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Bistronomie

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El lujo de esperar: Vinos que pasan décadas en silencio antes de llegar a la copa

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Conservar un vino durante 40, 50 o hasta 70 años exige mucho más que una buena cosecha. Requiere viñedos excepcionales, una selección rigurosa de las mejores uvas y una filosofía que muy pocas bodegas en el mundo pueden sostener. Marqués de Riscal ha convertido esa paciencia en uno de sus mayores patrimonios.

Diego López

Hay vinos que acompañan una comida y otros que cuentan la historia de varias generaciones. Abrir una botella de Marqués de Riscal 1956 no es únicamente descorchar una de las grandes etiquetas de España; es comprobar que el tiempo, cuando se combina con una viticultura excepcional y un cuidado obsesivo, puede convertirse en el mejor aliado del vino.

Durante una entrevista con Bistronomie, Ricardo Diéguez Jiménez de la Espada, director general y CEO de Bodegas de los Herederos del Marqués de Riscal, explicó que el verdadero valor de los llamados vinos viejos no radica únicamente en su edad, sino en todo el trabajo que comienza décadas antes de que una botella llegue a una mesa.

Frente a una botella de la cosecha 1956, cuidadosamente degollada para retirar los sedimentos acumulados durante casi siete décadas de guarda, quedó claro que un vino de esta naturaleza no puede improvisarse. Cada botella representa decisiones tomadas en el viñedo, en la bodega y durante años de conservación, un patrimonio que pocas casas vinícolas han logrado preservar. 

Los grandes vinos nacen mucho antes de la barrica

En el mundo del vino existe una regla inquebrantable: el tiempo no mejora un vino mediocre. Para que una botella pueda evolucionar durante décadas necesita partir de una materia prima extraordinaria.

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Ricardo Diéguez Jiménez de la Espada, director general y CEO de Bodegas de los Herederos del Marqués de RiscalCortesía

Diéguez explica que Marqués de Riscal ha construido esa reputación seleccionando únicamente las mejores parcelas y las mejores cosechas para elaborar sus etiquetas más emblemáticas. En el caso de Reserva Médoc (RM), la bodega trabaja con un ensamblaje procedente de viñedos centenarios donde se seleccionan los mejores Tempranillo y Cabernet Sauvignon. Mientras tanto, los XR nacen únicamente de los mejores tempranillos de cada añada, elegidos barrica por barrica tras un largo proceso de evaluación. Pero la diferencia más importante ocurre después de la vendimia.

Mientras muchas bodegas necesitan comercializar rápidamente sus vinos, Marqués de Riscal decidió conservar durante generaciones algunas de sus mejores cosechas, almacenándolas bajo estrictas condiciones de temperatura, humedad y oscuridad para permitir una evolución lenta y natural.

Esa decisión implica inmovilizar durante décadas un patrimonio económico considerable, además de asumir los costos de conservación y el riesgo que representa custodiar un vino durante medio siglo o más. Muy pocos productores en el mundo pueden darse ese lujo.

"Tenemos un tesoro que hemos gestionado nosotros mismos durante décadas y ahora queremos compartirlo con el mundo", explica Diéguez. 

El patrimonio líquido que ahora comenzará a abrirse

Después de más de 160 años de historia, Marqués de Riscal inicia una nueva etapa enfocada en sus vinos de alta gama y, especialmente, en ese archivo histórico que la bodega ha protegido generación tras generación.

De acuerdo con Ricardo Diéguez, la estrategia contempla comenzar a comercializar de forma muy limitada barricas y vinos históricos destinados exclusivamente a restaurantes de prestigio, coleccionistas, inversionistas y amantes del vino que entiendan el valor de conservar estas piezas.

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Marqués de Riscal 1956Cortesía

El proyecto también contempla la creación de una membresía privada que permitirá a sus integrantes acceder a experiencias irrepetibles dentro de la bodega, incluyendo degustaciones de etiquetas históricas y la posibilidad de adquirir botellas que normalmente permanecen fuera del mercado.

La iniciativa busca posicionar este patrimonio enológico mediante eventos exclusivos, subastas internacionales y activaciones en ciudades como Shanghái, Ciudad de México, Nueva York, Miami, Ginebra y Londres, donde la bodega pretende mostrar que los vinos viejos también representan una forma de patrimonio cultural.

La filosofía detrás del proyecto es sencilla: algunos vinos no fueron creados para venderse inmediatamente, sino para esperar el momento adecuado. Y pocas bodegas han tenido la disciplina para hacerlo.

Al observar cómo una botella de 1956 vuelve a respirar antes de llegar a la copa, resulta evidente que el verdadero lujo del vino no siempre está en el precio, sino en la capacidad de esperar. Marqués de Riscal demuestra que la excelencia todavía puede medirse en décadas. Porque un gran vino viejo no es solamente una bebida extraordinaria: es el resultado de generaciones enteras que decidieron conservar el tiempo dentro de una botella.

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