López Obrador ganó la elección presidencial, en gran medida, por haber despertado entre una parte significativa del electorado la expectativa de una mejora rápida en diferentes aspectos, destacando el combate a la corrupción, la inseguridad y la situación económica. En cuanto a las dos primeras, prácticamente nada se ha hecho, más allá de seguir con el mismo discurso que utilizó durante la campaña electoral de que con él en la presidencia las cosas iban a ser diferentes; obviamente es muy pronto para hacer una evaluación, así que no tocaré esos temas (excepto para señalar que en materia de combate a la corrupción no existe un planteamiento serio y sí, por el contrario, ha habido señales preocupantes como la adquisición de las pipas para el transporte de combustible, la adjudicación al Ejército de la futura operación del aeropuerto en Santa Lucía y el que la construcción de la refinería en Tabasco sería por invitación directa a algunas empresas).

¿Y qué del crecimiento económico? Durante la campaña, AMLO prometió que en su gobierno la economía crecería 4 por ciento. Sin embargo, lo que se ha hecho hasta ahora, empezando por la irracional cancelación del aeropuerto en Texcoco (irracional desde un punto de vista económico, aunque quizás no político para dejar ver que él es el dueño del bate, la manopla y la pelota), no da las señales de que la política económica esté alineada con el objetivo de mayor crecimiento. Más aún, parecería que al propio presidente el desempeño general de la economía no parece importarle, prefiriendo dar y seguir prometiendo toda una serie de transferencias, directas e indirectas, a diferentes segmentos de la población.

Cuando en diciembre del año pasado se presentó el paquete económico para el 2019, particularmente el documento de Criterios Generales de Política Económica, se planteó un escenario inercial, con una tasa puntual de crecimiento económico de 2% y un rango de entre 1.5 y 2.5%, habiendo utilizado 2% para estimar los ingresos tributarios del gobierno. Sin embargo, a partir de entonces, adicional a la pésima señal por la cancelación del aeropuerto, se han venido dando eventos, tanto internos como externos, que se reflejarán en una tasa de crecimiento menor a 2% posiblemente menor, incluso, a 1.5 por ciento.

De entre los eventos externos destacan dos que afectan negativamente el crecimiento de la economía mexicana. El primero es una posible desaceleración del crecimiento de la economía estadounidense. El segundo, la incertidumbre alrededor de la ratificación del nuevo tratado de comercio norteamericano ahora que la Cámara de Representantes está en manos del partido Demócrata. Aunque estos dos son relevantes, son todavía más importantes los internos, particularmente en lo que se refiere a las señales de certidumbre sobre el respeto a las reglas del juego y a las instituciones, ya que ello impacta sobre la tasa de rentabilidad esperada por las empresas para invertir (que puede incluso incorporar un premio por riesgos diferentes a los propios del proyecto) y sobre la decisión de los consumidores respecto a la adquisición de bienes de consumo duraderos.

La arbitraria decisión de cancelar el aeropuerto en Texcoco y hacer la obra en Santa Lucía, los planes sin sentido de negocio y de inversión de Pemex, las señales enviadas por el propio presidente de que está dispuesto a matar la reforma eléctrica, la parte más importante de toda la reforma energética, el ataque a los diferentes órganos autónomos del Estado y más están enviando señales que van en contra del objetivo de mayor crecimiento y de ahí la revisión a la baja de las proyecciones de expansión.

¿Le importa a AMLO que la economía crezca menos? Parece que no.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.