El Coronavirus ha ido mucho más allá de los efectos en la salud y ha sido capaz de mostrarnos lo mejor y lo peor de lo que hay en el mundo y estoy segura que, así como hubo en el mundo un antes y un después del 11 de Septiembre de 2001, en el mundo habrá un antes y un después del virus que ha conseguido acabar con la vida de más de 20,000 personas.

Nada será lo mismo.

Si de por sí el mundo ya estaba cambiando y no se sabía bien si estábamos ante el ocaso del liderazgo de EEUU o ante el amanecer del liderazgo chino, el Coronavirus ha puesto sobre el mapa dos estilos diplomáticos distintos que, sin duda, tendrán consecuencias cuando el mundo vuelva a la “calma”.

Ya que mientras Estados Unidos cierra sus fronteras a países afectados severamente por la pandemia, bajo la órbita de la seguridad nacional, una China “relativamente victoriosa” ante una epidemia que se inició en una de sus provincias acude al los lugares afectados por el virus, como en los casos de Italia y España, y capitaliza su experiencia en ayuda.

Una forma de darle una cachetada con guante blanco al mundo que le cerró sus fronteras al mismo tiempo que, ahora ella, le cierra la entrada a la mayoría de los extranjeros, a partir de la medianoche del sábado para blindarse ante el coronavirus.

Los choques de posturas ante los planes de acción para hacer frente a la crisis sanitaria se ven al por mayor en el mundo. Lo que ya estaba polarizado se polariza más, hay líderes que suben mientras otros se hunden, e incluso casos en donde la desobediencia civil se da en favor de la seguridad y de la vida.

La desconfianza avanza cada día y la recesión económica también. Ha llegado el momento de buscar héroes o culpables.

En el caso de la Unión Europea la división gira en torno al vacío presupuestario que ha dejado el Reino Unido y la dificultad para coordinarse y tomar decisiones centralizadas. Porque la salida de la isla ha dejado un agujero anual de 11,000 millones de euros y, los países más ricos se resisten a aportar más dinero, a la vez que las grandes capitales han entrado en una especie de guerra en China para hacerse lo más rápidamente posible con todo el material que puedan para combatir la pandemia.

En Estados Unidos las respuestas del presidente ante la pandemia han conseguido sumarle un par de puntos al proyecto Trump 2020, llevando al republicano a un 49% de aprobación en tiempos en donde las demandas de ayuda por desempleo alcanzan un récord de 3.3 millones y en donde también, el dominio sobre México, se ha hecho más evidente.

El muro duro y puro se hizo presente cuando fue él quién anunció la suspensión de vuelos a México desde Europa para asegurar la frontera que comparten.

¿Gracias presidente Trump?

Mi antes y mi después del Coronavirus.

Finalmente en México, la desobediencia civil se ha dado cuando la población se queda en casa mientras el presidente pide que sigamos en la calle. En un comportamiento que la organización HRW considera como “sumamente peligro.”

Después de todo es el gobierno el que va pasos atrás de la sociedad civil.

En México también habrá un antes y un después.

El último en salir apague la luz.

@HenaroStephanie