La guerra en el Banco Central Europeo (BCE) es total entre los miembros a favor de una política monetaria expansiva (palomas) y el ala dura, contraria a los estímulos (halcones). El presidente del Bundesbank, el gobernador del Banco de Austria y el de Holanda son sólo algunos de los personajes que han mostrado su oposición al último paquete de estímulos anunciado por la institución.

La división ya trasciende al actual Consejo de Gobierno, y ha alcanzado a los antiguos banqueros centrales. Hasta seis exmiembros del órgano de decisión del BCE firmaron un duro memorándum en el que critican la gestión de la política monetaria del organismo, que observan con “una creciente preocupación”. Todo ello, en la misma semana en la que Mario Draghi, el presidente saliente de la institución con sede en Frankfurt, pidió en su entrevista con Financial Times que no se aireara públicamente la división de opiniones en el BCE.

Los grandes halcones Otmar Issing y Juergen Stark, execonomistas en jefe del BCE, son la punta de lanza de una lista que completan nombres como Hervé Hannoun, exsubgobernador del Banco de Francia; Klaus Liebscher, exgobernador del Banco de Austria; Helmut Schlesinger, expresidente del Bundesbank y Nout Wellink, exgobernador del Banco de Holanda.

Los banqueros centrales acusan a la institución europea de haber pervertido el mandato de estabilidad de precios que sigue desde su creación. “El BCE ha alterado la definición actual de estabilidad de precios al considerar que una inflación de 1.5% es inaceptable”, dicta el documento, que recuerda que el objetivo del organismo era originalmente mantener la variación de precios por debajo de 2 por ciento.

El memorándum critica los estímulos extraordinarios adoptados desde el 2014, año en el que las tasas de interés del BCE perforaron la barrera de 0 por ciento. “Nunca ha habido ningún peligro de espiral deflacionista, por lo que la política monetaria del BCE se basa en un diagnóstico erróneo”, indican los exbanqueros, que sostienen que el argumento esgrimido por Draghi, de que el BCE estaría incumpliendo su mandato si permite la baja inflación, es “impreciso”.

El documento es especialmente duro en su valoración del reinicio del programa de compras de deuda anunciado por la institución monetaria para este noviembre. “Después de años de compras de bonos, es difícil que genere algún efecto positivo sobre el crecimiento”, escribieron, y agregaron que “es difícil entender la lógica de volver a las compras de deuda”. Pero los antiguos miembros del Consejo de Gobierno del BCE van más allá, al acusar al organismo de entrar en el terreno de financiar el gasto público, algo que recordaron que “está estrictamente prohibido”.