Rogelio Ramírez de la O (RRO) recibe a la Secretaría de Hacienda en un momento difícil y delicado. Como su designación aún no ha sido ratificada por el Congreso, ha mantenido prudentemente un perfil bajo y no ha realizado declaraciones públicas. Pero eso no significa que no esté trabajando. Está dedicado a la primera prueba de fuego que tendrá: el diseño del presupuesto federal de 2022 que deberá ser entregado al legislativo el próximo 8 de septiembre.

El presupuesto para el siguiente año representa retos importantes. Por el lado de los ingresos no hay mucho margen para aumentarlos. Con la economía decreciendo de un estimado de 6.3% este año a 2.8% en 2022, la recaudación tanto del IVA como del ISR difícilmente se incrementará. Por otro lado, ya no habrá recursos no recurrentes como los fondos que se obtuvieron de los fideicomisos cancelados. Asimismo, con el nivel ya elevado de la deuda externa (50% del PIB), la capacidad de endeudamiento es sumamente limitada. Finalmente, no podrán imponerse nuevos impuestos pues el presidente difícilmente lo aceptará. Se ha dicho que RRO desea una reforma fiscal para promover la inversión y el crecimiento, y que ha tenido pláticas al respecto con los líderes empresariales. Habrá que ver qué tipo de reforma podrá incorporar.

Por el lado del gasto los retos son angustiantes. La orden es inyectar más dinero a fondo perdido en Pemex. El mayor riesgo es que Standard & Poors, la única calificadora de las tres importantes que falta para degradar la deuda de Pemex a la zona de pérdida de grado de inversión, arrastre a la deuda soberana. Si bien se ve difícil que las tres le otorguen esta pérdida a la deuda gubernamental, es un fantasma que continuamente acechará a RRO. Al parecer tiene una visión opuesta a la del binomio Nahle-Romero para la política energética. RRO favorecería restituir esquemas cancelados en el sector como los farmouts que permitirían la participación privada. Igualmente, las exigencias de gasto de los proyectos insignia son una presión adicional, sobre todo Santa Lucía, programado para inaugurarse en marzo.

Otra presión de gasto es la absurda ocurrencia de crear una compañía estatal de gas. Igualmente habrá exigencias de mayores gastos en infraestructura de salud, medicinas, educación, ciencia, cultura y de programas sociales clientelares. Finalmente, la bola de nieve del pago de pensiones absorberá cuando menos 26% del gasto programable. Con la más reciente ocurrencia presidencial de aumentar la pensión universal para adultos mayores a partir de los 65 años hasta alcanzar 6,000 pesos bimestrales (el doble que la actualidad) en 2024, hay una presión adicional.

Todo esto busca un acomodo en el presupuesto de 2022. Claramente RRO estará atrapado entre lo que sabe que tiene que hacer con la lógica económica que lo caracteriza, y lo que López Obrador siente que debe hacerse de acuerdo con su “economía moral” y sus objetivos populistas. El nuevo secretario tendrá que hacer malabarismos más allá de su calificación técnica. Veremos a qué grado logra imprimirle su sello propio al presupuesto.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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