Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

La economía del pago invisible

main image

OpiniónEl Economista

Recuerdo la Copa Mundial de Alemania 2006. Para ser parte de la llamada “fiebre mundialista” bastaba con encender el televisor a la hora indicada y disfrutar del espectáculo. Hoy, veinte años y cinco copas del mundo después, formar parte del “hype” es un tanto más complejo; seguir este gran evento deportivo pudo implicar contratar una o varias plataformas digitales que, de no cancelarse, se renovarán y se cobrarán en automático mes a mes. Este pequeño cambio refleja una transformación mucho más profunda: la forma en que pagamos ha cambiado tanto como la forma en la que consumimos.

Las plataformas de video y música en streaming, el almacenamiento en la nube, el pago de servicios e incluso la suscripción a aplicaciones de Inteligencia Artificial (IA) han transformado el modelo de consumo hacia uno basado en pagos recurrentes. Detrás de esa aparente simplicidad existe una fuerte infraestructura financiera que muchas veces recibe poca atención: las domiciliaciones y los cargos recurrentes. Para efectuar esos cobros mensuales hay dos caminos posibles. Si el cargo se aplica directamente a una cuenta bancaria, el pago se realiza mediante una domiciliación. En cambio, si el cargo se realiza a una tarjeta de crédito, se trata de un cargo recurrente. Aunque conceptualmente distintos, ambos mecanismos persiguen el mismo objetivo: que el consumidor deje de pensar en el pago y se concentre primordialmente en disfrutar el servicio.

Lejos de tratarse de una simple anécdota, las cifras de Banco de México muestran que esta transformación lleva años consolidándose. Aunque en un principio las domiciliaciones se utilizaron principalmente para el pago de servicios básicos como la electricidad, el gas o el servicio de telefonía fija, hoy esa misma estructura sostiene una parte importante de la economía digital. El crecimiento sostenido de estas operaciones refleja esta transformación. Mientras que en 2006 se registraron 30.3 millones de domiciliaciones por un monto cercano a 224 mil millones de pesos, al cierre de 2025 la cifra superó los 206 millones de operaciones y un monto anual superior a un billón de pesos. En términos reales, esto representa casi cinco veces el monto observado dos décadas atrás.

Más allá del crecimiento en el número de operaciones, las domiciliaciones cuentan una historia sobre la evolución del consumo. Lo que antes servía para automatizar el pago de un recibo hoy permite acceder, casi sin fricción, a una economía basada en servicios, plataformas y suscripciones. La infraestructura financiera ha dejado de ser únicamente un mecanismo para facilitar pagos; se ha convertido en un habilitador de nuevos modelos de negocio.

Entregar un billete duele más que acercar una tarjeta al lector o dejar que un cargo se renueve automáticamente. La economía conductual explica este fenómeno mediante el concepto de pain of paying. Quizá lo más sorprendente es que el mayor cambio en los últimos veinte años no sea que podamos ver un Mundial desde cualquier dispositivo, sino que el acto de pagar haya dejado de ocupar un lugar central en esta experiencia.  Las domiciliaciones y los cargos recurrentes no eliminan ese sentimiento, pero sí ayudan a entender por qué el pago pasó de ser un acto consciente a convertirse en una parte casi invisible de nuestra vida cotidiana. Quizá esa sea, precisamente, la verdadera economía de los pagos invisibles.

*El autor es economista senior de BBVA México

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete