costo invisible.
Plan de Acción: Cómo romper el sesgo de la acumulación
Zulema Andrade aclara que cuando existe un trastorno de acumulación que afecta de forma significativa la vida cotidiana, los pequeños cambios en el entorno serán insuficientes y generalmente es necesaria la ayuda profesional de un terapeuta.
Sin embargo, para quienes tienden a comprar de más, hacer compras impulsivas, guardar cosas "por si acaso" o les cuesta trabajo desprenderse de los objetos, la economía del comportamiento ofrece herramientas prácticas para mejorar las conductas como:
Aumenta la fricción digital: Elimina las tarjetas bancarias guardadas en las aplicaciones de compra. Obligarte a levantarte y buscar la tarjeta física rompe el piloto automático.
¿Tienes dudas? Escribe a sonia.soto@eleconomista.mx