América Latina y el Caribe (ALC) es la región más afectada por la pandemia de Covid-19, superando el promedio de casos y muertes en el mundo. Si bien la región representa el 8.4% de la población mundial, al 23 de septiembre de 2021 se reportaron más de 46 millones de casos (20% de los casos del mundo) y casi 1.5 millones de muertes relacionadas (31.2% de las muertes del mundo).

Frente a este desafío, la vacunación representa una de las acciones más importantes para poder salir de la emergencia y retomar actividades, sin embargo la región enfrenta todavía desafíos en producción, acceso, almacenamiento y distribución. Todo esto ha generado grandes desigualdades en la región, por ejemplo, países como Aruba, Chile y Uruguay han vacunado aproximadamente al 75% de su población, mientras Venezuela, Guatemala y Santa Lucía reportan niveles de cobertura por debajo del 25%; Nicaragua, por debajo del 8% y Haití, por debajo del 1%, mientras que México presenta un avance del 40 por ciento.

Por lo anterior, la UNESCO dio a conocer el informe Covid-19 y vacunación en ALC: Desafíos, necesidades y oportunidades, mismo que pretende generar mayor evidencia y hacer recomendaciones para el diseño de política pública y la toma de decisiones al respecto.

Para México destacan detalles como que en su plan de vacunación no incluye como prioritarias a todas las poblaciones en situación de vulnerabilidad. Por ejemplo, personas privadas de la libertad y con discapacidad van en una fase intermedia de la vacunación, pero ni siquiera existe información sobre indígenas, afrodescendientes, población en situación de movilidad urbana o en situación de calle. Lo anterior aumenta las barreras en atención de salud y amplía las brechas de desigualdad. Sobre la producción de vacunas, México exporta 24 millones de dólares en vacunas y Birmex está en posibilidad de generar hasta 100 millones de vacunas al año.

En entrevista para El Economista, Gabriela Ramos, directora general adjunta para Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO, asegura que hace 18 meses nadie hubiera pensado que la pandemia continuaría, que iríamos en una tercera ola y al mismo tiempo, que gracias a la ciencia, en menos de un año ya tendríamos seis vacunas, por ejemplo, la vacuna del ARN estuvo en investigación por diez años en Alemania, pero simplemente no dio ningún resultado, por lo que los laboratorios dejaron de invertir en ese tipo de tecnologías, pero quién lo diría que años después sería lo que permitió que en menos de un año se pudiera lograr esta vacuna.

Estas soluciones planteaban un camino para poder controlar la epidemia en cierto periodo, sin embargo al no haber equidad en la distribución estamos lejos del fin.

En este sentido Gabriela Ramos explica que “las vacunas usualmente requieren una inversión muy alta y por ello las empresas farmacéuticas no siempre deciden invertir en este primer pago, ahí fue donde los gobiernos pusieron ese primer capital”.

El problema ahora es que tenemos estos grandes descubrimientos, pero no una distribución equitativa a nivel mundial. A eso se debe que la UNESCO haga un llamado para “considerar a las vacunas como un bien público global, es decir que todo mundo pueda tener acceso sin restricciones por el mercado”. 

Dice que aunque la tecnología que las farmacéuticas han desarrollado es un punto clave, fue el dinero público el que logró que se hicieran en tiempo récord. En ese contexto, las vacunas debieran estar disponibles para todos, por lo que, prioriza, se propone liberar las patentes. “Se debe reconocer que las capacidades y la producción de las farmacéuticas es limitada y el acaparamiento es altísimo, porque dos o tres veces se han vacunado los países avanzados mientras países en África o América Latina tienen grandes rezagos”, contrasta.

Es necesario implementar mecanismos de solidaridad y en un contexto de pandemia no podemos estar limitándonos por las leyes del mercado, señala. “La forma de la producción y distribución de las vacunas que ser rige por las patentes de un tiempo normal no está dando los resultados, porque no se dan abasto los productores, porque lo que se produce se acapara y al final del día estamos siendo lentos en vacunar a las grandes poblaciones del mundo”.

Apostar por la ciencia

La representante de la UNESCO reflexiona: “la crisis del Covid vino a cuestionar muchos de nuestros modelos en el sentido de que tenemos que apostarle a la ciencia, tenemos que invertir más en ella, contrario a ello el gasto en América Latina es bajo, en México es bajo, en contraste lo que nos está salvando es la ciencia”.

Dice que con menos del 1% del PIB en México de inversión en ciencia no será posible enfrentar retos como cambio climático, migración o problemas de salud.

La UNESCO tiene una recomendación de la que México no está exento. Habla sobre los científicos y su investigación, y como los países miembros se comprometen a generar un ambiente propicio para ello, para que se tengan espacios adecuados y sean respetados. “Por eso nos preocupa el tema de los 31 científicos acusados en el país, respetando la prerrogativa del gobierno mexicano, sí hay un llamado de precaución, porque esto puede tener impactos muy negativos para lo que hoy se espera, generar más respuestas basadas en la ciencia”.

nelly.toche@eleconomista.mx