La neutralidad de la red —concebida en su principio básico como el tratamiento idéntico e imparcial para todo el tráfico que viaja sobre internet y sin ninguna degradación o discriminación entre una y otra aplicación— puede terminar contagiándose de los efectos provocados por la contingencia por el coronavirus Covid-19, ante la determinación de los reguladores nacionales y las propias empresas de telecomunicaciones de priorizar aplicaciones de salud, educación o aquellas relacionadas con el sector productivo sobre otras plataformas de entretenimiento.

Por donde se ha ido propagando el nuevo coronavirus y conforme los gobiernos han ordenado o recomendado el aislamiento y el teletrabajo, las redes de comunicación han llegado a picos máximos de tráfico de datos.

En Chile, por ejemplo, el tráfico sobre las redes se disparó 30% en la última semana; en España, el segundo país más afectado de Europa por el Covid-19, el tráfico de WhatsApp se multiplicó por siete. En Argentina, que este viernes 20 de marzo empezó una cuarentena “total” de un mes, las aplicaciones de videoconferencia aumentaron en 110% su tráfico desde el 16 de marzo. Y Francia dispondrá que YouTube, Facebook y Netflix, que aglutinan el 80% del tráfico en un día normal allí, reduzcan su ancho de banda consumida.

Estas acciones obedecen a un interés de proporcionar el mayor ancho de banda posible para aplicaciones de salud o para sistemas de emergencia y el teletrabajo, una priorización que sobre todo significa un impacto para la neutralidad de la red como ha sido entendida. Incluso, Netflix y YouTube, los gigantes del contenido on demand y que han defendido a neutralidad de la red en todas las latitudes, confirmaron que por decisión propia disminuirán la calidad y velocidad de sus contenidos, un esfuerzo para evitar que las redes colapsen por causa suya.

En México, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) —constantemente torpedeado por ONGs y legisladores por una supuesta inacción o no correcta conducción en temas de neutralidad de la red— estima que el espectro radioeléctrico para uso comercial asignado a los operadores, unos 520 MHz para explotación inmediata, resultaría suficiente para atender la demanda del tráfico que se genere en los tiempos del coronavirus y las empresas, entre ellas AT&T, Telcel y Telefónica, han asegurado que sus infraestructuras se encuentran en estado óptimo para un eventual sobresalto aquí.

Además de la disponibilidad adicional de espectro, quedaría por conocer qué más hará el regulador IFT por aumentar la capacidad de las redes, todo dentro de sus atribuciones regulatorias y constitucionales, como la posibilidad de acelerar procesos de construcción de infraestructura o posponer revisiones a la competencia en el mercado en tanto perdure la emergencia sanitaria.

Desde la industria los analistas coinciden en México existe suficiente capacidad para atender a los conectados. El país tiene 56% de sus hogares con algún tipo de conexión a internet y 44% de las casas cuentan con una computadora.

México tiene 80 millones de personas con acceso a internet. El problema está con aquellos trabajadores cuya función productiva tiene poca o nula relación con internet y el teletrabajo, que son alrededor de 25 millones de mexicanos; y también en cómo se presta un servicio de educación a distancia o telemedicina con conexiones de 10 Mbps —hasta hace unos años las velocidades de conexión eran de 5Mbps—, aunque hay quien navega a 20 Mbps en adelante.

Este diagnóstico hace notar que las compañías se verán obligadas, de ocurrir el escenario de que la emergencia sanitaria se extienda más allá de un mes, de priorizar o diferenciar una aplicación sobre otra, otra vez, con efecto directo en la llamada neutralidad de la red, exponen analistas, ingenieros y exreguladores de telecomunicaciones, todos extranjeros, ajenos a la polémica que la defensa de la neutralidad de la red, en sus términos utópicos, ha causado en México en el último semestre:

“No parece que en el corto plazo se hagan cambios en las políticas de administración del tráfico, pero si ese tráfico se incrementa de manera desproporcionada a favor del video o el entretenimiento y se extiende por más de un mes, allí sí sería necesario hacer una gestión del tráfico y cada gobierno tomará una decisión, justificada en temas de seguridad pública y salud de la población y para mantener en forma, en la medida de lo posible, el aparato productivo de la economía”, dijo Gerardo Mantilla, analista en Artifex Consulting.

