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La extorsión apuñala y desangra al país

OpiniónEl Economista

De los muchos problemas que tiene México el delito de extorsión es de los más graves, que atenta contra nuestro patrimonio, nuestra familia y nuestro deseo de superación y progreso. Es un delito que aumentó hasta llegar a niveles inimaginables e influir en la vida comunitaria y económica del país.

Ante el problema, se reformó la Constitución para dar facultades al Congreso de legislar en la materia; posteriormente, noviembre de 2025, se expidió la Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar los Delitos en Materia de Extorsión.

Debe admitirse que dicha ley tiene aspectos positivos: unifica la definición del delito para todo el país, homologa penas, permite mejor coordinación entre las autoridades encargadas de su persecución. Un avance significativo es que al cometerse el delito, las autoridades pueden iniciar la investigación aún cuando el afectado no presente denuncia y así reducir la impunidad derivada del temor de las víctimas. Establece una Estrategia Nacional para Prevenir y Combatir el Delito de Extorsión, con el objetivo de: disuadir oportunamente la comisión del delito de extorsión mediante la implementación de campañas permanentes de información y prevención dirigidas a la ciudadanía; identificar, visibilizar y reducir los factores de riesgo que favorecen la extorsión; generar información de valor sobre patrones de operación, para su aprovechamiento de las unidades encargadas de investigar y perseguir el delito; definir metas, líneas de acción y plazos cuantificables para el seguimiento y evaluación que permitan medir su eficacia y los resultados alcanzados.

Se trata de un delito que afecta directamente la vida cotidiana de comerciantes, transportistas, agricultores, emprendedores o empresarios, de todo aquel que participa en una actividad económica. No sólo genera pérdidas económicas, también provoca cierre de negocios, desplazamiento de familias y control territorial por parte de los grupos criminales.

En delitos como el narcotráfico, el grupo criminal que lo realiza puede traficar con los estupefacientes en una región sin controlar completamente la vida económica de la población; en el caso del homicidio puede ser lo más violento que uno se imagine, con disputas y enfrentamientos pero sin dominio permanente en la población. No es así en el delito de extorsión. Para el “cobro de piso” quien lo realiza requiere saber quién tiene un negocio, cuánto vende, identifica a clientes y proveedores, vigila el cumplimiento de los pagos y castiga a quien se niega a pagar. Los especialistas señalan que éste delito refleja un nivel de control total que no se presenta en otros casos.

Vemos cómo la organización delictiva se convierte en una “autoridad paralela” llegando a intervenir en mercados públicos, en centrales de abasto, en rutas de transporte de pasajeros o de mercancías, en la producción agrícola, en la distribución de alimentos, en la construcción o venta de materiales. Todo ello a la vista de la autoridad formal.

Ante la tributación forzada, el grupo criminal no sólo obtiene dinero, sino que empieza a regular quién puede producir, vender, transportar o trabajar en un lugar determinado. Demuestra más eficacia que cualquier autoridad de algún nivel de gobierno. Así, la extorsión se convierte para el gobierno y la sociedad en un problema de seguridad nacional y desarrollo económico para el país.

Lo peor que se deriva de la extorsión es la amenaza de infiltrarse en otras esferas de la vida nacional. Niños y jóvenes ven de manera cotidiana cómo mediante la extorsión se quieren imponer conductas o alegar derechos: unas cuantas personas pueden cerrar avenidas o clausurar edificios públicos, tomar casetas de peaje si no se les atiende. Lo más grotesco lo vimos hace una semana cuando “maestros” cerraron calles hasta que no se cumpliera con sus demandas, luego nos enteramos por los medios de comunicación que obtuvieron miles de millones de pesos a cambio de retornar a sus estados de origen. El gobierno se limitó a negar esa extorsión sufrida y pasó a otra página.

La extorsión es una puñalada clavada al país y lo desangra lentamente a lo largo y ancho del territorio.

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