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Opinión

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55% de informalidad: el riesgo estructural que normalizamos

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Maribel Núñez Mora F. | Columna Invitada

Maribel Núñez Mora F.

El dato volvió a ocupar titulares esta semana:

más del 55% de la población ocupada en México trabaja en condiciones de informalidad.

Pero la cifra, por sí sola, no es el problema.

Es el síntoma.

En un entorno de desaceleración económica y presión inflacionaria, este porcentaje no solo refleja precariedad laboral. Refleja fragilidad estructural.

Y el riesgo más profundo no es la informalidad en sí misma.

Es haberla normalizado.

Más ocupación, menos protección

Los datos recientes muestran una paradoja inquietante:

mientras la ocupación total crece, el número de patrones registrados ante el IMSS ha disminuido.

Es decir, hay más personas trabajando, pero menos empleadores formales.

Eso implica:

  • Más autoempleo por necesidad.
  • Más negocios sin registro patronal.
  • Más trabajadores sin acceso a seguridad social.
  • La informalidad laboral no es solo no pagar impuestos.

    Es no cotizar para el retiro.

    Es no tener cobertura médica institucional.

    Es no contar con protección ante incapacidad o riesgo de trabajo.

    Es trabajar sin red.

    Y cuando más de la mitad del mercado laboral opera así, la vulnerabilidad deja de ser individual. Se vuelve sistémica.

    El impacto fiscal que pocos discuten

    La informalidad laboral también tiene consecuencias macroeconómicas.

    Sin trabajadores registrados no hay aportaciones tripartitas.

    Sin patrones formales no hay contribuciones al sistema de seguridad social.

    Eso reduce la base de financiamiento público y presiona las finanzas del Estado.

    Menos aportaciones hoy implican mayor presión fiscal mañana.

    Mayor carga para quienes sí están formalizados.

    Menor margen presupuestal en momentos donde la desaceleración exige capacidad de respuesta.

    La informalidad no solo precariza al trabajador.

    Debilita al país.

    Pero hay otra informalidad más silenciosa

    Reducir el problema al ámbito fiscal sería incompleto.

    Existe una informalidad que no aparece en las estadísticas oficiales: la informalidad estructural.

    Negocios registrados ante el SAT que no conocen su margen real.

    Profesionales que facturan, pero no distinguen ingreso de utilidad.

    Emprendimientos con empleados, pero sin planeación financiera anual.

    Patrones formales que operan mes a mes sin provisión para impuestos, aguinaldos o contingencias.

    En papel son formales.

    En operación son frágiles.

    Facturar no es sinónimo de estructura.

    Registrar un negocio no equivale a tener diseño financiero.

    Y esa informalidad interna limita la productividad tanto como la evasión fiscal.

    Economía en modo supervivencia

    Cuando una economía opera con alta informalidad laboral y empresarial, entra en modo supervivencia.

    Se trabaja para cubrir el mes.

    Se contrata sin prestaciones para reducir costo inmediato.

    Se invierte poco porque no hay colchón.

    Se evita crecer porque el margen es incierto.

    Crecer en ocupación sin crecer en formalidad no es expansión.

    Es redistribución de precariedad.

    La economía se mueve.

    Pero no necesariamente progresa.

    Sin seguridad social, el trabajador no puede asumir riesgos calculados.

    Sin estructura financiera, el negocio no puede escalar.

    Sin planeación, el emprendimiento no construye patrimonio.

    La normalización de la fragilidad

    Lo más preocupante no es el número 55%.

    Es la aceptación implícita de que así funciona el sistema.

    Cuando la informalidad se vuelve costumbre, la vulnerabilidad deja de ser accidente y se convierte en diseño.

    Se normaliza contratar sin registrar.

    Se normaliza no cotizar.

    Se normaliza operar sin separar cuentas.

    Se normaliza no proyectar flujo anual.

    Se normaliza la improvisación.

    Pero en un entorno inflacionario y de menor dinamismo económico, la improvisación se convierte en riesgo real.

    La economía incierta no castiga la iniciativa.

    Castiga la falta de estructura.

    El verdadero riesgo

    Durante años se ha repetido que emprender es arriesgado.

    Pero en el contexto actual, el riesgo no está en emprender.

    Está en hacerlo sin red, sin diseño y sin previsión.

    Un país puede tener millones de emprendedores.

    Pero si la mayoría opera sin seguridad social, sin registro patronal o sin estructura financiera sólida, el crecimiento será frágil.

    La estructura no es burocracia innecesaria.

    Es defensa.

    Defensa ante la inflación.

    Defensa ante la desaceleración.

    Defensa ante la incertidumbre.

    Formalizar no es solo darse de alta.

    Es entender márgenes.

    Es provisionar impuestos.

    Es registrar empleados.

    Es construir fondo de emergencia.

    Es proyectar escenarios.

    Es pasar de sobrevivir a diseñar.

    Porque en una economía incierta, la estabilidad no se improvisa.

    Se construye.

    En tiempos inciertos, la estructura no es lujo.

    Es defensa.

    La pregunta no es si México puede crecer con 55% de informalidad.

    La pregunta es cuánto riesgo estructural estamos dispuestos a seguir normalizando.

    Si esta reflexión le resulta cercana en su práctica profesional, puede escribirme a elpoderdelriesgo@gmail.com

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    Maribel Núñez Mora F.

    Abogada de formación y maestra en administración de negocios y mercadotecnia.

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