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Las apariencias engañan
La rebelión contra Putin en Rusia abortó por las negociaciones entre altos jefes militares del círculo reducido del poder y reveló la fragilidad de Putin a pesar de que favoreció a sus socios con atractivos contratos gubernamentales. Si Putin se ha sostenido por ellos, continuar apoyándolo condiciona las alianzas, sobre todo por los errores recientes. El más importante su fracaso en Ucrania.
Cuando Putin realizó la invasión a Ucrania recibió el rechazo de las organizaciones internacionales y de importantes jefes de Estado. También fue admirado por políticos y personalidades mediáticas europeas considerándolo como un “hombre fuerte”. Ahora quedó al descubierto como un ultranacionalista desubicado con tentaciones totalitarias.
Existe el peligro de que Putin desate fuerzas que hasta ahora ha mantenido guardadas. La periodista Mirentxu Arroqui recuerda declaraciones de Putin. Dice: “Vladimir Putin ha contado en numerosas ocasiones que cuando era tan solo un niño y vivía en la entonces denominada Leningrado persiguió a una rata hasta que consiguió acorralarla en un pasillo y ésta le atacó. Tras la invasión a Ucrania, muchos analistas temen que Putin se convierta en una rata que se halla sin escapatoria. Una rata con botón nuclear”.
Internamente dentro del gobierno de Putin, en el sector militar y de seguridad, existe una división por el poder, los que apoyan con condiciones a Putin y los que lo retan, como es el grupo Wagner y el general Serguéi Surovikin, alias el carnicero de Siria, excomandante de las fuerzas aeroespaciales.
También existe la especulación de que puede ocurrir una guerra civil de corta duración. La rebeldía del grupo Wagner es un aviso.
A los hombres de poder de la cúpula del Kremlin no les importa lo que le suceda a la sociedad, sino lo que les suceda a ellos. Y todos tienen fuerza militar. Por ejemplo, Kalinov es jefe de la milicia chechena y el actual Ministro de Defensa es jefe de una milicia privada.
A pesar de su aislamiento, Putin tiene el apoyo condicionado de los gobiernos de China, India e Irán, que tienen una gran influencia en Asia y el Medio Oriente. Pero sobre todo de China que es la segunda potencia económica mundial y de la que Rusia depende económicamente.
En la relación de Occidente, particularmente de Estados Unidos con China, Stephen Roach, experto en China, recomienda lo siguiente: “El viaje del secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, a Beijing demostró las deficiencias de un enfoque personalizado de la diplomacia. Cambiar a un modelo de compromiso más institucionalizado quitaría la resolución de conflictos de las manos de lideres altamente sensibles y políticamente limitados”.
