“La identidad impacta positivamente en la vida de las personas y es determinante en su crecimiento, muchos de nosotros no estamos sensibilizados en lo que puede significar para una persona la verificación”, asegura Humberto López Gallegos, presidente de la Asociación Mexicana de Biometría e Identidad (AMBI).

En los últimos 70 años se ha triplicado el uso de la tecnología, en contraste, alrededor de 1,000 millones de personas en el mundo carecen de elementos que le permitan acreditar su identidad. De acuerdo con cifras del Banco Mundial, alrededor de 5% de las poblaciones en América Latina carece de una identificación; para México esto representa 3% (3.7 millones de personas), pero las cifras de otros estudios indican que esta cifra asciende a más de 10 millones.

Durante muchos años, hemos estado acostumbrados a validar la identidad a través de cosas que tenemos (como documentos), pero lo que nos hace únicos son nuestras características físicas (iris o huella digital). ¿Cómo lograr que la biometría se integre a soluciones reales y efectivas para las personas en el día a día?

Para ello, la AMBI realizó el primer foro denominado Biometría e Identidad, Hacia Dónde Vamos. Desde el auditorio El Economista como sede, se revisaron modelos de las mejores prácticas en el sector bancario o empresarial, además de los retos en el sector de la medicina, con los trasplantes de extremidades superiores o, en el futuro cercano, de rostro.

Los cambios acelerados jalados por la tecnología han representado numerosas oportunidades de todo tipo en 20 años, aseguró López Gallegos. El mercado en 1998 era de 12 millones de dólares, en la actualidad es de 33,000 millones de dólares y potencialmente se va a duplicar en el 2024 con una tasa de crecimiento de 14.6 por ciento.

“Pero los objetivos no cambian”, agrega el especialista, “acceso justo, más competitivo, seguro, que facilite la vida de las personas y maximice la inversión”. Aunque esto parece sencillo, e identificable en tres pasos: validar que una persona sea quien dice ser, crear una credencial y autenticarlo, y tener un sistema que garantice que haya unicidad, en realidad la industria de la biometría se enfrenta a condiciones que van más allá de la tecnología de reconocimiento, como concienciar, pues se desconoce el potencial de la tecnología, hacer más con menos, garantizar la seguridad, la velocidad, la calidad y el servicio.

Esto supone también un reto ético, legal, judicial, de logística, social y científico. Al respecto, Laura Montes Bracchini, vicepresidenta de AMBI, dijo que muchas veces los cambios se hacen desde la sociedad civil, por ello requeríamos ya de un primer foro que discutiera todos estos dilemas, “debe haber una conciliación de intereses y eso es lo que estamos buscando, que haya un equilibrio y podamos movernos en conjunto. Filialmente todos queremos llegar a lo mismo, ser personas incluidas en la sociedad y para hacer uso de cualquier servicio que el gobierno o empresas privadas nos tenga que brindar”.

Agregó que para ello la comunidad de biometría en el país está realizando protocolos y avanzando en el sentido de que no sea nada más un solo dato biométrico el que nos pueda identificar, sino que pueda haber cierta conjugación de datos que nos puedan hacer mucho más identificables.

“Hoy la población no necesariamente puede tener un solo biométrico de manera uniforme, desde luego se tienen que buscar otras alternativas, para que nuestra identificación sea integral y segura”.

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