Tenemos una clase media educada y que ahorra. Vive en departamento o casa propia, tiene coche, TV, computadora, Internet y, obvio, celular. Me refiero a familias jóvenes (o no tanto) en donde los padres quieren conocer su país y que lo conozcan sus hijos. Nuestro paisaje está tapizado por bellezas naturales (Monarcas en Michoacán), pueblos lindos (Mazamitla, Jalisco), monumentos grandiosos (acueducto del Padre Tembleque, Hidalgo), edificaciones notables (Tepeaca, Puebla) y comida rica. Un amigo sitiero viaja cada año con la familia extensa, la última travesía fue Oaxaca colonial-Virgen de Juquila-sol y playa en Huatulco.

Un asesor en computación me relata, entusiasmado, la visita familiar a Bernal y su famosa Peña. El turismo interno puede madurar y convertirse en palanca de desarrollo de numerosas localidades y microrregiones al crear demanda de insumos y empleos permanentes y productivos. Se me ocurre replicar la red hotelera que existe en España (paradores), manejada por empresa oficial e integrada por casi 100 establecimientos. Es muy fácil encontrar en nuestro suelo una cantidad similar de edificaciones que con relativamente poca inversión pueden ser habilitadas para recibir paseantes. Y formar circuitos turísticos con autobuses de primera clase. La cosa se simplifica porque tales sitios ya están comunicados entre sí por medio de carretera. Algo como los turibuses urbanos, pero en provincia.

La lista de lugares-candidatos es larga y abarca prácticamente toda la República. Piénsese en haciendas, conventos y otro tipo de edificaciones. De las primeras hay pulqueras, ganaderas, maiceras, azucareras, henequeneras, mineras... Por ejemplo, en Chihuahua existen cerca de 20 y otras tantas en Hidalgo-Tlaxcala. Las vemos en Yucatán, empezando por la majestuosa X-Kanchacán. Nada más de conventos del XVI George Kubler clasifica 19 de primera clase (gran iglesia y edificio conventual de dos pisos), 40 de segunda (también dos plantas pero más reducidas) y 28 de tercera (podrían encontrarse algúnos candidatos). Ubícanse, sobre todo en periferia de la CDMX, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Michoacán, Guanajuato, Morelos, Oaxaca y Yucatán. Quizá podamos encontrar por ahí los restos de un obraje textil colonial. Añádanse construcciones de siglos posteriores, hasta del XX, como el exhospital de la mina Dos Carlos, en San Lunes, arribita de Pachuca.

Propongo que ésta es una buena idea, barata y con variados efectos benéficos en las poblaciones locales. Búsquense alternativas al elefante blanco del Tren Maya, que cuando mucho contratará tamemes para acarrear durmientes.

Pablo Aveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.