Pese a los esfuerzos por controlar la pandemia, no sólo las zonas urbanas están en niveles críticos de contagios, el virus alcanzó también a gran parte de las regiones rurales de México. Al cierre del 2020 el 84.6% de los municipios indígenas registró presencia del Covid-19.

En la data histórica recopilada por el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) se observa que, a diferencia de las grandes ciudades, que son un foco rojo constante desde que inició la pandemia; las zonas indígenas siguen una tendencia inestable de contagios. Durante los primeros meses con el nuevo virus en el país los municipios indígenas permanecieron relativamente limpios, para mitad del 2020 ya se presentaban los primeros casos y al corte del último día del 2020 ya casi todos estos municipios habían registrado al menos un caso.

Al corte del fin de año el municipio indígena que presentó mayor presencia de coronavirus fue Valladolid, Yucatán que suma 2,038 casos acumulados, adicionalmente, éste es la única localidad indígena que tiene más de 20 casos activos. Al 31 de diciembre del 2020 este municipio al sureste mexicano registraba 32 enfermos confirmados de Covid-19.

Por su parte, el municipio que presentó más casos fatales de la enfermedad fue Xalapa, Veracruz, donde 113 personas fallecieron a causa de complicaciones por el virus.

La pandemia no sólo arribó a las grandes ciudades ni a las regiones de mayor poder adquisitivo, también atacó a las regiones pobres y muy pobres del país. En México hay 2,465 municipios; el virus llegó a 362 de estos, que presentan algún grado de pobreza extrema. También alcanzó a 949 municipios con familias que viven con pobreza moderada.

Sólo 159 municipios en todo el país se han salvado del virus, la mayoría se encuentra en zonas de alta marginación en Oaxaca. Las razones por las que el Covid-19 no ha alcanzado a estas comunidades es porque se encuentran aisladas, desde antes de la pandemia, literalmente. Gran parte de estos municipios libres de contagios están en zonas montañosas, de baja densidad poblacional y con acceso limitado a carreteras pavimentadas y otros servicios básicos.

El problema del Covid-19 fuera de la ciudad

Las complicaciones del Covid-19 en las regiones marginadas no se limitan sólo a las deficiencias del sistema público de salud o el acceso de la población a estos servicios, sino en las condiciones de vida de la población misma.

Casi la totalidad de las zonas indígenas presenta niveles altos de pobreza, rezago educativo, carencias en los servicios básicos del hogar e ingresos bajos. La combinación de estos factores también intensifica la problemática. Muchos de los casos positivos de Covid-19 en las grandes ciudades o en hogares pertenecientes a los deciles más altos pueden tratarse en sus propios hogares, con detecciones tempranas, tratamientos adecuados y cuadros de síntomas leves. En las comunidades marginadas, incluso el agua es insuficiente, es de baja calidad, los medicamentos son escasos y aunque existiera disponibilidad la mayor parte de los infectados no podría pagarlos.

La nueva ola de contagios en muchas zonas del país provocó nuevas restricciones a la movilidad decretadas por las autoridades. Este nuevo confinamiento, el inicio de la campaña de vacunación y las condiciones particulares de las regiones indígenas permitieron una relajación de la propagación. Actualmente, gran parte de estas comunidades ya mantienen niveles bajos de casos activos.

Adicionalmente, estas comunidades se mantienen a la expectativa después de que el gobierno federal anunciara que una vez vacunado todo el personal médico de primera línea, serán los adultos mayores de regiones marginadas los primeros en recibir la protección contra el virus.

ana.garcia@eleconomista.mx