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Opinión

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Magnates populistas

Lo que resulta sorprendente para todos es que Trump haya sido presidente del país más poderoso del mundo. Estados Unidos tiene una democracia liberal, economía de mercado y una gran importancia económica global. Trump quiere otra vez ejercer el poder presidencial sin que nada socialmente haya realizado durante su pasado mandato.

Silvio Berlusconi, que acaba de morir, fue tres veces Primer Ministro de Italia. Propietario de la televisión privada, vínculos con la mafia, espionaje, escándalos sexuales y la creación de una larga crisis económica por excesos de deuda. Fue el primero de los magnates populistas que llegó al poder. Después Trump, que ahora está procesado por 37 cargos, quedando libre. En sus aspiraciones de reelección no tiene contrincantes dentro de su partido. El que le sigue en preferencias está a 40 puntos abajo.

Lo que resulta sorprendente para todos es que Trump haya sido presidente del país más poderoso del mundo. Estados Unidos tiene una democracia liberal, economía de mercado y una gran importancia económica global. Trump quiere otra vez ejercer el poder presidencial sin que nada socialmente haya realizado durante su pasado mandato. Su característica más nefasta es su intolerancia racial, privilegiando la "blanquitud". Por el carácter también racista de una parte de la población norteamericana fomentada por las élites regionales, más de 70 millones de personas votaron por Trump en las elecciones que lo llevaron a la presidencia.

Trump y los republicanos que lo apoyan sostienen esencialmente los privilegios de las élites del poder y una política antiinmigrante, lo que es paradójico en un país que se formó de migraciones, mezcla de razas que buscan trabajo para sobrevivir y un destino resultado de circunstancias.

La problemática formal del rechazo a la inmigración es que los dos partidos la sostienen, más tolerante por parte de los demócratas y más intransigente por parte de los republicanos. El Congreso de Estados Unidos, que es donde se resuelven los intereses del poder, ha mantenido una posición ambigua, a pesar de que los inmigrantes constituyen la mano de obra más barata y la requieren los empresarios, especialmente agroindustriales. Pero también los presidentes han mantenido una posición indefinida o de plano negativa. Obama, un expresidente negro, demócrata, fue el rey de las deportaciones.

La lectura que ofrecen estos acontecimientos es que el populismo se ha convertido en un parásito de la democracia, vive en sus entrañas, la erosiona desde adentro utilizando como pretexto las deficiencias del sistema, que son muchas, pero el populismo no las corrige, sino que adopta posiciones distorsionantes y destructivas, que por su simpleza gusta al electorado.

El liberalismo tuvo un giro histórico de dimensiones fuertes con la socialdemocracia del New Deal de Franklin Delano Roosevelt y la construcción de los Estados de Bienestar de Europa Occidental. A partir de 1980 se dio un giro neoliberal hacia las desregulaciones, privatizaciones, lejos de lo que ofrecían los Estados de Bienestar. El liberalismo entró en crisis.

Para revertir las tendencias populistas no solo amenazantes en los países industrializados, sino también en los países en desarrollo, será necesario que las clases políticas retomen la defensa de los derechos humanos, el Estado de Derecho, el gobierno limitado, las libertades de expresión e investigación, que son indispensables como sistema.

smota@eleconomista.com.mx

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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