Este domingo, en el marco del segundo día de actividades de la edición 34 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL Guadalajara), de manera virtual se llevó a cabo la apertura del Salón Literario Carlos Fuentes, una de las actividades más emblemáticas de la FIL, y con ella la entrega de la Medalla Carlos Fuentes al narrador, periodista, ensayista y guionista cubano Leonardo Padura, considerado como una de las grandes plumas del continente.

Para encabezar esta ceremonia protocolaria, estuvieron presentes la periodista Silvia Lemus, viuda de Fuentes, y el presidente de la FIL Guadalajara, Raúl Padilla López, además del escritor homenajeado, autor de obras como “El hombre que amaba a los perros” (2009), “Vientos de cuaresma” (1994), “Máscaras” (2005), “Paisaje de otoño” (1998) y “Herejes” (2013).

“Su creatividad, agudeza e ingenio narrativo lo han hecho merecedor de reconocimientos como el Premio Princesa de Asturias de las Letras, el Premio Raymond Chandler y la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Un creador de excepcionales obras policíacas por las que ha cosechado un reconocimiento internacional, una mente precisa y crítica a la sociedad en la que vivimos; un verdadero analista de concretas realidades que traduce y vierte a través de sus letras; un hombre que quisiera ser Paul Auster, pero que, para fortuna nuestra, es Leonardo Padura”, dijo Padilla López.

Por su parte, Padura, a través de un video pregrabado desde La Habana, emitió su mensaje de recepción:

“Hemos atravesado un año terrible. Quizás el más extraño que nos ha tocado vivir a los que ahora habitamos la Tierra. La pandemia ha sido devastadora. Más de 40 millones de infectados, millón y medio de muertos, incontables cantidades de personas empobrecidas. Es como si una maldición nos hubiera marcado y entonces la locura se ha desatado, aunque en algunos momentos la sensatez se ha impuesto”, opinó.

Felicitó a la FIL por la obtención del Premio Princesa de Asturias en Comunicación y Humanidades 2020 y destacó a esta como uno de los encuentros literarios más importantes del mundo.

La historia se replica

Acto seguido, Leonardo Padura leyó el texto “La novela en el espejo de la historia”, en el que evocó al poeta cubano José María Heredia, sobre quien escribió la novela “La historia de mi vida” y a propósito del cual habló en esta ocasión sobre el sentimiento de pertenencia cubana a pesar del exilio y de los sinsabores políticos de su nación. Asimismo, hizo referencia sobre la verdad histórica y el compromiso del escritor con la verosimilitud.

“¿La verdad está documentada? ¿Los documentos históricos dicen siempre la verdad?”, cuestionó. “Los periódicos de hace 100 años fueron menos tendenciosos que los de hoy, estos tiempos de fake news declaradas y descaradas. Y esa verdad posible, termino por preguntarme, ¿cuánto sufre al ser recogida, asumida y procesada por el historiador? El asunto de la relación entre verdad, verdad histórica y verdad historiada es uno de los más complejos a los que podamos asomarnos los interesados en el tema; sin embargo, y por suerte, para el novelista que trabaja con la historia, la cuestión es mucho más simple, aunque no menos profunda en su dimensión ética”, refirió.

De igual manera, abordó la figura del líder comunista León Trotsky, asesinado en México en 1940, y habló sobre la URSS, cuyas “verdades históricas”, escritas antes y después de 1989 distan mucho entre sí. Lo mismo hizo sobre el comunista Ramón Mercader, asesino de Trotsky, quien falleciera en Cuba en la segunda mitad de la década de los 70. De este contexto escribió la novela “El hombre que amaba a los perros”, “una narración en la que toda la perspectiva del proceso histórico está vista desde Cuba y a través de los ojos de un personaje cubano de mi generación, un personaje real y presente que podría haber sido yo, con mi relación con la historia a cuestas”.

Se pronunció sobre la libertad de pensamiento, pero regulada por un contrato social que en forma de Derechos Humanos se ha convertido en una de las discusiones centrales de las sociedades modernas. De esta reflexión, dijo, nació la novela “Herejes”, sobre la búsqueda de la libertad individual en una sociedad como la cubana contemporánea.

“Si la Historia puede colocarnos ante un espejo y permitirnos ver nuestro presente desde el pasado, si nos advierte que su peso puede llegar hasta nuestras vidas presentes y cotidianas, si incluso nos demuestra que somos seres históricos, pero a la vez, como humanos en nuestras actitudes estamos por encima de la historia, también es posible reflexionar sobre la permanencia de la historia y sus manifestaciones a través del tiempo”. De esta reflexión, su obra “La transparencia del tiempo”.

Por último, dijo: “Los hombres, a través de la larga crónica de la civilización, somos más o menos los mismos y por tanto somos igual de ignorantes, lo mismo cuando gracias a nuestra inteligencia creamos los primeros alfabetos y los primeros dioses, que cuando patentamos el último modelo de un artilugio digital y compartimos una foto en las redes sociales, porque cometemos los mismos errores y los mismos horrores, adecuados, por supuesto, al momento histórico. Tropezamos siempre, una y otra vez, con la misma piedra y ni siquiera somos capaces de quitar la piedra o de cortarnos el pie. Eso nos lo grita la historia una y otra vez. Lo cual demuestra que no aprendemos nada, a pesar de los esfuerzos de la historia por mostrarnos los caminos equivocados que hemos transitado, a pesar de que leamos e incluso algunos hasta escribamos novelas pretendidamente históricas”.

De esta manera, Leonardo Padura, quien, por cierto, tiene a Fuentes como segundo apellido, se une a la pléyade de laureados de Jonathan Franzen, David Grossman, Mario Vargas Llosa, Nélida Piñón, Sergio Ramírez, Salman Rushdie, Norman Manea, Paul Auster, Ohan Pamuk y Luisa Valenzuela.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx