Lectura 5:00 min
Una casona para llevarse un pedacito de Oaxaca en CDMX
Casa Hecho en Oaxaca reúne a medio centenar de productores y artesanos en la Ciudad de México. Entre medicina tradicional, nahuales de madera y mezcal artesanal, el espacio busca conectar tradiciones centenarias con nuevos públicos y mercados. Una ventana de sus oficios y saberes.

"Embajada" oaxaqueña en Anzures.
Mientras la Ciudad de México se desborda entre visitantes de todo el mundo y aficionados locales por el Mundial, una vieja casona en la colonia Anzures encontró una segunda vida para convertirse en una embajada no oficial, pero sí bastante oportuna, de Oaxaca. Basta con cruzar la puerta para encontrarse con mezcal, café, barro negro, textiles, medicina tradicional y criaturas de madera que parecen haber escapado de un sueño.
La llamada Casa Hecho en Oaxaca reúne durante estas semanas —y con la intención de permanecer de forma permanente— a cerca de 50 productores, artesanos y artesanas de las ocho regiones del estado. La apuesta es aprovechar la vitrina internacional para acercar sus productos a nuevos mercados, pero también para mostrar la diversidad cultural de una entidad que alberga 16 lenguas originarias y una de las tradiciones artesanales más amplias del país.

Los alebrijes se mimetizan con el Mundial.
Resistencia para la medicina tradicional
Francisco Javier llegó desde Huautla de Jiménez con un equipaje que difícilmente cabe en una maleta: conocimientos heredados por generaciones de curanderos mazatecos.
Sobre su mesa se alinean hojas, concentrados y preparados que, asegura, ayudan a aliviar desde dolores musculares hasta problemas respiratorios. Pero más allá de los productos, lo que ofrece es una forma de entender la relación entre las personas y las plantas.
"Lo aprendí de mis padres, de mis abuelos y de los sabios de la montaña", cuenta. Su trabajo consiste en elaborar remedios tradicionales, realizar limpias y compartir conocimientos transmitidos durante décadas en su comunidad.

Francisco Javier, curandero mazateco.
Para Francisco, uno de los mayores desafíos no es convencer a la gente de las propiedades de las plantas, sino combatir el distanciamiento creciente con el campo. Observa cómo muchos jóvenes abandonan las comunidades rurales y con ello desaparece también parte del conocimiento sobre las especies medicinales. "Se arrasa con todo y después ya no saben qué planta había ahí", lamenta.
Por eso insiste en transmitir el oficio a hijos y nietos. Su presencia en la capital funciona también como una defensa de la memoria botánica que todavía sobrevive en la Sierra Mazateca.
“Nosotros hacemos nahuales”
A unos metros de distancia, Jorge de Jesús Ortega Ojeda ofrece figuras de madera cubiertas por patrones minúsculos y coloridos. A primera vista podrían parecer alebrijes; él prefiere otra definición: "Nosotros hacemos tonas y nahuales".
Originario de San Martín Tilcajete, pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a la talla en madera. La diferencia, explica, es importante: mientras los alebrijes representan seres fantásticos, las tonas y los nahuales remiten a la cosmovisión zapoteca: la tona acompaña a una persona durante la vida y el nahual la guía después de la muerte.

Artesano oaxaqueño.
La tradición, sin embargo, no permanece inmóvil. Su familia conserva técnicas heredadas, como el puntillismo fino realizado originalmente con espinas de maguey, pero también incorpora nuevas herramientas y diseños. "Tratamos de innovar sin perder la esencia", resume.
La fama internacional de estas piezas ha abierto oportunidades, aunque no garantiza ventas constantes. Por eso espacios como Casa Hecho en Oaxaca permiten explicar al público el significado que existe detrás de cada figura.
El mezcal habla de expansión
Carlos Soto, representante de la marca Huarapeta, observa cómo una bebida ligada durante décadas al consumo local se convirtió en uno de los productos mexicanos con mayor proyección internacional.
Su empresa produce mezcal artesanal y algunas ediciones son embotelladas en recipientes pintados a mano por artesanos de su comunidad. El crecimiento del mercado, reconoce, ha traído beneficios, pero también preocupaciones ambientales relacionadas con el cultivo de agave y los residuos de producción. "Estamos buscando que los mezcales sean sustentables y sostenibles", explica.

Carlos Soto, productor de mezcal.
Lejos de hablar de saturación, considera que todavía existe un amplio margen de crecimiento. Estados Unidos sigue siendo el principal destino de exportación, mientras Europa y Asia apenas comienzan a familiarizarse con la bebida.
La tarea, dice, no consiste únicamente en vender botellas. También implica enseñar a consumir el mezcal de otra manera: reconocer aromas, sabores y las diferencias entre las variedades de agave. Esa pedagogía ocurre lo mismo en ferias internacionales que en esta casona del centro de la Ciudad de México, donde Oaxaca busca demostrar que una artesanía, una planta medicinal o una copa de mezcal también pueden contar la historia de un territorio entero.
Casa Hecho en Oaxaca
- Shakespeare 68, Colonia Anzures, Miguel Hidalgo
- Del 10 al 30 de junio
- De 11:00 a 20:00 horas
- Entrada libre
Próximas actividades culturales
- Viernes 19 de junio
- 18:00 horas
- Productor: Casa Pérez Alcántara
- Actividad: Degustación destilados
- Sábado 20 de junio
- 16:00 horas
- Productor: Pedacitos de mi tierra
- Platica Alebrijes
- Domingo 21 de junio
- 17:00 horas
- Productor: Skoàn kafèná
- Degustación de café mazateco
- Sábado 27 de junio
- 17:00 horas
- Productor: Muñeca de chocolate
- Actividad: Platica cartonería
