La revolución tecnológica del siglo XXI ha tenido un impacto significativo en cada uno de los sectores de la sociedad. La incorporación de la automatización, la digitalización, el software en la nube, el uso del big data y de la inteligencia artificial —por mencionar algunos recursos tecnológicos—, a casi todos los servicios y productos, ha acelerado la forma en cómo se relacionan los gobiernos, las empresas y la sociedad civil. El ámbito tributario de todo el mundo es un destacado referente de lo anterior, donde las autoridades fiscales, los contribuyentes, los consultores y los académicos consideran los desarrollos digitales como las mejores herramientas para el cumplimiento.

De acuerdo con el Reporte de Competitividad Global 2018 del Foro Económico Global —que hace un análisis sobre la madurez de los países para adoptar nueva tecnologías— México se encuentra en la posición 71 de los 140 países evaluados. Ante este panorama, los gobiernos en América Latina se están transformando para hacer mucho más eficientes sus procesos. Ejemplos hay muchos y es que, ante esta apremiante ola de transformación, el reto básicamente es innovar o desaparecer. En ese sentido, el sector fiscal (tradicionalmente ligado a procesos sumamente burocráticos) no puede quedarse atrás. ¿Pero exactamente cómo podría dicho sector mantener el paso?

El año pasado, Thomson Reuters realizó una encuesta a 350 profesionales fiscales a nivel global y uno de los hallazgos es que 96% de los contadores espera que la tecnología cambie su rol dentro de los próximos 10 años, considerando que los servicios en la nube y datos en tiempo real son los que mayor impacto generarán. De hecho, los encuestados consideran que la tecnología automatizará las tareas clave de contabilidad, tales como los estados financieros, la recopilación de datos y las declaraciones de impuestos durante la próxima década.

Pensando en este escenario, ¿qué se puede hacer en México? El país se encuentra ante un panorama interesante en cuanto a su sistema tributario. Con la llegada de la nueva administración, e inminentes reformas tributarias, las empresas y los profesionales fiscales deben adaptarse a dichos cambios, contar con las herramientas necesarias, y estar a la altura del nuevo paradigma. Sobre esa línea, podríamos considerar que hay tres grandes tendencias que son el parteaguas de la evolución del sector fiscal a nivel global y que nos impactarán localmente: (1) la tecnología está automatizando parte de las tareas de conocimiento humano, pues ya es capaz de realizar cálculos y preparación de impuestos a prueba de error, por ejemplo; (2) Los requisitos de cumplimiento y presentación de informes serán cada vez más estrictos por parte los gobiernos de todo el mundo, esto creará la necesidad de software y servicios que suministren supervisión global, control del flujo de trabajo y comunicación sin fallas, y (3) la información será tratada cada vez más como commodity; habrá una mayor demanda de análisis de datos para generar insights a partir de grandes volúmenes de datos, así como prácticas de asesoramiento más escalables.

Muchas tendencias tecnológicas acompañarán estos cambios en materia fiscal. Entre ellas, está la transición hacia el cloud computing, o la computación en la nube, que elimina la necesidad de hardware en el sitio y respalda la necesidad de interconectividad y movilidad, ya que permite que los profesionales fiscales accedan a la información desde una fuente fácilmente disponible, segura y conectada permanentemente. Otra gran tendencia es el big data, que se ha convertido en algo común en las empresas, organizaciones e incluso en la vida cotidiana. Gracias a esta tecnología, los profesionales pasaron no sólo a recolectar grandes volúmenes de información, sino también a captar aquellos datos de calidad que les permiten tomar las decisiones acertadas en un mundo cada vez más complejo.

La tecnología llegó para quedarse en todos los ámbitos de nuestras vidas, y no sería distinto en el sector fiscal. Todos estos recursos colaboran para que al profesional fiscal le quede el rol de revisor, agregando valor a través de los análisis estratégicos y de la resolución de las cuestiones complejas, en vez de tener que abocarse a la manipulación de datos y la recopilación manual de información. Alcanzar dicho nivel de digitalización no es imposible, pero requiere, principalmente, disposición y apertura de parte de los profesionales para adoptar una nueva forma de pensar y de trabajar.

Lo cierto es que ya no quedan fronteras entre la tecnología y la gestión fiscal, y aquellos profesionales que se actualicen e incorporen las nuevas tecnologías serán los más preparados para navegar en este nuevo escenario. Sobre este tema, la doctora Margarita Ríos-Farjat, jefa del Servicio de Administración Tributaria de nuestro país, en entrevista a la revista Puntos Finos, declaró que: “Estamos frente al reto de continuar evolucionando tecnológicamente en beneficio de los contribuyentes, y además mantener la fortaleza institucional”.

*Consultor de Estrategia Editorial Thomson Reuters en México.