¿Cómo se respiraba allá? Una de dos, con un aire purísimo y frío que llegaba del océano o con los humos sulfurosos del volcán Hekla.

La economía mexicana en 1976 sufrió una de sus devaluaciones más drásticas. De 12.50 a 26 pesos por US dollar. Afortunadamente, por unas horas logré cambiar y pude pagar el viaje a París al Congreso de Americanistas. Usando la línea más barata de entonces Air Icelandic y haciendo una escala en Reykjavik.

El aeropuerto de Keflavik estaba repleto de bombarderos B-29 de la US Air Force, la guerra fría estaba aún suficientemente tibia. Llevaba en la memoria la fantasía del Viaje al centro de la Tierra que Julio Verne hace iniciar en el cráter del volcán Snæfellsjökull y un curso de geología recibido en la ENAH.

Pude hacer un vuelo turístico alrededor de la isla, para apreciar algunos de los 140 volcanes, de las docenas de glaciares, las playas de grava negra volcánica, los torrentes, las costas rugientes y los muchos geysers —palabra islandesa. En islandés, idioma escandinavo, Islandia significa tierra del hielo, no isla de tierra.

Leif Erikson, héroe vikingo con apellido telefónico, era la figura histórica más conocida, ahora es la cantante Björk. Asistir a la representación teatral de alguna saga referente a las navegaciones en drakkar, matizada con la mitología nórdica, fue obligado, a pesar del jet lag y el idioma.

Reykjavik era una ciudad de 100,000 habitantes, cuyas casas tenían techos verdes de dos aguas, sin árboles —entonces el frío los reventaba. Sus tiendas de alimentos ordenadas e impecables, donde elegí un sándwich de hueva negra de pescado, que seguramente no era caviar, pero que resultó sabroso y económico.

La información indicaba que la calefacción era geotérmica, pude ver algunos caballos chaparrones y muy peludos y deambulando por la ciudad vi un campo de futbol sin pasto, a pesar de que era septiembre. Un campo pelado, como las canchas brasileñas donde se formó Pelé.

A la clasificación de Islandia a la Eurocopa 2016 se le llamó el milagro más grande del futbol. Alcanzar uno de los primeros cuatro sitios fue celebrado con el viking clap, el amplio aplauso, la mágica coreografía de la celebración. Hubo inversiones en recursos humanos, 150 entrenadores islandeses certificados por la Federación europea y en estadios techados.

Islandia tiene 350,000 habitantes, los mismos que el municipio de Tapachula. El estadio de Tapachula tiene capacidad para 18,000 espectadores, el de Reykjavik para 15,000, aunque cuando jugó Italia tuvo una asistencia de 40,000 usando gradas móviles. A París en la Eurocopa los islandeses llevaron a 10% de la población. A Oaxaca para el campeonato, los de Tapachula llevaron sólo 3 por ciento. Tapachula estará en la Copa México en un grupo contra el Atlético San Luís y los Tigres de la UANL. Ahora Islandia va al Mundial de Rusia en el grupo contra Argentina, Croacia y Nigeria.

A preparar el grito ¡Yaaaaa! —Síííí— Con el viking clap.