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Jane Street y el poder invisible que sacude a los mercados globales

Opinión
Durante el último año, los mercados financieros han debido acostumbrarse a una sucesión acelerada de eventos geopolíticos: Venezuela, Cuba, Groenlandia, Ucrania y nuevos episodios de tensión comercial. Sin embargo, como señalan estrategas de Barclays Plc. (citados por The Economic Times, 1 de marzo de 2026), el riesgo más relevante podría concentrarse en Medio Oriente. Si el conflicto en Irán se prolonga y persiste el cierre del estrecho de Ormuz —por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial—, el impacto sobre los mercados financieros y la economía global sería contundente.
El Brent cerró el 1 de marzo en su nivel más alto desde julio de 2025, cotizando en 78 dólares por barril, con un alza de 4.8%. El S&P 500 retrocedió 0.4%, mientras que Bitcoin se recuperó 8% y ronda los 69 mil dólares, tras haber caído por debajo de los 64 mil. De mantenerse el conflicto en Medio Oriente durante varios meses, el precio del barril podría escalar hacia los 100 dólares, lo que prácticamente eliminaría la posibilidad de recortes en las tasas de referencia de la Reserva Federal y del resto del mundo, abriendo la puerta a un escenario de presiones inflacionarias combinadas con desaceleración económica.
En efecto, de continuar el conflicto, la variable de ajuste será el petróleo. La mayoría de los países emergentes son importadores netos de energía, por lo que un encarecimiento sostenido tendría efectos negativos en costos de producción, precios al consumidor, mercados monetarios, inflación y crecimiento económico. No es casualidad que el epicentro del mercado global de gas y petróleo se concentre en esa región, lo que amplifica los riesgos sistémicos, como advierte JP Morgan Investment Strategy.
A este contexto se suma un fenómeno que pasó prácticamente desapercibido durante la semana pasada. Se trata del caso de Jane Street Capital (JS), una firma de trading cuantitativo con una estructura atípica: no cuenta con un director ejecutivo visible (CEO), no tiene un grupo de accionistas conocido, no es un banco ni un hedge fund y, por su figura legal, no está obligada a divulgar públicamente información detallada sobre sus operaciones. El año pasado obtuvo ganancias superiores a las de Goldman Sachs. Además, es uno de los pocos participantes autorizados (Authorized Participants) para crear ETFs de Bitcoin, es decir, actúa como creador de mercado. Su influencia ha coincidido con un periodo de fuerte corrección en el precio del Bitcoin, que pasó de 126 mil a 63 mil dólares entre octubre de 2025 y febrero de 2026.
Esta caída arrastró al resto del mercado cripto —Ethereum, Solana, Cardano, XRP, entre otros— y redujo la capitalización total del sector a 2.31 billones de dólares, desde un máximo cercano a los 4.3 billones en octubre de 2025. Las explicaciones iniciales apuntaban al estrés del mercado de bonos japonés, la reversión del carry trade, la creciente correlación entre activos y el papel del apalancamiento asociado a la tokenización.
No obstante, hasta ahora nada se había mencionado sobre la posible participación de Jane Street en estos movimientos. La firma ha sido acusada previamente en India por presunta manipulación de mercado y se le ha vinculado con episodios como la crisis de la stablecoin Terra y su criptomoneda nativa Luna en mayo de 2022, cuando perdió 99.9% de su valor en una sola semana. En meses recientes, Bitcoin mostró caídas recurrentes de entre 2% y 3% alrededor de las 10 de la mañana, hora del este, un patrón que despertó cuestionamientos entre participantes del mercado.
La dinámica operaba a través de los ETFs. Los inversionistas que acceden a Bitcoin mediante estos instrumentos no compran directamente la criptomoneda, sino participaciones en un fondo que la replica. En ese proceso intervienen los Authorized Participants, figura que solo cuatro empresas detentan a nivel global, entre ellas Jane Street. De acuerdo con diversas hipótesis, la firma habría combinado adquisiciones de Bitcoin con posiciones cortas en futuros, opciones y otros derivados, vendiendo en momentos de baja liquidez para presionar el precio a la baja y beneficiarse de dichas posiciones.
Más allá de si estas prácticas constituyen o no manipulación en sentido estricto —algo que corresponde determinar a las autoridades—, el episodio pone en evidencia un problema estructural: un mercado altamente concentrado, con transparencia limitada y regulación aún incipiente, pero cada vez más interconectado con el sistema financiero tradicional. Mucho está aún por definirse para saber si, tras la exposición pública de estos hechos, se detendrán estas dinámicas y veremos un rebote sostenido del Bitcoin en los próximos meses, o si estamos frente a una nueva fase de volatilidad estructural en los mercados globales.
*Titular del posgrado en Microfinanzas de la UNAM.