Los migrantes que buscan un mejor futuro afrontan diversas adversidades y riesgos en su intento de un futuro mejor. No obstante, las mujeres afrontan peligros adicionales que los hombres no. Mujeres migrantes contaron a El Economista sus historias de cómo llegaron a México a costa de la violencia de la que han sido víctimas.

Uno de estos casos es el de Ingrid Esther Miranda Martínez, de origen hondureño, quien llegó a México huyendo de su país porque fue violentada físicamente.

“Ese fue el motivo que me indujo a salir de mi país, de lo contrario no iba a emigrar a otro país extranjero”.

Narra que trabajaba en el Programa Educativo para Lugares Aledaños (Proeco) de su país.

“Me mandaron a un lugar remoto, pues de eso se trata el programa, donde hay personas miembros de cosas ilícitas. Llegaron armados al centro educativo, como si fueran a una guerra, a un combate, me encontraba con los niños y trataron de violarme. Gracias a Dios llegaron padres de familia y no pasó a mayores.

“Ya después sufrí una persecución cuando iba camino a mi trabajo, gracias a Dios estoy con vida pero tuve lesiones, me fracturaron el brazo, las piernas y decidí salir de mi país por ese motivo”.

Comenta que las autoridades hondureñas, cuando quiso presentar la denuncia correspondiente le pidieron identificar a sus agresores en el centro educativo con nombres y aportar el número de placas del vehículo en que viajaban sus segundos atacantes porque sin esa información no podrían levantar la denuncia.

“Yo no podía mencionar nombres porque mi vida corría peligro’’.

Todo eso sucedió el 22 de septiembre pasado.

“Decidí salir porque no me ayudaron en mi propio país”.

Hoy está en trámites para pedir asilo al gobierno de México.

Su mensaje a las mujeres es “que no se queden calladas, que busquen ayuda y se acerquen a personas que las puedan ayudar de verdad. Muchas veces cuando acudimos a las autoridades no nos ayudan, pero hay otras entidades que sí ofrecen ayudarnos”.

Esther llegó el 4 de noviembre. Entró a Tapachula, Chiapas, por Guatemala. Su recorrido fue vía terrestre. Piensa quedarse en México, si regulariza su situación migratoria, y así poder conseguir trabajo. A Honduras ya no piensa regresar.

Sin apoyo

Norma Madrid es médica internista venezolana de 49 años. Salió de su país porque tuvo una relación sentimental de 10 años con el mexicano Horacio Albarrán Méndez, de quien ya se divorció, hace cuatro años, porque la golpeaba.

La última vez que la violentó, narra Norma, su cara tuvo graves hematomas. Han pasado tres años desde que solicitó asilo en México. Desde entonces, dice, las autoridades le han puesto muchas trabas. Ahora buscará ayuda en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Por las agresiones físicas de su exesposo presentó tres denuncias por violencia intrafamiliar ante la Fiscalía de Procesos de Juzgados Familiares de la Ciudad de México, pero no avanzan, lamenta.

“La fiscalía nunca hizo nada y el que era mi esposo se burlaba de las autoridades mexicanas y me decía ‘venezolana arrimada, aquí no van a hacer nada, tú no conoces las leyes de mi país, el gobierno de México no hace nada por eso aquí matan a diario 12 mujeres porque aquí a los hombres no nos hacen nada; nos defienden’”.

Ni la directora de la institución ni el subdirector, a quien rogó hacer algo por ella porque su exesposo la amenazaba de muerte con una pistola, hicieron algo por defenderla.

“Cuando salí de ahí les dije ‘no importa, seré una más de la lista, pero qué lamentable que se comporten de esa forma’”.

Considera que la situación que viven las mujeres en México es gravísima ya que “las cuatro veces que ha ido a la fiscalía a denunciar, las mujeres con dinero llegan con escoltas y de noche a poner denuncias. Es una situación de pandemia la violencia contra las mujeres. Es demasiado grave lo que se ve. Más de 50 mujeres ponen denuncias diariamente por el maltrato de los hombres”, dice.

A las autoridades mexicanas Norma les pide “tomar cartas en el asunto y empiece con una campaña de educación porque el problema en México no es que los hombres sean machistas, sino que los hombres son mal educados por sus madres (...) Qué lamentable que nosotras las mujeres fomentemos tanta violencia en un hombre para que los hombres de este país sean como son”.

Hoy está en trámites para obtener una visa por razones humanitarias y poder gestionar su residencia.

Robos en el camino

Rosa Angélica Calderón Osorio, de origen venezolano, de 27 años, relata que si bien no fue agredida físicamente en su trayecto hacia México, sí fue víctima de robo en Colombia.

“Me quitaron dinero saliendo de Venezuela hacia Colombia. Íbamos por tierra. En ese trayecto nos pararon unas personas, nos amedrentaron y de manera obligada tuvimos que darles dinero para pasar a Colombia”.

Salió de su país “porque no hay medicinas, no hay comida, hay mucha violencia, no podemos salir a protestar porque nos golpean, a algunos los mata el gobierno venezolano.

“Mis planes son quedarme aquí a estudiar y trabajar. Quiero estudiar Derecho”, afirma.

Mientras esté el gobierno de Nicolás Maduro, sentencia, no regresará a Venezuela.

Su mensaje a las mujeres mexicanas es “que se cuiden y sean muy fuertes para poder enfrentar la violencia contra la mujer. Y si sufren violencia, que denuncien, que no se queden calladas”.

El gobierno mexicano, dice, debe “apoyar a las mujeres dándoles mejor seguridad”.

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