“Varias de las medidas que tomen los operadores se relacionarán con la neutralidad de la red. El concepto de neutralidad de la red está en cuestionamiento hoy. Más allá de lo que genera el coronavirus, la llegada de 5G ya puso en tensión el concepto de neutralidad con tecnologías como network slicing, una de las propuestas que tienen en cartera los operadores para servicios corporativos (…) Debería así repensarse el concepto de neutralidad de la red frente al avance tecnológico y en casos puntuales, como el actual del coronavirus, pero previniendo que no se prohíba el acceso a determinados contenidos”, dijo Juan Gnius, analista en la firma Telracom.

“Cuando hay un aumento del 40% del tráfico IP, puede generarse cierta congestión en las redes y se vuelve necesario priorizar y esta priorización puede ser voluntaria. Pero cuando hay situaciones excepcionales se requieren medidas excepcionales, aunque se esté vulnerando la neutralidad de la red. Cuando se declara el Estado de sitio, también se vulneran las libertades individuales… pero todo va a depender del avance y el grado de las medidas que se tomen, si es necesario”, dijo Enrique Carrier, jefe en la consultora Carrier y Asociados.

Rodrigo Ramírez Pino, viceministro de telecomunicaciones de Chile en el gobierno de Michelle Bachelet, dijo que las redes de comunicación se proyectan con distintos patrones en los diferentes mercados y para ello ejemplifica que no existe la misma demanda de red al mediodía en la Ciudad de México que en Guadalajara y que no es el mismo consumo en verano que en invierno, ni tampoco el consumo de la costa de Yucatán al de las Californias.

Ramírez Pino añadió que, de manera “natural”, las redes pierden capacidad en su operación diaria, pero que sin duda una cuarentena provocada por el Covid-19 moverá los patrones de consumo, obligando a los operadores a una diferenciación del tráfico que viaja por las redes, como desde años atrás estas compañías han venido sosteniendo como una necesidad para mantener en estado óptimo a éstas y las inversiones en la construcción de infraestructuras y pagos por el uso de los puntos de interconexión para salida del tráfico.

“¿Tendremos capacidad para toda la demanda? La respuesta es que los recursos son finitos y no se piensa el usuario que el recurso es finito y eso es relevante, sobre todo cuando en América Latina más del 70% de todo el tráfico de la red son precisamente datos. ¿Y qué tipo de datos? Pues stream por video, YouTube, Netflix y todas las plataformas de streaming de video. Entonces sabemos que tenemos un uso de la red a partir del dato y del streaming en video en particular y un uso bastante más enfocado a la entretención y a la mensajería instantánea que a cualquier uso productivo”, dijo Ramírez Pino.

Marina Rosso Siverino, presidente de la Comisión de Tecnología, Innovación y Transformación Digital del Centro Argentino de Ingenieros, estima que habrá lugares donde el homeworking y toda la información sobre la pandemia comenzará a saturar las redes, pero no será en toda América Latina, porque los gobiernos y empresas trabajaron mucho en el pasado más en digitalización de trámites, pero menos en que los empleados trabajaran desde casa y todavía menos en acciones para que los trabajadores ingresaran con seguridad desde el exterior a los propios sistemas de las empresas.

Rodrigo Ramírez Pino coincidió en este particular, pues asegura que no todas las oficinas de gobierno están digitalizadas de manera pertinente, ni existen las leyes laborales y mucho menos las condiciones tecnológicas. Esto sólo redundaría en una forma “precaria” de home office, dice.

Rosso Siverino prevé que por el Covid-19 los problemas de congestión en las redes ocurrirán en los tramos de la llamada última milla y en los nodos de red, y que también será a causa de las aplicaciones de video por entretenimiento.

El reto está, dijo, en que “no habría tiempo ni recursos técnicos por ahora para poder discriminar tráfico, aunque los operadores van a tratar de hacerlo, pero los usuarios no lo van. También será interesante ver las curvas de tráfico de internet que van a dar picos las 24 horas del día y eso será un dolor de cabeza para manejar el tráfico. Así, en mi opinión la neutralidad de la red no existirá”.

Ramírez Pino consideró que el coronavirus no colapsará las redes mexicanas de comunicación, además porque todavía existe una diferencia entre banda ancha y una simple conexión a internet por las velocidades de navegación aquí. Pero de cara al futuro quedarán las interrogantes de cómo construir más redes y modelos que permitan gestionar el tráfico de distintas maneras y cómo todo esto impactará al concepto de la neutralidad de la red que algunos defienden.

Mientras, a reguladores y operadores, toca “trazar un camino común, con esfuerzo público y privado, en donde no prive la sanción del derrote, pero sí el sentido común ante una situación de emergencia como el coronavirus y pensar en una disciplina digital (…) porque la carrera apenas empieza”.

 

 

kg