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El golpe fue en dos tiempos

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Los delfines duermen a medias, de la irrealidad de sobrevivir, de la conciencia de la muerte. Marta Jiménez Serrano
Nos vamos quedando solos, con nuestros pecados y sus penitencias en pausa, con las angustias propias de una economía de salvamentos, arañando quizá la ociosidad, en el sustento de las causas que se van perdiendo y las batallas no asistidas, porque el final está más cercano que ayer y menos distante en el pensamiento diario.
Estamos ante escenarios inauditos, ahí donde se muestran las “miserias” de los poderosos, donde la constante continúa siendo una marca en superlativo, lo más oneroso, para marcar la diferencia entre los que menos tienen, pero tampoco vemos aspiraciones distintas, el conformismo y la mediocridad habita el mundo.
En las reflexiones de los fines de semana, en las listas que se preparan para las compras de la semana, confrontada contra los precios de los productos, cada vez estamos más sorprendidos en lo que hace una familia con un ingreso por debajo del salario que ya no es tan mínimo, pero que no llegan a ese acceso; vetado por la informalidad donde se han refugiado.
Ante los miles de muertos y desaparecidos en el sismo de Venezuela hace unas semanas, nos vuelven a alborotar las que vivimos en el nuestro, el de 1985 con veintitantos años a cuestas, en una Ciudad de México siempre de más oportunidades, entre los deseos y los retos que nos gusta enfrentar, confrontar y salir airosos casi siempre.
Son más las deudas que dejamos en cada historia, en esa retórica de contar más allá de la mirada, la observancia y la soledad de ese embrujo seductor de pensarnos la muerte, por las lecturas actuales quizá, por la recurrencia en las noticias de violencia en gran parte del territorio en México, lo mismo Guanajuato que Guerrero, Michoacán o Sinaloa, no disminuimos los buenos deseos, pero la realidad es otra.
Sentimos un golpe en la frente y llega el otro sin posibilidad de reacción, las marcas del tiempo son notorias, las ambigüedades no están en el menú de lo que nos queda, la certidumbre de vivir adrede, escribía Mario Benedetti en uno de sus tantos libros, son lugares para escapar y acampar sin prisa, como cualquier mortal que se plantea su final, sin antes dejar una huella imborrable ante un cúmulo de distractores.
Nos guste o no nos guste, nos cause problemas existenciales el presente, donde cada quien busca en la ansiedad de sus propósitos un “mejor” mañana, esa informalidad en la vendimia nos asusta, y cada vez hay más personas en los semáforos extendiendo la mano y en silencio, sin ningún tipo de expresión y ello asusta más, por el conformismo de su situación de calle.
No podemos marcar distancia ni mucho menos ser indiferentes, la economía no está en su mejor momento, no nos engañemos con la actualidad política de declarar, ir en contra del adversario, y después saludar y hasta carcajearse porque el poder que seduce los hace cómplices, de todos los colores posibles, la misma retórica cada dos años o cinco, o tres o seis; como le acomoden los tiempos políticos.
Nadie con dos centímetros de frente y nosotros que tenemos más de cinco, se la cree que la despensa está al alcance de todo mortal, ese que prioriza el trabajo y deja para el último la salud, cuando debiera ser a la inversa, porque no se vive a gusto; se sobrevive entre la selva conquistada y los momentos que la precedieron hace más de cuarenta años.
ENTRE LÍNEAS
Se han filtrado grabaciones, que llegan desde el mismo poder mediático, donde la gobernadora de Baja California es la noticia, no el retiro de una planta de autos de México hacia los Estados Unidos, las ocurrencias de los protagonistas o el simplismo de la corriente que deja huérfanos a su paso, en la politiquería de lo preelectoral; es lo que hay.

