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El Empresario

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De guardar efectivo a generar valor: La nueva versión de la tesorería pyme

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Durante años, miles de pequeñas y medianas empresas (pymes) han asumido que la tesorería es simplemente el área encargada de administrar los recursos financieros y buscar la supervivencia de la operación: pagar nómina, cubrir a proveedores y mantener el negocio en marcha. Esa visión, aunque funcional, deja fuera una pregunta clave que pocas veces se formula: ¿qué pasa con el dinero que hoy se tiene pero que no se va a utilizar?, ese efectivo que descansa en la cuenta bancaria.

La respuesta es sencilla: ese capital se erosiona. La inflación y el costo de oportunidad trabajan en silencio, debilitando el valor del dinero inmóvil. Y mientras las pymes se concentran en “sobrevivir el día a día”, una parte de sus recursos pierde potencia sin que nadie lo note.

Para contrarrestar esta situación, en los últimos años ha comenzado a gestarse un cambio silencioso: la transición de una tesorería estática a una tesorería activa que genera valor. Este giro no depende del tamaño de la empresa, sino de la capacidad de reconocer que no todo el efectivo tiene que estar disponible en todo momento.

El primer paso es identificar el excedente: ese monto que no será necesario para la operación inmediata y que, bien administrado, puede convertirse en un motor financiero. A partir de ahí, el concepto de tesorería adquiere una nueva dimensión.

Para las pymes que deciden dar este salto, la gestión de su dinero se divide principalmente en dos horizontes que le abren el mundo de la inversión:

1. Por un lado, las inversiones de corto plazo que permiten utilizar instrumentos de alta liquidez para recursos que podrían necesitarse en días, semanas o meses. Esto ayuda a que el dinero al menos mitigue los efectos de inflación.

2. Por otro lado, las inversiones de mediano y largo plazo resultan ideales para atender obligaciones previsibles, así como otros compromisos laborales programados. Son flujos conocidos que pueden colocarse en instrumentos con mejores rendimientos, elevando la eficiencia de la tesorería.

La previsión social —un rubro que suele quedar fuera de la estrategia financiera— encuentra aquí un espacio valioso. Los fondos o cajas de ahorro estructurados como beneficios para los colaboradores, al no formar parte del flujo operativo, pueden gestionarse con una lógica más eficiente. Canalizarlos hacia inversiones de plazo mayor, no solo protege esos recursos, sino que eleva el estándar con el que las empresas cumplen sus compromisos laborales.

Esta alternativa es todavía un terreno poco explorado por muchas pymes, en buena medida por desconocimiento o por miedo a perder control. Pero la realidad es que administrarlo de forma estratégica no solo preserva el poder adquisitivo, sino que ordena la gestión financiera y aligera la carga operativa.

Todo esto apunta a un cambio profundo: dejar de ver la tesorería como un “cajón de resguardo” y comenzar a entenderla como una palanca estratégica. Una herramienta que, cuando se usa con orden y disciplina, permite que empresas de cualquier tamaño enfrenten ciclos económicos adversos con mayor estabilidad y que, incluso en periodos de incertidumbre, encuentren oportunidades para fortalecer su posición financiera. En este sentido, gestionar activamente la tesorería no es un ejercicio reservado para grandes corporativos, sino una decisión inteligente que da a las pymes control, anticipación y una estructura financiera más robusta. En otras palabras: el dinero ya no solo sostiene la operación; también puede impulsar el crecimiento

*Miguel Ángel Tejeida, Director Ejecutivo de Mercados e Inversiones de Banca Transaccional de Banorte.

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