Vivimos una época en donde, entre otras cosas, la tecnología y el internet han permitido que la sociedad se vuelva mucho más participativa de las grandes acciones que moldean nuestro país. Esto no debe sorprendernos. Después de todo, son los ciudadanos quienes mejor conocen las problemáticas más relevantes y, de alguna manera, pueden aportar elementos valiosos para solucionarlas.

Un ejemplo concreto de ello es el Hackatón Talento CDMX —de ahora en adelante Hackatón—, un evento cuyo objetivo se centra en generar proyectos que exploten al máximo el talento mexicano, aportando al desarrollo económico y social, mediante la solución de problemáticas específicas de la Ciudad de México. Este evento es organizado por el Gobierno de la Ciudad de México, en alianza con actores relevantes del sector privado comprometidos con la atención a los sectores más vulnerables de la población como Grupo Salinas y Banco Azteca, organismos internacionales enfocados en el desarrollo sostenible regional como es el Banco Interamericano de Desarrollo, instituciones educativas, cámaras empresariales y asociaciones civiles. Históricamente, los hackatones han sido espacios abiertos a la comunidad de hackers y —posteriormente— a estudiantes que, en un tiempo reducido, deben plantear soluciones a ciertas problemáticas a través del uso de tecnología.

Precisamente el miércoles de esta semana, en presencia de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, se dio el banderazo inicial del Hackatón. Jóvenes estudiantes, emprendedores e integrantes de startups de todo el país fueron convocados a sumarse a alguno de los retos propuestos, divididos en cuatro categorías: innovación social, movilidad, formación de talento e inclusión financiera y tecnológica. Para el reto elegido, los jóvenes deberán presentar una solución, planteada a través del uso de tecnología, que contribuya a mejorar el entorno y las condiciones de los habitantes de la CDMX, generando progreso. Habrá premios relevantes para todos los finalistas, además de la oportunidad de recibir financiamiento que les permitirá materializar sus sueños e ideas.

Sin duda, las cuatro categorías contempladas en dicho concurso son muy relevantes, pero me gustaría hacer énfasis en aquella referente a la inclusión financiera, por su estrecha relación con la generación de riqueza. México es un país con muchos retos que enfrentar en materia de inclusión financiera, como se ha mencionado varias veces en este espacio. Sin embargo, lo preocupante no sólo es lo relacionado a la falta de acceso a los servicios financieros y la falta de entendimiento de los mismos, sino el rol que la inclusión financiera tiene en la generación de riqueza. Por ejemplo, estimaciones hechas por Moody’s, considerando una muestra de 70 países entre el 2001 y el 2015, sugieren que la actividad económica adicional atribuible al uso de pagos electrónicos propició la creación de, en promedio, 2.6 millones de empleos anuales. En el mismo sentido, de acuerdo con estimaciones presentadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (con base en datos de la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, del Inegi) en el Foro Global de Productividad de la OCDE en el 2016, las empresas que tienen acceso a financiamiento en nuestro país también tienen mayores niveles de productividad y, por lo tanto, cuentan con mayores oportunidades de crecer y generar empleos.

Es por eso que resulta estratégico que personas, familias y empresas tengan la oportunidad de acceder a productos financieros que les permitan concretar sus proyectos. Sin embargo, el sistema financiero debería penetrar con mayor celeridad en dos estratos muy específicos de nuestra economía:

Por un lado, tenemos al sector de la población sin acceso a ningún producto financiero. Como lo he comentado anteriormente en este espacio, todavía tenemos un reto enorme para atender a los 25 millones de adultos que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, del Inegi, no tienen acceso a ningún tipo de producto financiero. El primer paso radica en atender a aquellas personas que pudiendo estar financieramente incluidas, no lo están, como 18% de los 21.9 millones de trabajadores formales (adscritos al IMSS o al ISSSTE) que, por increíble que parezca, no tienen cuenta bancaria.

Por el lado empresarial, es vital voltear a ver a las microempresas, que representan prácticamente 98% del universo productivo y dan empleo a 75% de los mexicanos. Según la Enaproce, poco más de 40% de las empresas declaró no poder crecer por falta de crédito y por la competencia de empresas informales. Asimismo, de acuerdo con dicha encuesta, 89 de cada 100 microempresas no tienen acceso a ningún tipo de financiamiento. De las que sí logran acceder a una fuente externa de recursos (las 11 restantes), 28.7% se financia a través de recursos propios, limitando sus posibilidades de crecimiento.

Existe un elemento común en estos dos grupos estratégicos de nuestra economía: albergan una gran cantidad de personas con niveles de ingreso incompatibles —en las condiciones actuales— con la aspiración de consolidar un patrimonio propio. En este sentido, en la conferencia de prensa del Hackatón, se mencionó la necesidad de buscar, bajo un marco de libre mercado que incentive y permita la libre competencia de los actores, acercar los servicios financieros —bajo las premisas de universalidad, conveniencia, aceptación y simplicidad— a aquellas personas y empresas que hoy están excluidas. Esto cambiaría la situación de muchas personas y les daría herramientas para formar un patrimonio.

Al final del día, de lo que se trata es de que le vaya bien a nuestro país. El Hackatón es un excelente ejemplo de que podemos ponernos de acuerdo, con independencia de nuestra trinchera, para concurrir en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas que nos aquejan a través de la innovación, cuando nos decidimos a trabajar en equipo; cuando reconocemos que la prosperidad no es tal, si no es incluyente.