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Kevin Warsh se pone el gafete de árbitro

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Kevin Warsh, abogado de Harvard, formado en Wall Street con enorme éxito económico y republicano, se estrenó esta semana con la primera decisión de política monetaria como Presidente de la Reserva Federal (Fed), encabezando al Comité Federal de Mercado Abierto. Su designación había generado dudas legítimas por haber llegado con la recomendación de Donald Trump quien abiertamente detestaba la independencia mostrada por Jerome Powell, a quien paradójicamente él mismo había nominado.
Todo parecía indicar que la llegada de Warsh era el preámbulo de una Fed subordinada a los deseos de la Casa Blanca. Y aunque bien dicen que una golondrina no hace verano, por lo pronto, en la cancha de las decisiones monetarias, Warsh demostró que una vez que te pones el gafete de árbitro, las presiones de la tribuna, así sea del palco presidencial, quedan fuera.
La economía de Estados Unidos no está en estos momentos para descuidos ofensivos. La inflación está lejos de regresar al objetivo puntual de 2.0%, sobre todo por las presiones en los precios de los energéticos, mientras que el mercado laboral se muestra sólido, más allá del comportamiento esperado del Producto Interno Bruto que no pinta nada mal con el estimado de la propia Fed de 2.2% para este año.
Warsh entendió que abrir la cancha con un recorte de tasas, como exigía la barra brava presidencial, habría sido un autogol macroeconómico. La jugada sorpresiva fue sugerir que el próximo movimiento podía ser al alza, lo que alteró a los mercados, pero mandó un necesario mensaje de autonomía técnica y puso en claro que el único director técnico del banco central es el mandato de estabilidad de precios.
Mientras tanto, en la otra sede del torneo antiinflacionario, el Banco de México parece jugar un partido totalmente diferente. La mayoría de la Junta de Gobierno ha mostrado un optimismo prematuro tras haber bajado la tasa de referencia con una rapidez notable y asegurar que ahí se quedará por un buen tiempo.
Parecería que el cuerpo técnico de Banxico sí escucha los susurros, si no es que gritos, desde la tribuna de Palacio que los incitan al fuera de lugar de bajar el costo del financiamiento público en lugar de meterle un gol a la inflación.
La realidad de la economía mexicana es que la inflación subyacente lleva mucho tiempo fuera del rango de tolerancia lo que, explicado para las tribunas, hace que los agentes económicos no crean en la meta oficial de 3.0% y fijen sus precios por arriba de ese nivel.
Una mayoría de la Junta de Gobierno del Banco de México cree que ya tiene ventaja en el partido al frenar por ahora cualquier movimiento de las tasas de interés y se repliega con el argumento de que el trabajo está hecho; pero eso es muy arriesgado. Mientras la Fed se prepara para moverse a la delantera, Banxico parece conforme con lo que cree es un empate técnico con la inflación.
Si las presiones inflacionarias persisten, la Junta de Gobierno tendrá que demostrar su propia independencia frente al momento político actual y emular la rigidez técnica, incluso en la comunicación, de Warsh.
Todo parecía indicar que la llegada de Warsh era el preámbulo de una Fed subordinada a los deseos de la Casa Blanca (...) Warsh demostró que una vez que te pones el gafete de árbitro, las presiones de la tribuna, así sea del palco presidencial, quedan fuera.

