La enigmática personalidad del señor Andrés Manuel López Obrador. No la entiendo, que me la explique un psicoanalista. La veo bipolar. ¿Cuál es la buena?

Una, la de violencia física, mostrada hace hartos años, desde que inicia la carrera política, entre otros hechos, bloqueo a pozos petroleros, toma de cámaras del Congreso de la Unión, invasión del Paseo de la Reforma y rabioso rechazo a reiteradas derrotas electorales, al grado de erigirse “presidente legítimo”. Junto con violencia verbal, ejercida también desde el principio: rosario de dicterios y provocaciones que merece el espléndido artículo de Gabriel Zaid, cuya lectura, indispensable, recomiendo ampliamente: “AMLO poeta”, en Reforma del domingo 24 de junio pasado. Afirmo, sin dudarlo, que el triunfo del pasado mes de julio débese casi totalmente a un discurso vacío de ideas pero lleno de insultos, agresiones, falsedades y verdades presentadas, con maña, a medias. Demagogia pura.

Una vez ganador, el tono cambia por arte de magia: conciliación, amor, virtud, felicidad, paz y hasta el propósito de influir en la conducta de los ciudadanos, que sean buenos y se porten bien si practican los consejos de la... ¡constitución moral!, se imprimirán ejemplares por millones.

Así, las cosas transcurren como balsa en aceite. Parece que el 53% a favor, el 47% adverso y el abultado porcentaje de abstencionistas, o sea todos, ya olvidamos el excéntrico inveterado comportamiento de don Andrés Manuel, hoy presidente electo. Mas en este ambiente seráfico también está presente el daño que proyecta infligir, la acometida a gente inerme. ¿Qué no es eso la rebaja de salarios? Y a ver cómo ajustas el presupuesto familiar, tu nivel de bienestar cae en todos los renglones, vivienda, alimentación, vestido, educación, salud, recreación. Y a ver cómo le haces para conseguir otra chamba, sales de la formalidad y te vas de taxista o estás expuesto a la tentación de lo ilícito. Y haz las maletas porque te largas a otra ciudad con la vieja y los críos, pero si no quieres te liquido y busca cómo sobrevivir.

Pocos rezongan, por ahora, sea en virtud de venganza triunfalista, hueso a la vista para roerlo con austeridad, adhesión ciega, esperanza, miedo o prudencia. Nuestra historia humana se caracteriza por acumular buenas cualidades, como amar, laborar, aprender, etcétera; pero también por cargar, entre el equipaje evolutivo feo, la propensión a someternos a un líder. La historia nos abruma con ejemplos.

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Pablo Aveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.