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Obesidad: el costo podría llegar a 4.15% del PIB en el 2050

La obesidad dejó de ser un problema de salud: eleva costos médicos,
reduce productividad y amenaza con convertirse en una carga estructural

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Foto EE: Archivo

Patricia Ortega

Cristina Covarrubias pasó buena parte de su vida cargando una explicación ajena sobre su cuerpo. Hacía ejercicio con frecuencia, no vivía en una cadena constante de atracones y, aun así, su peso superó durante varios años los 100 kilogramos. A su alrededor, el juicio era automático: era “la gordita”, la mujer a la que se atribuía comer de más.

Hoy, después de perder casi 50 kilogramos y alcanzar un peso adecuado para su estatura y su complexión, su caso sirve para abrir una discusión más amplia. La obesidad no puede seguir viéndose solo como un problema de voluntad, imagen o disciplina personal. Tampoco puede seguir tratándose únicamente como un asunto individual cuando sus efectos ya alcanzan al sistema de salud, a las empresas, a las familias y a la economía nacional.

Cristina cuenta que, tras una lucha de toda la vida, los doctores identificaron en su historia clínica una condición llamada anorexia selectiva, distinta a la anorexia nerviosa, y que relaciona con factores biológicos o neuroquímicos.

Esa complejidad también se refleja en las cifras. De acuerdo con el Observatorio Global de la Obesidad, el costo económico total del sobrepeso y la obesidad en México equivaldría a 2.57% del PIB en 2030 y a 4.15% del PIB en 2050.

Horizonte

En México, la obesidad se consolidó como una de las principales crisis de salud pública. En entrevista con El Economista, el doctor Luis Dorado advierte que la tendencia es preocupante tanto en adultos como en niñas, niños y adolescentes. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2020-2023 ubica en alrededor de 37% la proporción de adultos que viven con obesidad, con una prevalencia mayor en mujeres.

La obesidad aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemias, enfermedad cardiovascular, alteraciones hepáticas y deterioro renal. En términos de política pública, eso significa más consultas, más medicamentos, más estudios, más hospitalizaciones y más presión sobre instituciones que ya operan bajo tensión.

Pero el impacto no se queda en el sistema sanitario. Explicó que la obesidad y sus comorbilidades están asociadas con ausentismo, incapacidad, menor productividad y afectaciones en la calidad de vida que reducen la participación laboral.

El doctor Cabral sostiene que uno de los errores de fondo sigue siendo no considerar la obesidad como una enfermedad crónica grave que requiere un tratamiento específico según el grado de exceso de peso y el estado metabólico del paciente.

Costos ocultos

Durante años, la obesidad fue abordada como si su impacto sólo terminara en la báscula. Sin embargo, su efecto económico se construye en varias capas. Están los costos directos, como la atención médica y el tratamiento de enfermedades asociadas. Los costos indirectos, que incluyen incapacidades, pérdida de horas de trabajo, disminución del rendimiento y menor calidad de vida. A eso se suman costos sociales que recaen en las familias, en los cuidados y en los ingresos del hogar.

Cabral advierte que el estigma todavía pesa en la decisión de buscar ayuda. Muchas personas retrasan la consulta por miedo, por desinformación o por la idea de que acudir a un tratamiento médico implica debilidad o una “salida fácil”. Esa demora permite que avancen la diabetes, la hipertensión y otras alteraciones metabólicas que elevan el costo humano y financiero.

Dorado también plantea que el fracaso del enfoque centrado solo en la dieta parte de una premisa equivocada: asumir que la obesidad es únicamente el resultado de comer en exceso. La evidencia actual muestra otra cosa. Intervienen factores hormonales, biológicos, psicológicos, metabólicos, conductuales y ambientales. Cuando el abordaje ignora esas variables, los resultados suelen durar poco y la recuperación del peso se vuelve frecuente.

Acceso limitado

El manejo clínico de la obesidad ha cambiado. La tecnología abrió nuevas posibilidades de seguimiento con telemedicina, aplicaciones, dispositivos portátiles y monitoreo continuo de hábitos y parámetros metabólicos. En paralelo, medicamentos como los protagonistas del receptor GLP-1 han modificado la conversación al mostrar pérdidas de peso clínicamente relevantes en pacientes seleccionados.

Sin embargo, el avance terapéutico no ha eliminado las brechas. Dorado señala que estos tratamientos tienen un costo elevado para buena parte de la población y su acceso sigue siendo limitado en el sistema público. Además, requieren vigilancia médica y ajustes. Su uso aislado o sin un plan integral puede traducirse en expectativas irreales.

Cabral añade que la cirugía bariátrica o metabólica tampoco debe leerse en clave estética. Desde su experiencia, se trata de una intervención enfocada en salud, control metabólico y calidad de vida. Puede mejorar glucosa, perfil lipídico y riesgo cardiovascular, pero no sustituye el acompañamiento clínico ni el trabajo sostenido del paciente.

No existe una herramienta única para resolver la obesidad. Hay tratamientos eficaces, pero su impacto depende de que estén integrados a un abordaje que incluya nutrición, actividad física, salud mental y metas realistas.

Faltan políticas públicas

En el conversatorio por el Día Mundial de la Obesidad, especialistas como Enrique Caballero, Simón Barquera y Antonio González insistieron en que el problema está ligado también al entorno alimentario, al acceso desigual a opciones saludables y a la falta de atención multidisciplinaria en el primer nivel de contacto.

México ha impulsado medidas como el etiquetado frontal de advertencia, el impuesto a bebidas azucaradas y la restricción de comida chatarra en escuelas. Son acciones relevantes, pero el tamaño del problema exige una mayor capacidad de ejecución.

Diagnóstico

La obesidad dejó de ser un tema periférico para convertirse en un factor que compromete salud, productividad y desarrollo. Cada diagnóstico tardío, tratamiento incompleto y cada política que no se implementa a tiempo terminan elevando una cuenta que pagarán los pacientes, familias, empresas y el Estado.

Atender la obesidad no implica sólo reducir kilos. Implica evitar diabetes, hipertensión, discapacidad y muerte prematura. Implica cuidar el ingreso de los hogares, contener el gasto público y sostener la productividad de una economía que ya resienten el peso.

Patricia Ortega

Coordinadora de Operación Editorial de Suplementos y Ediciones Especiales de El Economista. Licenciada en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió una especialización en Periodismo Económico en la Universidad de Miami, auspiciada por la Fundación Reuters. Ganadora del premio por la "destacada cobertura en finanzas verdes", entregado por la BMV y el Consejo Consultivo de Finanzas Verdes. Ha sido analista de mercados, editora de finanzas y creadora de ranking de negocios, responsabilidad social y mercados, y ha trabajado en la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, Reforma, Excélsior, Mundo Ejecutivo, Expansión, Fortuna, Infosel y Economática.

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