El presidente Andrés Manuel López Obrador amaneció desnudo la mañana del 17 de octubre, la liberación de Ovidio Guzmán expuso los huesos frágiles de su estrategia de seguridad pública y de la neonata Guardia Nacional. 

El gabinete de seguridad nacional, perdido, sin estrategia, confundido, y quizá hasta sorprendido no pudo, no quiso o no supo retener al del hijo de “El Chapo Guzmán”. Era el golpe más importante contra la delincuencia organizada de esta administración. 

AMLO presume que todos los días se reúne el gabinete de seguridad nacional, muy de madrugada, lo que no sabemos es para qué. Lo que sí sabemos es que no es para hacer operativos de detención de delincuentes.

En su noche triste, AMLO se fue a llorar al árbol de Tule en Oaxaca, desde donde exclamó “el gabinete de seguridad dará la información”. No tenía la peregrina idea de lo que pasaba o no quiso compartir la información; miles de familias en Culiacán fueron a dormir sin una explicación oficial, fueron presa fácil de los miles de rumores que circularon en las redes sociales. 

AMLO, político de mil batallas, fue puesto de rodillas por el crimen organizado, comprobó de la manera más dolorosa que la política y el gobierno son dos cosas muy diferentes; para el segundo, no basta el "bla bla bla", la broma fácil y la acusación mezquina hacia el extinto Felipe Calderón. El hijo de "El Chapo Guzmán" lo puso contra las cuerdas, sin capacidad de respuesta, lo chamaqueo.

Fiel a su estilo, AMLO señaló que lo soltó para preservar las vidas, el oficialismo lopezobradorista, hasta de la más indignante derrota de su sexenio, pretendió beneficiarse. 

El junior venció al mito político. Don Gibrán Ramírez, el Chapucero y Fernández Noroña lo justifican, los mexicanos simplemente sentimos vergüenza. 

¿Acaso no se preservan vidas humanas cuando se detienen a delincuentes que lastiman a la sociedad? ¿no es esa la labor de la policía y las fuerzas armadas? o, ¿detuvieron al señor Ovidio nada más para calarle?

El tren de la 4T se descarriló por un operativo fallido que no siguió el libro básico del buen policía, identifico, detengo y extraigo, parece ser que se les perdió la última hoja del manual, no supieron o no quisieron llevarse a Ovidio Guzmán. 

El detalle no es un asunto menor, niños corriendo, señoras con menores en brazos, familias tiradas en la calle, personas refugiadas por largas horas, en tiendas y centros comerciales, búsquedas incesantes en redes sociales de familiares y una letanía de amenazas de los grupos criminales fueron el combustible de la angustia de los culichis. Ante ello, sólo recibieron el indiferente silencio oficial. 

Señor presidente, le debe una explicación y larga, a los habitantes de Culiacán. No se trata de politiquería ni de más mañaneras, tampoco de las renuncias de Alfonso Durazo y el indignado Luis Cresencio Sandoval; se trata de la más elemental de la educación, dar una explicación creíble. Y si es necesario que renuncie el Gymboree que constituye su gabinete. 

Hay quien dice que el gobierno de AMLO no será el mismo después del culiacanazo, que es el principio del fin, por lo pronto el infalible Roy Campos indica es su medición semanal que está semana se sostiene en las encuestas que la 4T goza de cabal salud. Como debe de ser, querido lector, usted tiene la última palabra. Hasta la próxima.

 

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.