Durante su participación en la Cumbre Climática convocada por el presidente estadounidense Joe Biden para este jueves y viernes, el gobierno mexicano tiene la oportunidad histórica de plantear una ruta que pongan al país en la sintonía global de combate al cambio climático particularmente en materia energética, con lo que aliado con Estados Unidos se convertiría de nueva cuenta en una potencia en este rubro, consideró Luis Manuel León Hernández, especialista en justicia climática.  

El experto explicó a El Economista que en primera instancia se puede medir que esta cumbre internacional es de carácter histórico porque se observa el interés particular de Estados Unidos que es una potencia económica, política y energética, de tener una cumbre fuera del multilateralismo de Naciones Unidas, por el genuino interés del presidente,  aunque alineado al acuerdo de París.  

La cumbre albergará de manera virtual mediante la convocatoria del gobierno estadounidense a 40 líderes mundiales de países entre los que se incluyen China, India, Brasil, Rusia y al Papa Francisco, que generan el 80% de la contaminación atmosférica. La agenda del presidente Joe Biden incluye la justicia ambiental y una revolución energética, además de que ha mencionado que parte de la reactivación económica va a girar en términos ambientales, con una inversión proyectada de 1,700 millones de dólares en temas de economía limpia, libre de emisiones al 2050 haciendo frente a los grandes contaminadores que en sus procesos dañan a los derechos de las minorías y la creación de 10 millones de empleos verdes en esta administración.  

“Estados Unidos está comprendiendo que el cambio climático es una cuestión de seguridad global y de Estados Unidos y a diferencia del gobierno anterior, la política ha dado un giro total hacia la comprensión de que no puede haber transición sin justicia ambiental”, dijo, “es muy positivo que Estados Unidos asocie seguridad, energía y medio ambiente, para la agenda multilateral”.  

Entre los países con más emisiones de gases de efecto invernadero, México ocupa el lugar número 12 y al estar dentro de la primera docena de países que mayormente contaminan tiene una responsabilidad local y global, por lo que hay que darle un seguimiento importante a esta cumbre respecto a los planteamientos de México, particularmente en el aspecto energético.  

Tan sólo entre 2001 y 2013, 2.5 millones de personas en México han sido afectadas por fenómenos de la naturaleza producto del cambio climático. Las pérdidas en este sentido se han elevado a 338,000 millones de pesos e independientemente del modelo de política pública y regreso a la soberanía sobre los recursos, el país tiene la oportunidad de alinearse a una agenda económica sustentable para el futuro.  

El país tiene en tanto una dualidad de modelos de política energética: una visión global que rebasa la cuestión de soberanía nacional y una visión regional muy sustentada en América Latina, de países que han buscado la restitución de sus recursos. Según el especialista, México debe jugar el rol global y se puede considerar en años anteriores como una potencia diplomática en términos ambientales.  

“En la política energética los temas no van acerca de la propiedad de los recursos sino que en el contexto climático va más allá de inversiones, se trata de derechos humanos en que temas como soberanía y fronteras se quedan cortos ante la amenaza real que es el enemigo común: el cambio climático. México tiene la oportunidad de volverse un líder en este tema, una vez más, habrá que prestar atención a las propuestas que se realicen que ojalá sean a favor de una sinergia positiva para el largo plazo y el beneficio de las nuevas generaciones, con Estados Unidos”, dijo finalmente el experto.

karol.garcia@eleconomista.mx