Amazon está matando el negocio de Walmart. Y ahora vamos a descubrir quién va a matar el negocio de Citibank”, dijo Vicente Quesada, como preámbulo a la película de un crimen. 

El argumento de esta película de Quesada predice la muerte de la banca tal y como la conocemos. La tecnología y las innovaciones financieras harán obsoletos los costosos y entumecidos procesos de las instituciones bancarias tradicionales. Sólo algunas -too big to fail- podrán sobrevivir al fenómeno mundialmente conocido como fintech.        

La historia de Quesada parte de su libro When Tech Meets Finance: Una hoja de ruta para la transformación de la banca digital (2017). En él, el inversionista, empresario y profesor universitario retoma un artículo publicado en 2016 en el que vaticinó que los bancos perderían la mitad de su negocio en los próximos cinco años, una predicción que fue el centro de su presentación durante la Fintech Party organizada por Hyperblock, el Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera del Tec de Monterrey, .      

Esta caída de la banca se debe a la llamada transformación digital, la cual está definida por un cambio en la curva de innovación, según Quesada, quien hasta hace unos años era director de Inversiones de Alto Rendimiento en Santander Investments en Londres y que ahora es un activo emprendedor que ha invertido y fundado más de 20 proyectos en España, Estados Unidos y América Latina; además de profesor en la Egade Business School del Tecnológico de Monterrey.  

La tecnología y la inmediatez que ésta provee hicieron que la curva de innovación se modificara de manera tal que ahora hay que esperar muy poco tiempo para colocar un producto en el mercado, lo mismo que hacer que el capital de riesgo (Venture Capital) se interese por él.       

“Antes, cuando iniciabas tu negocio, los activos eran muy poco líquidos y tenías que esperar mucho tiempo a que el capital de riesgo te comprase. Lo que antes era un problema, es decir la inversión inicial, ahora es una ventaja y esta ventaja está dada por la liquidez que ofrecen los activos digitales, en los que se puede invertir aunque el activo esté en Singapur. Eso le ha dado al mercado una liquidez que nunca ha tenido”, dijo Quesada.  

Velocidad y liquidez es el binomio con el que las fintech competirán con las instituciones bancarias tradicionales. Siguiendo a Quesada, aunado a estas armas de las fintech, la banca también caerá por su propio peso.

“Un banco de 200,000 empleados tiene un poder económico similar al de muchos países de Latinoamérica. Eso quiere decir que tienen una burocracia como la de un gobierno. ¿Ustedes se imaginan a un gobierno innovando como Google?”, dijo Quesada.      

La respuesta dista mucho de ser alentadora. De acuerdo con Quesada, a escala mundial, 60% de los clientes quiere que una startup haga la labor de los bancos; 75% prefiere los servicios financieros de Google, de Amazon, de PayPal; uno de cada tres está listo para cambiarse de banco en los próximos 30 días y siete de cada 10 prefiere ir al dentista antes que escuchar un mensaje de su banco.

La banca hace tres cosas: tomar dinero, prestar dinero y dar servicio como medio de pago. Para realizar estas funciones, los bancos requieren de sucursales y de la autorización del banco central para abrir cuentas corrientes. Con estos dos elementos, el banco ofrece créditos, préstamos, seguros, inversiones, pensiones y banca privada.   

De acuerdo con Quesada, este modelo ha funcionado con lo que se conoce como negocios intersubsidiados. Es decir que un cliente abre una cuenta bancaria a los 18 años de forma gratuita y el banco espera que siga siendo su cliente hasta la edad avanzada, lo que genera la rentabilidad. Hipoteca, inversiones, pensión. Lo que el banco perdía cuando el cliente llegaba, lo recuperaba a lo largo de la vida del cliente.

“Ahora el cliente no quiere ir a una oficina, lo que quiere es que le identifiquen con el móvil y hacer todo a través del móvil. El móvil es ahora la oficina bancaria y esa oficina ya no es de los bancos, es de Apple, Google y Amazon y por eso esas empresas valen tanto en Bolsa”, dijo.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx