¿Está México en crisis? ¿Es sólo mental como afirmó el presidente Peña o existe en realidad una situación crítica? Pues depende de qué estemos hablando. Por límite de espacio trataré sólo tres puntos.

Primero, la economía no está en una situación crítica y aquí sí mucho es un problema de percepción. La economía sigue creciendo; sin duda es una muy baja tasa de crecimiento pero no muy inferior a la media de los últimos 30 años y hay estados del país que siguen creciendo a tasas relativamente elevadas. La tasa de desempleo abierta es la más baja desde antes de la crisis del 2009 y la informalidad laboral, aunque sigue siendo muy elevada, ha tenido una ligera tendencia a la baja. Simultáneamente hemos observado una ligera recuperación de los salarios reales de forma tal que la masa salarial y el consumo interno siguen creciendo y observamos también, con los primeros datos del año, un repunte de las exportaciones. Por el lado de las finanzas públicas, aunque éstas no son lo suficientemente sólidas, tampoco están en una situación crítica.

Si la economía no está tan mal, ¿de dónde vendría la percepción de una crisis? Creo que resaltan dos variables: el precio de la gasolina y el tipo de cambio. Respecto del primero, por graves errores cometidos en el pasado, se generó la percepción de que dado que México era un país petrolero, la gasolina tendría que estar subsidiada. La eliminación del subsidio, medida claramente correcta, género sin embargo una sensación de malestar. El segundo es el tipo de cambio. Nuevamente, por errores de política económica los cambios abruptos de esta variable sí eran señal inequívoca de una crisis; ahora ya no. El tipo de cambio refleja las condiciones del mercado financiero y las condiciones externas a las que se enfrenta la economía. El tipo de cambio es flexible y así como subió, también ha bajado.

En donde sí hay una situación crítica es la inseguridad en la que vivimos. No solamente se trata del crimen organizado sino de la situación general en la materia. Cuando el 97% de los delitos se cometen impunemente, claramente tenemos un país en donde el sistema de procuración y administración de justicia está en una situación de crisis aguda. Policías, ministerios públicos y jueces que no cumplen con su función primordial que es proteger y garantizar los derechos privados de propiedad en contra de actos de terceros, la razón de ser del Estado, constituyen un fuerte agravio en contra de los miembros de la sociedad. El costo social (y económico) de tal impunidad es sin duda enorme y aquí sí, no parece haber ninguna política pública sólida en la materia. Estamos, como dice el dicho popular, a la buena del señor .

El tercero es la corrupción. En el último reporte de Transparencia Internacional del Índice de Percepción de la Corrupción, México obtuvo un puntaje de 3.4, siendo en consecuencia calificado como un país notoriamente corrupto. Y aquí tampoco se hace mucho al respecto. Los actos de corrupción entre los funcionarios públicos se siguen cometiendo impunemente, en muchas ocasiones cometidos al amparo del poder político como lo atestiguamos en el caso de los tristemente célebres exgobernadores de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo. La corrupción sigue sin abatirse y mientras, en el Senado de la República siguen sin nombrar al fiscal anticorrupción, porque la neta, no lo quieren.

La economía no está en crisis, no está tan mal, pero sin duda podría estar mejor con menor inseguridad y corrupción.

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