El gran problema de Reino Unido es que lleva algo más de un siglo deambulando.

Tras la época victoriana, en pocos años, al inicio del siglo XX, llegó la Gran Guerra. La que era la potencia más poderosa de la época se mantuvo en pie y conservó todavía su gran influencia, pero cediendo el paso paulatinamente al nuevo actor, sus antiguas colonias americanas. Posteriormente, y tras combatir más de dos años en solitario a los nazis, fue uno de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, pero con la victoria su poder se desmoronó: perdió su imperio y gran parte de su poder económico.

Poco a poco, su economía se debilitaba y en alguna ocasión Estados Unidos acudió a su rescate. Al comenzar los años 70 del siglo pasado, llamó con insistencia a la puerta de la entonces Comunidad Económica Europea para que los admitiesen, cosa que logró en 1973. Una vez allí, tampoco estuvo nunca del todo a gusto: veía cómo quienes lideraban el mercado común eran Alemania y Francia, es decir, antiguos enemigos, a los que les habían ganado dos guerras mundiales, en el primer caso, y sus aliados a los que habían tenido que rescatar en la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión alemana. Nunca llegaron a aceptar bien el papel secundario que jugaban en la UE.

Con Thatcher volvieron a vivir unos momentos de cierto esplendor en los que la economía creció, el Reino Unido estrechó lazos de manera más intensa con Estados Unidos (EU) y volvieron a ser un país tenido en cuenta a nivel internacional. Sin embargo, tras la dimisión de Thatcher, y pese a algunos destellos, años después, de Blair, Reino Unido volvió a sentirse descolocado en la escena internacional.

El problema es que ese camino está plagado de riesgos e incertidumbres. Cerca de la mitad de sus exportaciones (47%) y una gran parte de sus importaciones (51%) las realiza con otros países de la UE, mientras que pese a esa “relación especial”, el comercio con Estados Unidos es muy inferior. ¿Podrán reforzarlo al nivel suficiente como para paliar la pérdida que pueden sufrir tras su salida de la UE? Los bajos impuestos atraen inversiones y conllevan prosperidad, pero otro elemento necesario es contar con una economía abierta, sin proteccionismo, y eso no está claro que vaya a suceder.

Hay muchas incógnitas y cada una de ellas lleva aparejado un riesgo muy importante, con probabilidades importantes de que dichos riesgos se materialicen. Si Reino Unido no logra buenos acuerdos comerciales con la UE y con Estados Unidos; si se resiente su influencia financiera; si una política tributaria benigna no es suficiente para lograr inversiones por convivir con un proteccionismo perjudicial, entonces las consecuencias económicas negativas para el Reino Unido pueden ser importantes.

Aparte de las consecuencias económicas relevantes para el conjunto de la UE, el impacto negativo en Reino Unido, en el caso de que no consiga los anteriores objetivos mencionados, podría llegar, en el caso extremo, a reducir su PIB en 77,000 millones de euros, y entre 900,000 y 1 millón 100,000 puestos de trabajo.

Ojalá tenga todo un buen final y la economía de la UE no se resienta y la del Reino Unido pueda sortear estas dificultades y este deambular británico, encuentre por fin su camino y su lugar en el mundo, pero los riesgos abiertos —incluidos los de la posible independencia de Irlanda del Norte, Escocia y Gales— son tan grandes y el retroceso en relaciones comerciales y de librecambio tan importante que todo este proceso es económicamente muy arriesgado y probablemente muy ineficiente.