En mi fichero tengo un solo registro de la palabra crítica. Aparece en un libro sobre dinosaurios y es un epígrafe del filósofo austriaco Karl Popper:

“La crítica que se hace a nuestras conjeturas tiene decisiva importancia. Al descubrir errores permite entender las dificultades que implica el problema que intentamos resolver”. Aquí me refiero a la crítica política, a la enderezada al gobernante, a sus dichos y sus hechos. La postura exige cualidades, tanto del emisor cuanto del receptor. Platón señala que el hombre que se aventura a opinar sobre otro debe tener tres atributos: conocimiento, buena fe y valentía. La verdadera crítica es un acto de amistad, debe ser productiva, constructiva, donde el opinante responsable en la cosa pública se coloque en el punto de vista del evaluado y siguiendo el instinto de buscar lo mejor.  El ciudadano que se involucra no puede abdicar de ejercer la función judicial de la crítica, palabra que a fin de cuentas deriva del griego juzgar.  Agréguese el arte de persuadir, saber cómo convencer, aunque con frecuencia, harta por desgracia,  topamos con pared, cuando el capricho del enjuiciado predomina sobre la razón.

A ambas partes se pide la mayor objetividad  posible. El contraste de opiniones, indispensable en cualquier negocio, cuanto más si atañe a la comunidad, pide sentido común, tolerancia e independencia, referida la última a no tener preferencias subjetivas. El sometido a crítica ha de tener oídos resistentes para escuchar juicios sinceros sobre sus posturas. Mal asunto si desdeño una opinión: puede tener algo de verdad y acallarla implica que soy infalible.  Ningún razonamiento me ofende, así choque con mis puntos de vista. Pésimo asunto si soy obcecado y testarudo, si estoy casado con las ideas fijas que tengo arraigadas. Obstinación y estupidez son gemelas, dice Sófocles en Antígona.

Algunos apotegmas que vienen al caso. Del refranero de Martínez Kleiser. “Hombre poderoso, su juicio aprobado aunque sea disparatado”. “De necios y porfiados se hicieron mis sobrados”. “No tengo más Dios ni más Santa María que salirme con la mía”. “Ni reprender ausentes, ni adular presentes”. Y de Dicho en México, de nuestro Eduardo Césarman: “Tener algo entre ceja y ceja”. “De sabios es cambiar de opinión”. No vaya a ser que el personaje padezca doxofobia, esto es, miedo a las opiniones.

PabloAveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.