Washington. El tiroteo en la ciudad de El Paso, Texas, y las redadas masivas en Mississippi, dos eventos que ocurrieron con cuatro días de diferencia, dejando un saldo de 22 personas asesinadas el primero, casi 700 inmigrantes arrestados el segundo, y una denuncia inmediata de la política y retórica antiinmigrante del presidente estadounidense, Donald Trump.

En los primeros nueve meses de su gestión, el presidente Andrés Manuel López Obrador no ha sido capaz de enviar un mensaje contundente sobre su política migratoria en las dos áreas que le competen: la migración proveniente de Centroamérica rumbo a Estados Unidos y la protección de la comunidad mexicana migrante en ese país.

Tras un año atropellado, en el que la relación bilateral se ha regido por la presión y los chantajes de Trump, López Obrador llega a su Primer Informe de Gobierno con un solo resultado: la transformación de la frontera sur de México en una extensión de la de Estados Unidos.

La visión de la frontera de México con Centroamérica, ligada a la seguridad interior de Estados Unidos, solía plantearse como parte de una agenda de cooperación entre países, pero con la llegada de Trump ha quedado claro que esto es un ultimátum con consecuencias económicas: o México controla el paso de inmigrantes centroamericanos, o Estados Unidos le impondrá tarifas comerciales.

López Obrador ha respondido como presidente de inmediato a las demandas de Trump con el envío de la Guardia Nacional a custodiar la frontera, la detención de inmigrantes centroamericanos, y aceptando que quienes logran llegar a la frontera norte a buscar asilo esperen una respuesta en territorio mexicano, lo cual viola las normas internacionales de refugio y asilo, y los expone a nuevos ciclos de violencia.

Con dios o con el diablo

Reza un dicho popular que no se puede quedar bien con dios y con el diablo. El presidente de México tiene que corregir el rumbo: uno que priorice la protección de los derechos humanos y que refuerce la seguridad sin militarización.

Es necesaria también una estrategia de negociación con los contrapesos dentro del propio gobierno de EU (Congreso y miembros del gabinete) para que la agenda comercial de la relación binacional no se estanque cada vez que haya un arrebato de Trump.