Luego de dos años de gobierno se aprecia que el cambio iniciado por el presidente Andrés Manuel López Obrador empieza a formar la base de lo que será una nueva era de pensamiento y, sobre todo, de quehacer político, social y económico. Por tres décadas, la mayoría de las áreas del pensamiento y acción estuvieron dominadas por una visión casi única encabezada por un grupo muy compacto que lo mismo dominaba la academia que los negocios, la política que el análisis. Una de las cosas que se puede esperar es que el legado del primer gobierno de izquierda nos permita tener nuevos actores y un nuevo pensamiento para los nuevos retos que enfrentaremos en el futuro. En efecto, el reto de la pobreza, marginación e inmigración, la incorporación de los estados del sur al avance que presentan los del centro y norte, así como la reconstrucción de la economía global, el mundo después del Covid, y la nueva relación México–EU, requieren de la pluralidad que este gobierno está impulsando.

Cuando se habla de políticos, básicamente siempre son los mismos los que están en las cámaras, gobiernos de los estados y partidos. Lo mismo los vemos en los negocios ligados a intereses específicos que han provocado la justa observación del presidente de separar el poder político del económico. Cuando hablamos de empresarios siempre es el mismo grupo el que está en el debate público y en las representaciones. Lo anterior ha provocado que los intereses reales de la mayoría de la clase empresarial no siempre sean debidamente representados en los llamados organismos cúpula que representan los grandes intereses en detrimento de un diálogo gobierno–empresa más constructivo con relación a los retos de los que hablamos. Si vemos a los intelectuales, pasa algo similar. Los espacios de análisis y debate han sido ocupados por los mismos académicos de hace años, quienes igual opinan de macroeconomía y política fiscal que de elecciones y hasta cine, pasando por Alemania, China, Venezuela, EU o Rusia. Todos los temas sin distingo son tratados por las mismas personas que, por más preparadas que sean, han impedido que nuevas voces enriquezcan el debate público.

Esta realidad se replica en todos los campos. Los despachos de abogados, por ejemplo, están dominados por el mismo grupo de hace décadas, quienes están presentes en los casos más importantes, pero también en cabildeo de leyes y negocios empresariales. Con la llegada del presidente López Obrador existe la esperanza de que estos grupos de interés sean ampliamente enriquecidos por nuevos analistas, empresarios, políticos y profesionales igualmente capaces y preparados; que existen, pero que no han sido debidamente considerados. Tienen visiones distintas y complementarias que le pueden dar a la vida pública del país frescura y diversidad de visiones en beneficio de la sociedad, quien se verá afectada positivamente con mejores ideas, precios, servicios, mejor representación de sus intereses y simplemente nuevas caras; muchos en México anhelamos eso.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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