En una fascinante entrevista con Emma Watson, Malala Yousafzai, quien recibiera el Premio Nobel de la Paz en el 2013 por su valiente defensa del derecho de las niñas a la educación, declaró hace unos días que se reconoció como feminista al escuchar el discurso de la actriz ante las Naciones Unidas, en el lanzamiento de la campaña He for She (Él por Ella).

Más allá de la admiración que inspiran Malala por su valentía y fortaleza, Watson por su naturalidad e inteligencia llama la atención que ambas se refieran al feminismo como una palabra incómoda , con la cual, sin embargo, se identifican. La incomodidad no remite al sentido del término ni a la toma de posición que supone. Tanto la actriz británica como la activista paquistaní han actuado y actúan como feministas, promotoras convencidas del derecho de las niñas y jóvenes a la educación y a la igualdad de oportunidades. La dificultad se refiere a las reacciones adversas, a las malas interpretaciones que todavía surgen, a modo de protesta o defensa, cuando alguien se pronuncia feminista . Feminismo no es odio hacia los hombres , afirmó Watson el año pasado. Feminismo es igualdad , expresa Malala. La búsqueda de la igualdad, insistieron ambas, es una lucha por la igualdad de derechos y oportunidades de hombres y mujeres, en la que ambos debemos participar.

Reinvindicar el feminismo como postura personal y plataforma de acción en un mundo en que algunos avances hacia la igualdad de género han llevado a creer que eso ya pasó , como si fuera una moda, es todavía para muchas jóvenes una decisión complicada . Algunas se sienten y saben feministas pero piensan que no necesitan decirlo; otras no se identifican con el feminismo de generaciones anteriores; otras más dudan, como Malala, en declararse feministas para evitar críticas o discusiones inútiles; otras temen alinearse.

Asumir una posición con una historia y una pluralidad tan intensas como las del feminismo resulta difícil, no sólo porque vivimos en un mundo que prefiere las medias tintas, sino también porque la igualdad misma resulta incómoda . ¿Cómo explicar, si no, que cuando se habla de desigualdad de género no falte quien se deslinde enseguida del feminismo radical , ese fantasma? ¿O que quien no se ríe de chistes machistas sea tachada de puritana ? ¿O que se despida a quien no tolera o denuncia el acoso sexual en el trabajo? ¿ O por qué, si se propone que a la Suprema Corte lleguen no una sino dos o más mujeres, algunos insisten en que primero debe tener méritos ? ¿Acaso demandar igualdad de derechos y oportunidades y respeto hacia las niñas y mujeres es excesivo ?

Más allá de variantes y matices, al feminismo en México le debemos la reivindicación del derecho de niñas y mujeres a la educación y a las profesiones, a un salario igual por un trabajo igual, la obtención del derecho al sufragio, la defensa del derecho al cuerpo, las luchas contra la violencia machista, y la demanda de paridad en los cargos públicos, todos avances indispensables para el ejercicio de la ciudadanía plena. Declararse y, sobre todo, ser feminista, es reconocer una valiosa historia; transgresiva, sí, en beneficio de muchas.

A los movimientos de mujeres en México y en el mundo, a los estudios feministas y de género, les debemos también la desnaturalización de mandatos y roles de género que mutilan a las mujeres y que, si bien les otorgan privilegios, constriñen también a los hombres. Como menciona Watson, luchar por la igualdad no es sólo liberar a las mujeres de limitaciones sociales, culturales y económicas, es así mismo defender el derecho de niños y jóvenes a crecer sin la prohibición de llorar o de expresar sus sentimientos, sin el temor al fracaso que orilla a muchos al suicidio. La igualdad de género supone sin duda el fin de los privilegios masculinos, la clausura del club de Toby. Abre también la posibilidad de romper con la imposición de un modelo hegemónico de masculinidad agresiva y (auto)destructiva. En este sentido, la campaña He for She y el Fondo Malala invitan a hombres y mujeres a solidarizarse por un mundo más justo y más habitable.