Cancún, QR.  El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) emitió su posicionamiento respecto  al Tren Maya, en el cual señala que “las obras conexas implican numerosos riesgos e impactos ambientales en todo el sureste mexicano, zona de alta riqueza biológica e importancia para la conservación y protección de la selva maya, del acuífero y de la biodiversidad”.

Adelantan que la falta de certeza sobre el trazo final del proyecto impide identificar los impactos puntuales que se pudieran ocasionar al hábitat y a los ecosistemas terrestres y costeros, sin embargo aseguran que es posible identificar que las obras causarán diversos riesgos e impactos ambientales en Chiapas y Tabasco, selvas altas, pantanos y sabanas.

“En la Península de Yucatán impactará los macizos de selva más grandes y en mejor estado de conservación de México y Mesoamérica, áreas con manglar y otros humedales. Estos ecosistemas sufrirán alteraciones (degradación, fragmentación y deforestación) asociadas con la construcción, circulación y desarrollo propuesto por el proyecto del Tren Maya”, puntualizan.

El Tren Maya, aseguran, abarca más de 50 municipios y cinco estados del sureste mexicano (Chiapas, Tabasco, Yucatán, Campeche y Quintana Roo), donde viven actualmente diversas poblaciones indígenas y campesinas, además de ser una de las zonas más biodiversas del mundo. “El ferrocarril atravesará por la selva maya-segundo pulmón forestal de América Latina después de la Amazonia-, fragmentándola y causando impactos irreversibles a la vegetación, al suelo, al agua y a la biodiversidad”.

Señalan que la “consulta indígena” del 15 de diciembre del 2019 sobre el Tren Maya no fue convocada con el propósito de obtener el consentimiento de los pueblos y comunidades indígenas, como establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, además de no haber sido previa, culturalmente adecuada, informada, ni de buena fe.

Impactos ambientales

En el ámbito ambiental advierten que uno de los principales efectos será la fragmentación del territorio, ya que el tren romperá y dividirá los ecosistemas terrestres de la Península de Yucatán; afectará Áreas Naturales Protegidas (incluidas las Reservas de la Biosfera de Sian Kaan y Calakmul), regiones terrestres prioritarias, 11 regiones hidrológicas prioritarias y 10 áreas de importancia para la conservación de las aves.

Según el CEMDA, las obras acrecentarán la pérdida de conectividad ecológica entre las áreas de conservación, favoreciendo la reducción de la cobertura boscosa, el aislamiento de las poblaciones de flora y fauna, la interrupción de los corredores biológicos, el cambio de microclimas, la transformación del hábitat y la extinción de especies.

“La fragmentación de los ecosistemas se puede presentar a tal grado que podría convertirlos en áreas biológicamente degradadas e inhóspitas”, sentencian.

Anticipan que se afectarán diversos cuerpos de agua superficiales, entre los que destacan lagunas perennes e intermitentes, zonas de inundación, aguadas, escurrimientos temporales y humedales, sobre todo en los municipios de Benito Juárez, Tulum, Felipe Carrillo Puerto, Pedro Antonio Santos, Bacalar y Othón P. Blanco del estado de Quintana Roo y Calakmul del estado de Campeche.

Sobre la zona de Calakmul que el propio Fondo Nacional de Fomento al Turismo ha reconocido como la zona más delicada para el proyecto, el CEMDA refiere que el propio Consejo Nacional de Ciencia y la Tecnología ha determinado que el Tren Maya tendrá un impacto negativo en los servicios ambientales que brindan los ecosistemas que serán afectados, en particular en el anillo de cenotes denominado en el 2013 como reserva geohidrogeológica y en las selvas de la región de Calakmul, donde las aguas cosechadas son transportadas y acumuladas para, en algún momento, fluir hacia los principales sistemas costeros de la Península de Yucatán.

Según el CEMDA también es previsible un incremento poblacional por los nuevos centros urbanos que se detonarán en torno a las estaciones del tren, lo cual a su vez acelerará el cambio de uso de suelo en toda la Península de Yucatán, afectando la cobertura forestal.

Sobre la incorporación de tierra para el proyecto, el CEMDA señala que las personas que tienen propiedades sobre el área del proyecto podrán participar en un fideicomiso Tren Maya, aportando en dotación sus tierras, como soporte material y financiero, lo cual implicará que la tierra se vuelva propiedad del fideicomiso.

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